La Sabana crece y el agua desaparece

Mientras municipios como Chía aumentan urbanísticamente cerca de un 12% anual, la región no enfrentaba desde hace cinco años una sequía como la que vive ahora.

Panorámica de Cajicá. Con apenas 53 kilómetros cuadrados, el metro cuadrado en ese municipio se incrementó en 300% en los últimos 4 años. / Cortesía Gobernación de Cundinamarca

El año pasado, por estas fechas, los embalses de Sisga, Neusa, Tominé, Chuza, Hato y San Rafael casi alcanzaban su máximo nivel. Desde la semana pasada, en cambio, varios municipios como Útica, Villeta, Guaduas, Quebradanegra, Pulí y Apulo tuvieron que abastecerse de agua por medio de carrotanques: la Sabana no enfrentaba desde hace cinco años una crisis igual. La capacidad de los embalses de los que se abastecen tanto la región como los 8 millones de habitantes del Distrito se redujo casi a la mitad.

El director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), Alfred Ballesteros, sentenció que “hay un deterioro enorme en las cuencas que tiene que ver, en gran medida, con la falta de planificación urbanística de los municipios”. Lo paradójico es que, como lo explicó el propio Ballesteros, Cundinamarca no está enfrentando “un fenómeno climatológico extremo” que justifique la grave falta de agua en la Sabana. Su sentencia es al mismo tiempo una alerta o, si se quiere, un jalón de orejas para los alcaldes de Cundinamarca.

Según le explicó Ballesteros a este diario, una de las razones por las cuales algunos pueblos de la Sabana están creciendo sin medida desde hace 15 años y, por ende, se están enfrentando a problemas cada vez más graves de desabastecimiento hídrico, contaminación y movilidad, es que sus alcaldes nunca se han sentado a discutir cuáles son los modelos de desarrollo para sus municipios. “Nos hemos sentido huérfanos del gobierno nacional. La ley es tímida en coaccionar u obligar a los alcaldes a que piensen en el desarrollo sostenible”, agregó. 

Manjares para la construcción

Una de las razones por las cuales los pueblos de la Sabana resultan tan atractivos para los constructores y la industria es, además de la tranquilidad y el aire “más limpio” que se respiran en comparación con Bogotá, el precio al cual pagan el metro cuadrado. Cota, por ejemplo, lo vende a poco más de $600.000. Mientras en Bogotá construir una planta de 10.000 metros cuadrados cuesta $35.000 millones, en algún pueblo cercano ese mismo terreno cuesta unos $6.000 millones. Así lo explica el exalcalde de Cota, Luis Eduardo Castro.

Esa misma situación deviene en el enorme interés de la industria que pone sus ojos en los municipios vecinos de Bogotá: 19 de las 104 zonas francas del país se concentran, justamente, en Cundinamarca. Y mientras la secretaria de Competitividad y Desarrollo Económico del departamento, Nidya Corredor, celebra ese gran crecimiento, las entidades ambientales y de planeación distrital y departamental hacen cálculos para que no se siga construyendo sin medida, sobre todo sin tener en cuenta que se necesita un desarrollo ambiental sostenible.

Las leyes nacionales no ayudan

Aunque autoridades ambientales como la CAR tienen justamente la responsabilidad de intervenir en la estructura ecológica de los municipios y velar porque en la ejecución de sus Planes de Ordenamiento Territorial no se cuelen ‘micos’ que beneficien a los constructores y perjudiquen los recursos naturales, el director de esa corporación sostiene que han perdido autonomía. Decretos como el 1478 de 2013, aprobado por el Ministerio de Vivienda, “les dan más libertad a las constructoras y restringen las actuaciones de la CAR para evitar que la Sabana se llene de casas e industrias”, señala.

No obstante, la debilidad normativa a la que se refiere Ballesteros no es evidente sólo en la falta de control sobre los alcaldes municipales, sino en los decretos y resoluciones ambientales aprobados en los últimos años. Dichas decisiones han hecho mella en los debates recientes sobre la expansión de la Sabana y el futuro mismo de millones de personas que viven en el centro del país. Un ejemplo que ilustra esa situación es la realinderación que aprobó el Ministerio del Medio Ambiente hace apenas un par de meses para la Reserva Forestal Protectora Productora de la Cuenca Alta del Río Bogotá.

En esos nuevos límites, como lo mostró hace dos semanas El Espectador, se redujo el área de reserva de 245.147 a 94.161 hectáreas. La directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste, también ha encendido las alarmas: afirma que si los alcaldes no toman medidas urgentes sobre los planes de ordenamiento territorial en la región, no sólo se pondría en riesgo el agua, sino la economía del país: “La mayor parte del PIB de la Nación se produce en la Sabana y en Bogotá (cerca de un 35%) y, además, esa economía está basada en el recurso hídrico”.

