La relación de las esposas de los Cano con El Espectador

En la edición dominical de 22 de marzo de 1987, cuando El Espectador cumplía 100 años María Antonieta de Cano, hermana de Ana María Busquets y esposa de Alfonso Cano escribió este texto.

Ojeando y hojeando
 
Ella ha estado allí
 
Mientras trabajaba o huía, si disfrutaba de su libertad o padecía de su prisión, en los momentos de alegría o en las épocas de angustia y dolor, ella siempre estuvo allí. Su permanencia en el hogar y el valor silencioso con el que lo sostenía, mientras daba apoyo a su esposo, fueron toda la fuerza de la tranquilidad que necesitaba don Fidel Cano para ser grande. Porque si bien es cierto que en un periódico, fundado hoy hace cien años, registró toda su lucha por un ideal de libertad para su país, no lo es menos que para lograrlo fuese esencial la actitud de una mujer valiente que permaneció a su lado para enriquecer su intimidad y estimular su esfuerzo. (Lea el texto de Guillermo Cano a su madre)
 
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En la vida corta y larga de El Espectador se refleja claramente todo el sentido de la calidad humana de la mujer que se entrega para engrandecer la labor del hombre y que entiende el significado de ese caminar acompasado y firme de la pareja. (Lea: Así era la vida de Luis Cano, tío de Guillermo Cano)
 
Cada una de las que han estado al lado de don Luis, como doña Luz de don Gabriel; si ella no escribió ni tomó parte ninguna en la elaboración del periódico sí se convirtió en la persona que recuerdan con cariño cuantos la conocieron, porque para todos tenía la palabra amable, no le era desconocido el nombre de nadie, se interesaba por la vida de los colaboradores de aquel entonces y le daba un grato sabor a la jornada cuando aparecían por allí las deliciosas empanadas del gusto antioqueño que ella le dio siempre a su vida y a su hogar.  (Lea: Gabriel Cano Villegas: untado de tinta)
 
Años más tarde, Gabriel Cano invitó a sus cuatro nueras a hacer pinitos periodísticos dentro de las páginas del hogar. A unas más que a otras picó el virus y por eso, bajo la guía siempre oportuna, se fue adquiriendo seguridad y se hizo un camino paralelo al de la vida del hogar, en el que El Espectador fue, es y será tema central, porque hay toda una legión joven que tiene también en él el centro de su vida. (Lea: El legado familiar de El Espectador)
 
A Ana María le correspondió el turno de ser pareja de su director, y si con Guillermo Cano compartió el diario acontecer de la vida del periódico eso no fue obstáculo para dar siempre a su casa el ambiente amable en el que él dejaba aparte todas sus tensiones. Fue esencialmente la mujer de hogar, sin que eso mermara en nada sino, al contrario, dignificara el sentido de la mujer periodista. 
 
Hoy que las nuevas generaciones entran a figurar con nuevas responsabilidades no es extraño prever un futuro con alguna mujer en la dirección, una mujer que así mismo tendrá las responsabilidades de un hogar y con su pareja. Una responsabilidad que no se puede eludir con mayor razón cuando hay testimonios tan grandes al mirar atrás, porque si El Espectador llega a sus cien años con la grandeza de los hombres que lo han dirigido, cada uno contó con una mujer que a su lado les ayudó a ser grandes.