“Que no se excuse en los celos, esto es un feminicidio”: tía de víctima en Medellín

Luis González Bello asesinó a su pareja, Celia González Pinzón, en su casa. Luisa Pinzón pide que el confeso asesino no se exculpe revictimizando a su sobrina.

Luisa Pinzón sostiene la foto de su sobrina, Celia González. / Gustavo Torrijos

Celia Macrina González Pinzón fue asesinada la noche del 24 de marzo en su casa en Medellín, en presencia de sus amigos y a manos de quien había sido su compañero sentimental durante casi dos años. Ese día, sin mediar palabra, Luis Domingo González Bello la tomó del brazo y le dijo que hablaran en una habitación de su residencia, pues en la sala estaban departiendo varios de sus allegados. El hombre le subió el volumen a la música, la apuñaló ocho veces, salió de la habitación y confesó sin arrepentimiento que había matado a su pareja.

Horas después, González Bello se presentó ante las autoridades reconociendo el feminicidio e intentó en vano justificar el crimen, pues aseguró que le molestó “una videollamada que sostuvo la mujer con un amigo”. Aunque ante un juez el sujeto reconoció ser culpable del delito de feminicidio agravado, su familia pide ahora que la sociedad sea consciente de que los “celos” no justifican ningún asesinato y que este es un caso de violencia motivada por prejuicios machistas, no de celotipia, como lo quiso presentar el victimario.

Celia González nació hace 33 años en el corregimiento de La Caña, en Córdoba. Su mamá, Isabel Pinzón, tuvo que sortear la escasez y la violencia armada que se apoderaron de la zona durante décadas y, años después, se trasladó a Arboletes (Antioquia) con la ilusión de que sus cinco hijos tuvieran un futuro más próspero o, al menos, vislumbraran la posibilidad de estudiar una carrera profesional. Allí, Celia Macrina ayudó a su mamá vendiendo comida a orillas de la playa y sobrevivió a un intento de abuso sexual. Antes de cumplir 18 años se mudó a Medellín, donde trabajó como empleada doméstica y en oficios varios. Soñaba con tener hijos, pero nunca los tuvo.

Su mamá, Isabel Pinzón, recuerda que su hija nació un Viernes Santo y que esta Semana Santa Celia había prometido viajar a Arboletes para acompañarla, pues la diabetes y artrosis la afligen cada vez más. “Mi hija me hace mucha falta, me llamaba todos los días para saber cómo estaba. Nunca imaginamos que esto pasaría, ella vivió un tiempo con Luis y vinieron juntos a mi casa en diciembre, pero él nos engañó porque creímos que cuidaría bien de ella”, afirma Isabel Pinzón desde su casa en Arboletes.

El confeso victimario tiene antecedentes judiciales por porte ilegal de armas. Y, aunque aceptó el feminicidio de Celia González, dijo a las autoridades que la mujer lo atacó con un cuchillo y que por eso él se defendió. “¿Se defendió dándole ocho puñaladas? ¿Por qué cuando la asesinó salió como si nada de la habitación? ¿Por qué no denunció?”, se pregunta su tía, Luisa Pinzón. “El imaginario machista se instaura en la mente de los hombres y de las mujeres. Se cree falsamente que “como él me quiere, me cela y me controla”. Quiero que el caso de Celia se conozca porque son muchas las mujeres que han muerto de la misma manera, injustificadamente. Se exacerba la violencia”, agrega Pinzón.

Durante el mes de marzo, el Observatorio Feminicidios Colombia identificó seis feminicidios en el Valle de Aburrá, tres de ellos en Medellín, dos en Bello y uno en Sabaneta. Respecto al caso de Celia, la organización llamó la atención de que el hecho ocurrió en el interior de la vivienda de la víctima y a manos del compañero sentimental. Estas características, de acuerdo con el Observatorio, “reafirman que este lugar y estos sujetos feminicidas continúan siendo el mayor riesgo para la vida de las mujeres”.

La organización explicó, además, que este crimen está relacionado con el sentimiento de pérdida de poder del victimario sobre la vida y el cuerpo de la mujer. Así justificó sus actos, “basándose en la infidelidad y las discusiones constantes”. Este tipo de casos evidencian que el feminicidio intenta recuperar el “poder sobre las mujeres, un poder que se refleja en la capacidad de elegir la forma y lugar de la muerte de la mujer que consideraban su propiedad”, concluyó el Observatorio Feminicidios Colombia.

El año pasado, en el marco de la primera audiencia defensorial sobre discriminación y violencias por razones de género, la Fiscalía anunció que la primera hipótesis de investigación para casos de asesinato de mujeres sería la de feminicidio. Sin embargo, el Observatorio criticó que en varios casos que se avizoran como feminicidios por las circunstancias de tiempo, modo y lugar, el ente acusador adelantó la investigación como homicidio agravado. A diferencia de este, en el feminicidio se comete por alguien que cree tener poder sobre las mujeres, que las discrimina y que las cree seres inferiores. Por eso el castigo es más severo: hasta 50 años de cárcel y sin posibilidad de preacuerdo con la Fiscalía ni rebaja de penas por aceptación de cargos.

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redacción Nacional

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