Se fue el escudero de Petro

El alcalde de Bogotá invitó a despedir hoy en la Plaza de Bolívar a uno de sus más incondicionales alfiles: Guillermo Asprilla.

Guillermo Asprilla fue velado en un auditorio de la Alcaldía de Bogotá. Hoy son las exequias. /Andrés Torres

Una de las mayores pasiones que tuvo Guillermo Asprilla Coronado fueron los automóviles viejos. Viejos y grandes. Cuando se lanzó al Concejo de Bogotá en 2007, y luego a la Cámara de Representantes en 2010, hacía campaña por las calles de la capital en un desbaratado Dodge Dart azul del que sus amigos solían burlarse. “Francamente, no sé cómo podía andar en ese carro”, recuerda uno de los mejores amigos de Asprilla, Gabriel Fonseca. “Las puertas estaban todas abolladas y no tenía una sola pieza buena, pero a él no le importaba andar así con su tartala”. El carro, además, solía ir lleno de documentos, regados como si de un huracán hubieran sido víctimas. Porque él era así, desordenado. “Lo que no quiere decir que se le desordenara el pensamiento”, aclara Fonseca.

Cuando él habló con este diario, Asprilla aún vivía. Pero el sábado pasado, a las 12:53 p.m., en 60 caracteres, Gustavo Petro dejó saber que en la batalla entre su excompañero del M-19 y el mal que lo agobiaba, este último había sido el vencedor: “Ha muerto Guillermo Asprilla. Revolucionario, hombre de paz”, divulgó el alcalde en Twitter. Aunque quizá “batalla” no sea la palabra apropiada para describir el padecimiento que comenzó a vivir Asprilla en 2011, cuando regresó a Colombia de España a tomarse un descanso porque había empezado a estudiar un doctorado en la Universidad de Salamanca (España). Fue entonces cuando le detectaron una enfermedad degenerativa motora. Asprilla, sostienen sus amigos, era un “luchador inclaudicable”, pero en este caso no tenía cómo luchar: su enfermedad no tenía —ni tiene— cura.

“Merecía mejor suerte en la vida y en la política”, expresó Fonseca, en una frase que resume escuetamente las dificultades entre las que siempre navegó este hijo de Chocó. Principalmente su frágil salud, las dos campañas en las que se ‘quemó’, el cáncer de pulmón que condujo a la mujer de su vida a la tumba y la inhabilidad que le impuso la Procuraduría. Según esta entidad, Asprilla infringió la ley al posesionarse como concejal en 2011, en reemplazo de Roberto Sáenz a pesar de que seguía figurando como abogado de un grupo de personas que habían demandado al Estado. En noviembre de 2012 fue inhabilitado para ocupar cargos públicos durante 12 años. Asprilla era entonces secretario de Gobierno de Petro y para el alcalde de Bogotá, la decisión de la Procuraduría sólo dejaba ver el interés del procurador Alejandro Ordóñez de perseguir a su “Bogotá Humana”.

El proceso era el de las víctimas de la explosión del relleno Doña Juana, ocurrida en 1997. La demanda, trabajada por Asprilla desde 1999, llevó a que el Consejo de Estado condenara al Distrito en noviembre de 2012 y a que se ordenara el pago de $227.000 millones para unos dos mil afectados. “Él hubiera podido vivir mejor, tener riquezas, porque era un abogado exitoso. Pero escogió una vida coherente con su perfil: el de un humanista”, señala Luis Arturo Suárez, quien estudió Derecho con Asprilla en la Universidad Nacional. Suárez recuerda a un Asprilla que hablaba de política y filosofía todo el tiempo, usaba gabardina y prefería faltar a clase a veces por andar leyendo. “Era un hombre reservado y de su vida hubo mucho que no conocimos. Como su paso por el M-19”, asegura.

Inti Asprilla, podría decirse, fue el proyecto político final de su padre: Guillermo quería verlo en el Congreso y, con todo y su enfermedad, no ahorró energías para trabajar en la campaña política de su primogénito. En medio de esas labores proselitistas seguía dando discursos, a pesar de que su voz y sus pulmones ya le estaban fallando por cuenta de su enfermedad. Los resultados electorales del pasado 9 de marzo premiaron ese esfuerzo: Inti Asprilla Reyes obtuvo 16.898 sufragios y se convirtió en el tercer representante a la Cámara por Bogotá más votado. Asprilla habló sobre su padre con este diario hace unos meses, y ahora que la pesadilla que más temía es una odiosa realidad por enfrentar, ha preferido desconectarse de la esfera pública y vivir su dolor, como es comprensible, en privado.

La última vez que Inti Asprilla se conectó a Twitter fue hace seis días. Escribió, precisamente, sobre el hombre que hace tres días, hospitalizado, lloró junto a su eterno compañero de luchas, Gustavo Petro: “Agradezco preocupación sobre salud de mi padre Guillermo Asprilla, él se encuentra hospitalizado pero estable. No está grave”.