¿Se debe extender la licencia de maternidad en Colombia?

El proyecto de Ley radicado en el Congreso aún no se programa para debate. Entre tanto, cuatro colombianas hablan de los malabares de criar y trabajar.

A pesar del esfuerzo que implica criar trillizos, María no quiso renunciar a su carrera profesional. Es duro pero se las arregla para brillar en el trabajo y ser la mejor mamá para Elisa, Rebeca y Rafael. / Archivo particular

Comunicadora social. 37 años. Gerente de marketing de una multinacional. Dejar su trabajo parecía lo más obvio cuando supo que tendría trillizos. Era lo que se imaginaba su familia, lo que sonaba lógico. Sin embargo, María quiso esperar hasta tener a sus bebés en los brazos para tomar una decisión y una vez los tuvo contra su pecho supo que quería regresar. Que su vida profesional era importante para sentirse una mujer completa y feliz. Y así lo hizo después de su licencia de maternidad, a la que se le sumaron apenas dos semanas por tratarse de un parto múltiple.

Una niñera, una enfermera, la presencia constante de su madre y la flexibilidad de su empresa, que le permite trabajar dos días completos desde la casa y tres días solamente ir a la oficina por la mañana, han hecho todo un poco más fácil. Sin embargo, a María, al igual que a decenas de mamás trabajadoras, la invade la culpa de vez en cuando. “Es una situación complicada, de esas en las que terminas perdiendo con cara y con sello. Sentía que no estaba lista para renunciar a mi faceta profesional, pero es muy doloroso no estar en cada momento, en cada segundo, en cada etapa de mis hijos”.

¿El remordimiento sería menor si la licencia de maternidad en Colombia no fuera tan corta? ¿Si no hubiera que regresar a la vida laboral tan sólo 14 semanas después de haber parido y en la mitad de la lactancia que se supone debe ser exclusiva hasta los seis meses, según la Organización Mundial de la Salud? Para Luisa Fernanda Ruíz tampoco fue fácil. Cuando nació su niño, que ya tiene 3 años, trabajaba por prestación de servicios al igual que su esposo. La licencia fue cubierta por su EPS, lo que implicó que solamente le reconocieran el 40% del sueldo. Y su esposo, quien también tiene un contrato por prestación de servicios, ni siquiera contempló la posibilidad de tomarse la semana que otorga la Ley María. “No nos podíamos dar el lujo de perder esos días de sueldo”, cuenta Luisa, quien está esperando su segundo bebé y todavía no sabe con certeza cómo va a organizarse.

La posibilidad de renunciar y dedicarse a sus hijos es impensable por ahora —es ingeniera de petróleo al igual que su pareja y la difícil coyuntura por la que atraviesa el sector no les permite tomar riesgos en este momento—, su niñera, un ángel que apareció después de que la esposa de su papá enfermó de la espalda y no pudo seguir alzando al bebé y de que la señora de confianza que se encargaba de él comenzará con una serie de exigencias insostenibles, seguirá siendo su mano derecha. Además, tiene un período de vacaciones acumulado que le permitirá estar con su bebé 15 días adicionales.

“Cuando nació Martín vivía a 20 minutos en taxi del trabajo, hoy estoy a una hora y media. Y ellos muchas veces se pegan a la teta no sólo por comer sino por sentir a su mamá cerca. Dejar a un bebé de tres meses, que es supremamente frágil, no es fácil. Muchas veces me sentí culpable, me iba llorando a la oficina, sólo me preguntaba por qué”.

Precisamente pensando en que las madres no tengan que pasar por esta disyuntiva, que puedan regresar al trabajo cuando sus niños ya están más grandes, más fuertes, comiendo alimentos complementarios a la leche es que la representante a la Cámara, Tatiana Cabello, radicó en agosto del año pasado un proyecto de Ley para ampliar la licencia de maternidad a 18 semanas y la de los padres a 15 días hábiles.

