Protestas por tala de árbol de caucho

Los samarios se manifestaron a través de redes sociales para evitar que los constructores de un centro comercial corten la planta.

Árbol de caucho ubicado en el centro de Santa Marta. / Fotos tomadas de Facebook

Un árbol de caucho del centro de Santa Marta, Magdalena, se convirtió en símbolo del desarrollo sostenible que los samarios quieren ver en la ciudad. Con la intención de evitar su tala para la construcción del centro comercial Gran Bazar Santa Marta, un grupo de ciudadanos tomó la iniciativa de comenzar la campaña Salvemos el Árbol de Caucho.

Todo comenzó el 28 de enero, cuando José Barros, quien lidera la campaña, pasaba por el antiguo Instituto de Cultura del Magdalena, ahora sede del centro comercial. Preguntó por el futuro del árbol y le informaron que el Dadma (Departamento Administrativo Distrital del Medio Ambiente) había otorgado el permiso para talarlo a los solicitantes, Miguel Solano Dávila y el Grupo Fernández y Asociados, corporación venezolana de construcción e inmobiliaria. Barros convocó entonces a los ciudadanos, quienes se sumaron a la causa compartiendo mensajes y fotografías en las redes sociales con la etiqueta #salvemoselarboldecaucho.

La voz se regó por las universidades, la prensa local y la calle, donde se han recogido firmas de los transeúntes que se preguntan por qué quieren talar el árbol para reemplazarlo por más concreto.

Los manifestantes dicen que ser ambientalista no significa estar en contra del desarrollo económico, que no se pretende detener la construcción, y aclaran que su petición se basa en la integración del árbol al diseño del predio, rodeándolo con un parque o conservándolo en el interior de la edificación.

Representantes del centro comercial y de la campaña para salvar el árbol se reunieron el miércoles 5 de febrero y acordaron que el lunes 10 la constructora respondería a la petición de los ciudadanos de reconsiderar el diseño del centro comercial y la tala del árbol de caucho, pero el viernes 7, sin previo aviso, se comenzó a levantar una pared que cerraría el predio.

Las redes sociales estallaron con fotos del encerramiento del caucho, seguidas por la imagen de una protestante que se encadenó a uno de los soportes de la pared deteniendo el levantamiento de la barrera. Desde ese momento se ha mantenido una sigilosa vigilia que llevó a Barros a guindar su hamaca en el árbol, donde ha dormido la última semana. “La pared está ahí para alejarnos del árbol (...) de esa forma no podemos tomar ninguna acción en caso de que quisieran cortarlo o envenenarlo”.

En la última reunión, el jueves 13, el Dadma propuso llevar a cabo otro estudio ambiental, realizado por una empresa privada. El costo sería dividido entre el Dadma y la ciudadanía. El posible traslado del árbol “con empresa de Bogotá”, o la compensación de la tala “con 250 árboles más de los (150 árboles) exigidos”, los cuales tendrían que mantener “por un término no menor a dos años”.

Además presentaron un informe de la Universidad Antonio Nariño de Bogotá llamado Cinco árboles urbanos que causan daños severos en las ciudades, según el cual el caucho, o Ficus elastica, tiene un “sistema radicular... muy agresivo por lo que afecta obras civiles y arquitectónicas”. El texto recomienda que el caucho no se siembre en antejardines o cerca de las calles porque “destruye los andenes”.

Los defensores del árbol también llegaron preparados, conscientes de que, antes de otorgar el permiso de tala, el Dadma hizo un estudio a los árboles en la propiedad. La petición de tala se basó en que, según el solicitante, el árbol de caucho “viene causando grave perjuicio con sus raíces a las redes sanitarias, al alcantarillado, y está produciendo levantamiento del concreto del predio vecino”, pero el reporte afirma que “no se encontraron evidencias de que este árbol estuviera ocasionando este daño”, concluyendo que seis de los siete árboles que se pretenden talar están saludables y ninguno de ellos está “ocasionando daño al pavimento, redes eléctricas o tuberías” pero están “interfiriendo con esta nueva obra privada”.

Dos arquitectos, Gustavo Castillo, ciudadano mexicano, y Alejandro Arismendi, de Medellín, crearon la nueva propuesta, la cual aquél asegura que “puede lograr un balance entre dejar el árbol y cumplir los objetivos comerciales de los inversionistas”. También exigieron que el Dadma se manifestara sobre “la solicitud provisional de suspensión del acto”, presentada el 12 de febrero y que podría, como mínimo, detener la tala hasta que se estudie la petición a fondo.

En dicha reunión se acordó una nueva cita para hoy. También, que se completara “el cerramiento del predio y su desalojo”, bajo la condición de que Barros pudiera permanecer y dormir en el árbol hasta la siguiente reunión. La constructora dijo que no talará el árbol hasta que se llegue a un acuerdo.

Mientras tanto, en la acera, bajo el árbol, los niños gritan en coro: “¡No corten el árbol de caucho! ¡Que viva el árbol! ¡Que viva!”.

 

 

 

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