Las precarias condiciones de vida de los venezolanos en Girón, Santander

Girón es el tercer municipio del área metropolitana de Bucaramanga a donde han llegado más migrantes Venezolanos. Lo que muchos de ellos no conocen es que se exponen a la falta de servicios básicos, la violencia urbana y la pobreza.

Desde Venezuela, los ciudadanos que buscan migrar hacia Colombia se comunican con familiares, amigos y conocidos para que los ayuden a ubicarse en la ciudad. Crichelly Niño

Pisos de tierra, casas de madera y la ausencia de servicios públicos como agua, luz y gas natural. A viviendas en esas condiciones están llegando algunos de los 62 mil venezolanos que emigran a Santander, particularmente a Bucaramanga.

De acuerdo con la segunda caracterización presentada en mayo por el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Girón después de Bucaramanga y Floridablanca, es el tercer municipio del área metropolitana de Bucaramanga en cuanto a recepción de emigrantes.

Llegar a asentamientos humanos es tal vez el punto de partida para la búsqueda de trabajos informales, la explotación infantil y la invasión de territorios como opciones de vivienda, según María Eugenia Bonilla, directora de la entidad.

Actualmente, el fenómeno migratorio se reconfigura. Es decir, en 2018 era notoria la llegada de personas solas; sin embargo, como reveló la caracterización, los extranjeros buscan la conformación de sus familias y a los pocos meses de vivir en la ciudad, piden a sus familias que viajen y se establezcan (así sea temporalmente). “En la mayoría de los casos, la mujer es la responsable de sacar adelante el núcleo familiar”, comenta Bonilla.

Uno de los barrios que acoge a los venezolanos es el Rincón de Girón, en el asentamiento La Unión. En el sitio vive Jeisson Villamizar. Llegó al lugar a través de un grupo de WhatsApp, en el cual recibió información de diferentes zonas en los que podía vivir con poco dinero.

Viajó hace cinco años a Colombia con el propósito de conseguir un empleo y no ha sido fácil, razón por la que terminó en el lugar. Según cuenta, las condiciones son precarias, especialmente para los niños cuyos padres los exponen a todo tipo de enfermedades porque no tienen recursos económicos y se ausentan todo el día en busca del sustento.

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“A duras penas alcanzan a comer”, dice Villamizar, quien agrega que en el lugar faltan valores y persiste la mala convivencia. “La gente es egoísta y si uno se descuida, se roban las cosas. Los venezolanos que quieran llegar a estos lugares en busca de información o vivienda deben estar agrupados y evitar cargar objetos de valor”, agrega.

Maryori González es una venezolana de 23 años, madre de dos niños (uno de cuatro años y otro de seis meses). Vive en un rancho levantado con retazos de machimbre (tablones de madera ensamblados) y láminas de zinc. Viajó a Bucaramanga buscando una alternativa para sacar adelante a sus hijos, quienes presentaban síntomas de desnutrición por la mala alimentación en Venezuela.

Como no pudo cubrir los gastos de una vivienda en otro sector, llegó a La Unión. Villamizar le ayudó a ubicarse. “No tengo quien me cuide a los niños y no puedo dejarlos solos. Trabajo todo el día para que ellos no aguanten hambre”, explica la mujer.

Según Juan Carlos Rueda, director del Sisbén en Girón, las condiciones expuestas en la ficha de registro de la zona marcan un “precario índice de calidad de vida”, servicios públicos como el gas natural y línea telefónica están ausentes. Además, el estado físico de las viviendas aumenta la incomodidad de los residentes. El único servicio fijo con el que cuentan es la recolección de basura cada mes, cuyo costo no supera los diez mil pesos por vivienda.

La Secretaría de Vivienda de Girón aseguró no tener censo de los venezolanos que viven en los asentamientos del municipio. Además, la entidad no ha hecho ningún plan de evaluación y ayuda para la población migrante que vive en estos sectores.

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Alba Pereira, encargada de la fundación Entre Dos Tierras, dijo que debido al desconocimiento acerca de la situación que se vive en los asentamientos existentes, las alcaldías y las recientes fundaciones conformadas, no han podido realizar un trabajo de inspección y ayuda.

“Nuestra función es recibir a los venezolanos que llegan desde Cúcuta, se les brinda la alimentación y hospedaje durante tres días, y luego se van para Perú, Bolivia, Chile o Ecuador. Es todo lo que se hace”, indica.

La Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales adelanta un proyecto que brinda servicios de salud a los venezolanos residentes en Girón. Sandra Rincón, gerente de la iniciativa, asegura que en una actividad realizada en marzo de este año se registraron 600 representantes o cabeza de familia, acompañados en promedio con cuatro integrantes.

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Crichelly Niño Moreno - Periódico 15 UNAB

Santander

Las precarias condiciones de vida de los venezolanos en Girón, Santander

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