Renacer de una sinfonía

En el municipio de Nocaima se vive y se respira la música. Su reconocida Banda Sinfónica, que estuvo a punto de desaparecer por falta de recursos, lucha por mantener una tradición musical.

Seis de los 50 niños que integran el semillero de la Banda Sinfónica del municipio de Nocaima, junto a su nuevo director, Óscar Duarte.  / Luis Ángel - El Espectador
Seis de los 50 niños que integran el semillero de la Banda Sinfónica del municipio de Nocaima, junto a su nuevo director, Óscar Duarte. / Luis Ángel - El Espectador

Hace un tiempo, entre las espigadas cañas paneleras que se mecen con el viento cálido de Nocaima, un municipio a 69 kilómetros de Bogotá, se podía escuchar el sonido de trompetas, saxofones, tubas, flautas y clarinetes. Eran las melodías interpretadas por niños y jóvenes integrantes de la Banda Sinfónica, que desde hace más de una década alentaba al pueblo al compás de la música.

“Ensayábamos en las instalaciones de la Casa de la Cultura, ubicada en la cima de una colina, donde todo el pueblo podía escucharnos tocar. Era un punto mágico y estratégico porque incluso los campesinos que viven en veredas a media hora de aquí podían disfrutar de la música y después los oía uno tarareando canciones de repertorio clásico”, dice el maestro Jesús Orielso Santiago, director de la banda hasta este año, convencido del talento musical de los que nacen allí.

Cuentan algunos habitantes que en Nocaima la tradición musical se remonta a los años 20, cuando la administración municipal fundó la primera banda de música, que hasta la década de los 70 amenizó fiestas religiosas, honras fúnebres, grandes eventos sociales y fiestas patrias.

En 1998, el alcalde Luis Hernando Gaitán Fuentes, hijo del director de la banda Emiliano Gaitán Bohórquez, dio la noticia a los pobladores de la llegada de un gran número de instrumentos musicales. “Se hizo un evento anunciando la noticia y se invitó a la gente a hacer parte de la banda. Varios nos animamos y así se pudo conformar el grupo”, afirma Óscar Iván Duarte, que ahora estudia saxofón en el Conservatorio de la Universidad Nacional.

Desde entonces, la Banda Sinfónica de Nocaima cosechó triunfos y alegrías para este rincón dulce de Cundinamarca. Bajo la batuta de Jesús Orielso Santiago, que llegó a la dirección en 2005, ganó la mayoría de los concursos departamentales, recorrió parte del territorio colombiano participando en distintos encuentros nacionales y el año pasado fue la única banda en representación del continente americano en el Certamen Internacional de Bandas de Valencia, España.

“Cuando salíamos a algún concurso, sabíamos que íbamos a tener un gran recibimiento con una caravana de 50 carros esperándonos con pólvora para celebrar. Cuando necesitábamos fondos para gastos básicos, eran los padres de familia los que hacían pequeños bazares o piquetazos, rifas de mil pesos el número, donde se jugaba un pollo con papas”, recuerda el maestro. Los logros de la banda eran los logros del pueblo.

En un municipio que destina cerca de $40 millones anuales a la cultura, llevar a 50 personas a España fue toda una proeza. Para Santiago, la gestión fue la clave del éxito. “La anterior administración logró conseguir $200 millones para el viaje. Las dos últimas administraciones estaban convencidas del talento de los muchachos y siempre creyeron que apoyarlos era una inversión de educación, paz y convivencia”, comenta.

Sin embargo, a principios de este año la banda dejó de sonar, por falta de presupuesto y por desacuerdos administrativos. Según Diana Luna, exdirectora de las escuelas de formación de la Casa de la Cultura en Nocaima, la banda crecía cada vez más y en la medida en que se volvía más profesional necesitaba más recursos. “El proceso con los músicos exigía tener a tres personas más, la nómina mensual de la banda estaba en un promedio de $7 millones y la banda se volvió insostenible”, confirma Luna desde la Alcaldía.

Algunos de sus integrantes ingresaron con éxito a los programas de música de la Universidad Nacional, la Universidad Javeriana y a la Facultad de Artes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Otros se decidieron por distintos caminos académicos o buscaron empleo y unos pocos, los más pequeños, se quedaron en el pueblo a la espera de un nuevo proceso musical.

Hace menos de un mes, las inscripciones se volvieron a abrir y la música volvió a escucharse en el pueblo. Son sonidos dulces y estrepitosos de niños que están aprendiendo a tocar los instrumentos de sus antecesores. Según Óscar Duarte, el nuevo director, hay alrededor de 50 niños y niñas entre los 5 y 12 años. En medio de la desazón que causó lo ocurrido con la banda anterior, Nocaima vuelve a tener un semillero de sueños y talento.