Se celebra un día después de Halloween, ¿qué es?

“Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosna, para nosotros mismos”. Este es el coro que los niños entonan a la vez que piden dulces el primero de noviembre, día de los angelitos.

Foto: Cortesía Arquidiócesis de Barranquilla

El primero de noviembre, día de todos los santos, los niños solían salir por las calles de su municipio pidiendo en cada casa una ofrenda. “Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosna, para nosotros mismos”, era la clave cantada con la cual los dulces eran desembolsados en las canastas que llevaban los angelitos.

Pero esta tradición caribeña, que se ha ido perdiendo con el tiempo, no siempre fue así. En los pueblos de esta región, niños y jóvenes no pedían dulces, sino ingredientes para hacer comida, especialmente, un sancocho, hecho que tiene su origen en una tradición de los españoles.

La comunidad de Extremadura que llegó a Cartagena, practicaba una celebración denominada “Chaquetía del día de todos los santos”. Esta consiste en ir al campo y compartir una merienda en la que se consumen frutos del tiempo, como higos pasos, nueces, bellotas, granadas, castañas y, también, preparados como el dulce de membrillo, ciertas tortas típicas o panes especiales. Para esta ocasión, en muchos pueblos los muchachos salen a pedir dichos productos de casa en casa para el compartir.

De ahí, que en el Caribe se hiciera algo parecido, adaptado a lo local y a otras creencias, como la que aseguraba que “el día de los muertos las personas no podían cocinar por respeto. Entonces, con lo que recogían los primeros de noviembre, hacían la comida para compartir y para el día siguiente”, explicó Carlos Sojo, gestor cultural del Caribe.

Así, la tradición fue adquiriendo cambios a través del tiempo y el tema de los ingredientes cambió por el de los dulces tradicionales del Caribe, como la arropilla y la bolita de coco. Según Sojo, “en algún lugar de la región, a alguien se le ocurrió darles a los niños un bollo blanco, pero con coco y anís, el cual es dulce. De ahí que se llame bollo de angelito”.

Más tarde, la fiesta se comercializó y los angelitos que pedían su limosna, empezaron a recibir dulces ya no tan tradicionales, sino de marca. Y ahora, con el auge del Halloween, la tradición se ha ido olvidando y son pocos los niños que conocen de la existencia del día de los angelitos.

Por eso, "hace 12 años empezamos a hacerle campaña a esta fiesta que se ha visto opacada”, contó Elsa de Sourdis, miembro de la pastoral infantil de la Arquidiócesis de Barranquilla.

Con una fiesta blanca, como le llaman, las parroquias buscan atraer a los niños hacia esta tradición. Vestidos de angelitos o con ropa blanca, asisten a las actividades recreativas y de reflexión que se realizan este día.

“Este año, el tema fue el mensaje del papa Francisco y lo dividimos en actividades según tres momentos. El primero fue “Artesanos de la paz y de la reconciliación”, el segundo tenía que ver con los derechos humanos y el tercero el tema de la alegría”, explicó De Sourdis.

Además, realizaron una actividad en la cual los niños llenaban una canasta con sus dulces favoritos y la entregaban a los de otras parroquias. “Porque -manifestó De Sourdis- nosotros les queremos enseñar que, así como se recibe también se puede dar. Aprenden a compartir”.

Para la arquidiócesis es importante rescatar esta fiesta pues “estamos en un mundo donde hay muchos mensajes negativos, oscuros. Con este día podemos entregar un mensaje positivo, de luz, de cosas buenas”. Además, esperan que la tradición sea acogida por las otras regiones del país.

Precisamente, en la lucha por avivar esta celebración, la iglesia ha hecho parte del carnaval de los niños con su comparsa “Angelitos por la paz”. Para el siguiente año, los niños que deseen pertenecer a esta, se podrán inscribir entre el 4 y 11 de noviembre.  

Lo cierto es que, si bien se están haciendo esfuerzos por recuperar la práctica del día de los angelitos, la celebración cada vez se aleja más de la tradición.  

Ir de casa en casa pidiendo ingredientes para un sancocho, es ahora una historia contada por los abuelos. Recibir dulces tradicionales o un bollo de angelito, es un grato recuerdo de nuestros padres.

Y solo en la mente de los jóvenes queda la escena en la que, de niños, llegaban a la casa de los vecinos, con el grupo de amigos, con o sin disfraz de ángeles, pero todos con una sonrisa angelical, esperando recibir los dulces luego de entonar al unísono: “ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosna, para nosotros mismos”.