Radio indígena del Cauca, oprimida

Nasa Estéreo, la emisora comunitaria indígena que informa a Toribío, Cauca, ha sufrido amenazas, señalamientos y atentados. Salió temporalmente del aire en 2012.

La emisora Radio Pa’ Yumat, en Cauca, ha tenido que enfrentar múltiples amenazas. / Mariana Escobar
La emisora Radio Pa’ Yumat, en Cauca, ha tenido que enfrentar múltiples amenazas. / Mariana Escobar

Sus miembros sentían el peligro cada vez que las Farc y la Fuerza Pública se enfrentaban en la estación de Policía, a sólo unos metros de las instalaciones del medio de comunicación.

No querían revivir un episodio como el del 9 de julio de 2011, cuando una chiva bomba explotó en la plaza del municipio, en pleno sábado de mercado y muy cerca de la emisora, dejando a ésta sin equipos, a dos periodistas heridos y a un pueblo consternado. Peor aún, el año pasado la estación de radio recibió tres panfletos, presuntamente de grupos de autodefensas, en los que les pedían silencio respecto a temas como el reclutamiento infantil.

Con la pesadilla de hace dos años y con hostigamientos frecuentes, Nasa Estéreo volvió al aire hace poco. Sin embargo, las condiciones para que las diez radios indígenas del Cauca hagan uso de sus medios son difíciles. Según el defensor del Pueblo de Cauca, Víctor Meléndez, en el departamento hay más de diez grupos que corresponden a las Farc, cuatro estructuras del Eln y tres grupos vinculados a paramilitares.

“Este panorama hace que el ejercicio del periodismo esté afectado más que en cualquier otro departamento y, pese a que la legislación contempla la libertad de expresión, en realidad se asiste a situaciones donde el conflicto condiciona, las fuentes imponen los lenguajes y se dan una serie de figuras para el control de la información”, dice un informe de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) sobre Cauca. Al respecto, David González, exfuncionario del área de Protección y Monitoreo de la misma organización, afirma que tener la doble condición de periodistas y de indígenas aumenta el riesgo para quienes sacan adelante las radios del Cauca, sumado a la autocensura a la que se someten .

Es el caso de Radio Pa’ Yumat, una emisora en el municipio de Santander de Quilichao que da a conocer las acciones del pueblo nasa y denuncia los abusos de los grupos armados en su territorio. Si bien este año las presiones han sido menores, Dora Muñoz, la directora, cuenta su historial de amenazas y ataques: en 2008, la guerrilla destruyó sus equipos de transmisión y tuvieron que salir del aire por ocho meses. Luego, en 2010, en zona rural de Caloto fue asesinado Rodolfo Maya, uno de sus periodistas. Constantemente, el Ejército y las Farc utilizan la parte del cerro en donde están las antenas de la emisora para acampar y dirigir ataques, lo que también afecta las transmisiones.

En 2011 recibieron un panfleto firmado por el bloque central de las Auc, en el que la emisora fue declarada “objetivo militar permanente”, y recientemente el periodista Abel Coicué, luego de hacer denuncias sobre quienes, al parecer, asesinaron a su hija de siete años, recibió amenazas en las que le piden que deje el territorio. “Rechazar la presencia de los grupos armados nos pone en el ojo del huracán. Somos la piedra en el zapato también para el gobierno, porque nosotros denunciamos cómo vulneran nuestros derechos humanos. Por eso nos señalan, nos difaman y nos dicen que tenemos alianzas con los armados”, afirma Nancy Guerrero, coordinadora de la emisora.

El defensor del Pueblo del departamento denuncia que, como los indígenas difunden mensajes en su propia lengua y los grupos armados no pueden controlarlos, se generan conflictos y se obliga a las comunidades a hablar en español. “Sin duda, estos medios necesitan una mayor protección y un mayor acompañamiento por parte del Estado. Ellos prestan un gran apoyo en las regiones donde no hay cobertura de otras emisores”, agrega.

María Pía Matta, presidenta de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, hizo una visita a las radios indígenas de Cauca en 2010 y las condiciones de estas emisoras le parecieron pavorosas. “La pregunta que yo me hacía era ¿cuántas víctimas más tienen que morir para que los dirigentes entiendan que las radios comunitarias son vehículos para la reivindicación democrática? Yo le digo al gobierno: Preocuparse por las radios indígenas es preocuparse por el futuro de toda la humanidad. Ellos tienen una cultura que nosotros ya les quitamos hace 500 años, devolvámosles algo de eso”, concluyó.