San Andrés y Providencia después del huracán

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El presidente Iván Duque recorrió este martes San Andrés y Providencia y aseguró que la prioridad será reconstruir viviendas, remover escombros y restablecer el servicio de agua tras el paso de Iota en la madrugada del lunes. Ayudas humanitarias ya comenzaron a llegar a las familias damnificadas y desde hoy comienzan labores para restablecer la energía.

No hubo tiempo para reaccionar, tampoco para prepararse. Apenas estaban comenzando a recuperarse de los coletazos del huracán Eta cuando el huracán Iota ya proyectaba su recorrido catastrófico. Y las dimensiones de la tragedia apenas comienzan a conocerse.

Los habitantes de San Andrés y Providencia vivieron el verdadero terror. Sin comunicaciones, atemorizados, evadiendo el sueño y encerrados en los baños. El servicio de electricidad en San Andrés se perdió en varias zonas desde la madrugada del pasado lunes y en sectores como San Luis, el Cove y Backers Hill, por ejemplo, los raizales siguen a oscuras. El mar rugía, postes cayeron, techos de láminas volaron. Los árboles cerca a las viviendas frágiles amenazaban con desplomarse. Fuertes olas erosionaron parte de la vía circunvalar y cubrieron la peatonal.

La llegada del huracán Iota (de categoría 5) al archipiélago de San Andrés y Providencia se demoró más de lo que creían los habitantes de la zona. Y los efectos de su visita aún se están descubriendo. “Nosotros esperábamos esa afectación el sábado, pero no llegó. El domingo comenzaron los vientos fuertes. En el sector donde resido la luz se fue a las 3 a.m. Otras personas llevan dos días sin el servicio. Al lado tenemos una cerca eléctrica destruida porque un árbol la derrumbó”, cuenta Andrea Luligo, quien vivió la calamidad junto a su madre, en el barrio la Loma.

Relata que las noticias sobre la devastación empezaron a llegar a cuentagotas, pues solo dos emisoras tenían señal: Radio Nacional y RCN Radio. “Al escuchar los testimonios me di cuenta de que mi situación no era tan mala. Cuando nos enteramos de que la categoría era la máxima, evidentemente, todos nos asustamos”, señala.

Por redes sociales también comenzaron a circular videos y fotografías que daban cuenta del desastre. “Se nos voló el techo de la casa; estamos en Morris Landing. Tengo a mi papá de la tercera edad y mi hijo de seis años; el celular sin batería”, manifestó Maribel Rodríguez.

El cuerpo de bomberos optó por sugerirles a los vecinos ayudarse mutuamente en caso de derrumbes, pues algunas vías bloqueadas impedían el paso de los camiones. “Tuve que salirme de la casa con mi hijo, porque nos iba a caer encima un palo de aguacate. Un grupo de voluntarios llegó y nos ayudó a cortarlo. Una cosa es contarlo y otra vivirlo”, dijo Dorly O’Neill, una isleña de Flowers Hill.

En las zonas urbanas hay cientos de familias damnificadas que se quedaron sin techo y perdieron sus enseres y pertenencias: “Tenemos el agua hasta el cuello, lo perdimos prácticamente todo. Muebles, televisores, ropa, mis documentos de la universidad, el computador. Cancelé el semestre por la pandemia y me quedé aquí a acompañar a mi papá enfermo”, narró Naomi Sánchez, residente del barrio School House.

Este martes, aprovechando el cese de las lluvias, algunos supermercados del centro de San Andrés comenzaron a ofrecer servicios. En la zona las afectaciones no fueron tan graves, pues gran parte de la infraestructura es de cemento. Muchos aprovechan las pocas tiendas de barrio para comprar provisiones, pues temen que las condiciones climáticas puedan volver a cambiar.

En Providencia, por su parte, la situación es más crítica. La isla permaneció incomunicada y durante varias horas nada se supo de la suerte de los cerca de 5.000 habitantes de la isla de 17 kilómetros cuadrados, ubicada a 93 kilómetros de San Andrés. De hecho, para moverse de un punto a otro, el recorrido en avioneta es de unos quince minutos y en catamarán de tres a cuatro horas, dependiendo del estado climático.

Las primeras imágenes que se conocieron tras el paso de Iota fueron de los sectores de Punta Rocosa y el Centro, donde el huracán acabó con supermercados, viviendas, vehículos e infraestructura turística. Las calles quedaron cubiertas de madera y escombros por todas partes.