En busca de soluciones

La discusión sobre qué hacer con el crecimiento desmedido de la Sabana ya se ha dado muchas veces. Se han buscado alternativas por medio de mesas de trabajo que articulan propuestas de la academia, secretarías de Planeación, organismos ambientales y la ciudadanía. Sin embargo, “todo ha quedado en palabra y letra muerta”, según el urbanista Fernando Cortés Larreamendy: “Lo más grave es que esa situación no sólo afecta a la Sabana, sino a Bogotá. Los municipios no tienen políticas de arborización ni están teniendo en cuenta la protección de cuencas y humedales”.

La Secretaría de Planeación de Bogotá, bajo la dirección de Gerardo Ardila, le manifestó a este diario la profunda preocupación del Distrito por la situación que vive la región y, aunque esa entidad no puede intervenir en los POT de cada municipio, dada su autonomía, expresó la voluntad de “concertar un POT con la región”. Por esa razón diseñaron un estudio técnico que saldrá a la luz en un par de meses y que busca plantear varios puntos de partida para entender las dinámicas, tendencias y proyecciones de la ocupación del suelo de la Sabana.

Es decir, lo que busca el estudio es evidenciar cuánto se puede construir en la Sabana y qué alternativas son necesarias para que el desarrollo urbano sea sostenible. Apartes de dicho documento fueron conocidos por este diario y explicados por quien lo diseñó y asesoró, César Ruiz. Las principales conclusiones allí dadas apuntan a una premisa que seguramente avivará el debate que vivió el año pasado Bogotá con la modificación del POT firmada por Gustavo Petro.

Ciudades compactas

No sólo lo advierte la Secretaría de Planeación del Distrito y lo ha defendido a ultranza el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. El experto de la ONU en urbanismo, Elkin Velásquez, señaló en una entrevista concedida a El Espectador que las ciudades fallaron porque se construyeron alrededor del uso del carro, por lo tanto el modelo que varias ciudades en el mundo están ejecutando y que ha sido aprobado por el Consejo de Gobierno de la ONU, conformado por 65 países, es el de ciudades compactas. Es decir, un diseño orientado a privilegiar distintos grupos sociales y a recuperar el espacio existente y revitalizarlo.

En términos generales, esa misma propuesta es la que plantea la Secretaría de Planeación de Bogotá. El informe técnico revela que, si bien la ocupación del suelo en la Sabana tiene una proyección a 30 años factible, con el suelo de hoy es posible optimizar esa ocupación sin necesidad de expandirse más y de habilitar nuevos suelos. El informe, que hace una proyección cada quince años del uso del suelo, muestra una tasa de crecimiento permanente de los municipios de la Sabana que es incluso superior a la de Bogotá.

Mientras la capital colombiana crecía 2,87% en 1995, la Sabana crecía 2,40%. Sin embargo, para 2010 y los años posteriores hasta hoy, las tasas de la Sabana fueron aumentando más que las de Bogotá: del 1,49% que creció el Distrito en 2010, la región creció 1,81. No obstante, hay que tener en cuenta la diametral proporción de población y suelo que hay entre Bogotá y la región, de modo que mientras ésta tiene cerca de dos millones y medio de habitantes, el Distrito tiene más de ocho millones.

Lo que dicen alcaldes y constructores

Buena parte de la responsabilidad por el crecimiento desordenado de la Sabana la tienen, además de los alcaldes municipales, los constructores. Algunos de los más polémicos y, a su vez, los que han adelantado los más importantes proyectos del país, como Pedro Gómez, le expresaron a El Espectador que el modelo de ciudades compactas es factible, siempre y cuando en los estratos medios y bajos que ocuparían los centros de las ciudades intervinieran estratos superiores para que pueda ser sostenible económicamente.

Entre tanto, Guillermo Varela, alcalde de Chía, uno de los municipios que más han crecido en los últimos años —cerca de un 12% anual—, asegura que su prioridad ha sido justamente la protección de las áreas de reserva. Varela fue enfático en afirmar que su administración, incluso, ha frenado proyectos que perjudican al municipio, como Ensenillos de Sindamanoy, adelantado por la constructora Pedro Gómez en una vereda del municipio.

El panorama, por ahora, no es muy alentador. La escasez de agua que vive la Sabana es apenas un indicio de la gravedad que puede enfrentar la región en años posteriores. “Sin medidas urgentes, en 20 años enfrentaremos un caos”, pronosticó Ardila.

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@ISAJUNCA