Lamentablemente, y aunque tiene ponencia positiva porque fue firmada por todos los partidos, aún no se ha programado para debate. Lleva siete meses esperando en la Comisión Séptima y con cada día que pasa aumenta el riesgo de que termine archivada. La meta de Cabello es lograr sacarla de la Cámara de aquí a julio para que el senador Álvaro Uribe le dé trámite en el Senado en la próxima legislatura.

Carolina Celis, 36 años, comunicadora social, mamá de Violeta de nueve meses, teme que de pronto esta iniciativa pueda terminar convirtiéndose en un arma de doble filo. “En tres meses quien te reemplace apenas logra cogerle el tiro al trabajo, pero en seis podría hacer que peligre tu puesto”. De hecho eso fue lo que le pasó. Juntó sus vacaciones con los beneficios que daba la compañía por antigüedad y terminó ausentándose cinco meses. Al regresar de la licencia de maternidad todo era diferente. Sutilmente le fueron haciendo entender que las cosas habían cambiado, que su área se estaba reestructurando y finalmente le confirmaron que iban a contratar a quien la reemplazó por un salario muchísimo menor.

“Todavía estoy buscando empleo pero me indemnizaron muy bien y cuento con el apoyo de mi esposo. No me imagino todo lo que tendría que hacer en esta situación una madre cabeza de hogar. Por eso creo que se trata más de un tema de concientizar a las empresas, a los jefes. De que realmente ese balance entre calidad de vida y trabajo, que en teoría promueven las compañías, se ponga en práctica”.

Diana Carolina Bedoya tuvo que batallar bastante en ese sentido pero lo logró. Cuando tenía 34 semanas de embarazo sufrió un accidente en un taxi y la incapacitaron hasta que nació Martín por riesgo de parto prematuro. Al reintegrarse no fue sencillo organizarse para tomar la hora de lactancia. A veces, incluso, su esposo tenía que llevarle el bebé hasta el trabajo. Sin embargo, cumplió su propósito de darle leche materna hasta los dos años. “Soy muy buena trabajadora, proactiva, pero siempre he sido clara en decir que primero es mi familia y a las empresas no les gusta mucho ese tipo de verbalizaciones”.

En un momento pensó que iban a despedirla. Sabía que estaba amparada por la ley durante el primer año después de tener a su hijo, pero más adelante cualquier cosa podía pasar. Finalmente su jefe aceptó el nuevo ritmo de trabajo, que no significaba un rendimiento menor sino una distribución distinta del tiempo. Hoy tiene un contrato a término indefinido con la misma entidad y espera con ilusión la llegada de Juanita. “Con Martín mi mamá pidió una licencia no remunerada para ayudarme a cuidarlo. Ahora tenemos niñera pero es difícil dejar a un bebé tan pequeño”.

Y es que los beneficios de una licencia de maternidad más larga no son pocos. Lou Ren, mamá de tres hijos, ha podido constatarlo. Vive en Dinamarca, en donde las mujeres tienen derecho a 14 semanas en principio y luego a 32 semanas adicionales que pueden compartirlas con el padre. “Primero está la lactancia materna que debe ser exclusiva hasta los seis meses y que en un país como Colombia, en donde las tasas de enfermedades respiratorias son altas, contribuiría a mejorar la salud de los bebés”.

Además, dice, “la economía de muchas familias mejoraría. He visto mujeres que ganando el mínimo tienen que contratar a otra persona para que cuide a sus hijos. También aumentaría el compromiso con el trabajo. Estudios en Estados Unidos han demostrado que después de la maternidad las mujeres regresan más comprometidas, se sienten agradecidas y eso las motiva en sus actividades laborales. Y ni qué decir del fortalecimiento de la estructura familiar. Los niños no son criados por nanas sino por sus madres, por lo menos durante los primeros años de vida que son claves”.

Finalmente, concluye, “se reconocería el trabajo de dar una vida, que es el más importante y grande de un ser humano, y cada uno de los miembros de la sociedad se sentiría agradecido con las mujeres que cambian sus vidas para convertirse en mamás”.

 

Temas relacionados