Por lo menos el 98 % de la infraestructura de Providencia resultó afectada y el hospital municipal quedó sin techo. Ante la carencia de redes móviles, telefonía e internet, el personal técnico de la Armada Nacional intenta estabilizar la comunicación con las autoridades locales.

De Santa Catalina, la isla más pequeña, la información también ha sido escasa. Había sido evacuada antes de la llegada del huracán y las pérdidas son materiales.

El balance general de la situación en Providencia lo dio este martes en la tarde el presidente, Iván Duque, tras recorrer la zona y visitar San Andrés s para conocer el alcance de los estragos. “Quiero transmitirles un mensaje a los colombianos: la comunidad, los mecanismos de prevención, los espacios de albergue, los mecanismos de alerta llevaron a que la comunidad no tuviera una afectación sustancial en términos de pérdidas humanas. Tenemos la pérdida de dos personas en Santa Catalina, hay una persona que está desaparecida. Esta es la primera vez en la historia de nuestro país que un huracán categoría 5 nos toca, comparable con Katrina en Estados Unidos o con Andrew”, manifestó el jefe de Estado.

De acuerdo con Duque, el mayor reto en este momento es remover los escombros, acelerar la entrega de ayudas humanitarias, facilitar los mecanismos de protección, habilitar espacios familiares y empezar desde ya un proceso de reconstrucción. “Acá nos toca levantar de cero. Nuestra meta es tener un plan de choque de mucha velocidad. Por eso el trabajo tiene que ser supremamente rápido”, aseguró.

Según Yolanda González, directora del Ideam y quien estuvo en Providencia durante el huracán atendiendo el Puesto de Mando Unificado, se trató de un huracán histórico debido a la velocidad de desarrollo y el impacto considerable que tuvo. “El viernes a las 10 de la mañana era depresión, a las 7:00 de la noche ya era tormenta tropical; el sábado a las 10:00 de la mañana ya era categoría 1, a las 7:00 de la noche rápidamente pasó a categoría 2; el lunes a la 1 de la madrugada alcanzó categoría 3 y en menos de 40 minutos pasó a categoría 4. A las 4:00 de la mañana ya tenía condiciones de categoría 5. El ojo del huracán estuvo a 18 kilómetros de la isla de Providencia, estuvimos en el límite del ojo del huracán en las bandas inferiores. Por eso fue tan devastador este huracán, por la velocidad de evolución, de desarrollo. En mi experiencia, nunca antes visto”.

Sobre la posibilidad de que el país sea golpeado por los efectos de otra onda tropical que se está formando, González aseguró que está monitoreando la situación y que, en efecto, el fenómeno climático traerá lluvias en la región Caribe, La Guajira, Magdalena, Cesar, Atlántico y luego se moverá hacia el centro del país.

Por su parte, Eduardo González, director de la Unidad de Gestión de Riesgo, aseguró que las ayudas ya comenzaron a entregarse a las familias damnificadas y explicó que las 3.000 carpas que están disponibles serán entregadas a través del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo y con base en el censo que se está realizando, que también será el soporte para las entregas complementarias por parte del Gobierno. Las prioridades, insistió, son atender las necesidades en alimento, vivienda y agua. Luego las labores se concentrarán en la restitución de las líneas vitales y después en la reconstrucción de las viviendas. “Seis toneladas de agua van en camino a la isla de Providencia, una planta desalinizadora y motobombas para poder sacar el agua de unas partes que están inundadas”.

De acuerdo con el muestreo preliminar hecho en campo por el Gobierno, en Providencia el 100 % de las viviendas resultaron afectadas: 80 % con destrucción total y 20 % parcial. El ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, aseguró que todas las viviendas serán intervenidas y restauradas antes de 2022 y que el proceso comenzará de inmediato: “Hemos dispuesto la movilización de las primeras diez viviendas y empezaremos durante la próxima semana un ejercicio de concertación con la comunidad respecto a los diseños culturales de las mismas, que nos permita avanzar de manera muy rápida para que buena parte de estas intervenciones logremos sacarlas adelante en los próximos cien días”. Para atender la emergencia en salud se instalará un hospital, de campaña y además se hará seguimiento a las 18 personas identificadas como positivas por COVID-19.

Los isleños, entre tanto, insisten en que, para estar preparados ante estas emergencias climáticas, urgen albergues suficientemente adecuados y mejoras en el precario sistema hospitalario. Peticiones que vienen haciendo desde 2005, cuando tuvieron que vivir los estragos del huracán Beta.

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