La taza perfecta

A través del concurso internacional Taza de la Excelencia, caficultores de todo el país intentan demostrar a expertos de más de diez nacionalidades que en sus fincas crece el café más exclusivo de Colombia.

La calidad, el aroma, la acidez, el sabor, la sensación en boca y el balance son algunos de los criterios de selección del mejor café colombiano. / El Espectador

Un selecto grupo de jurados nacionales e internacionales se prepara para catar hasta cinco veces cada taza de café. Sus sentidos y su intuición se encargan de seleccionar la mejor de todas. Aromas, notas y tradiciones se funden en cada preparación y cuentan entre sorbos la historia que cientos de caficultores colombianos forjan sobre montañas, valles y colinas. Más de 650 lotes compiten anualmente por el título de la Taza de la Excelencia, un concurso de alto nivel que durante once años se ha encargado de elegir el mejor café del país.

En el certamen participan pequeños productores de más de quince departamentos. Cada año crecen en sus fincas, que no superan las cinco hectáreas, los granos más selectos de Colombia. Carlos Alberto González, gerente comercial de la Federación Nacional de Cafeteros, explica que el concurso empieza con la capacitación del jurado, compuesto por líderes de empresas exportadoras, tostadoras y cooperativas de caficultores que son entrenados por la organización Alliance for Coffee Excellence para definir el mejor producto.

Después de una preselección en la que se evalúa cada lote, los jurados nacionales definen los 50 mejores hasta que el jurado internacional escoge a los diez finalistas, que deben contar con una calificación superior a los 85 puntos sobre 100. A través de una subasta electrónica, en la que participan compañías de todo el mundo, se premia el café de la excelencia. “Cuando los productores entran al grupo de ganadores, están accediendo a un mercado que reconoce altos precios por los cafés de gran calidad. Esto les permite mejorar sus condiciones de vida, la de sus familias e incluso la de sus comunidades”, señala González.
De hecho, gracias a las subastas se han alcanzado precios excepcionales. Este fue el caso del café producido en la finca de Arnulfo Leguízamo, un campesino de San Agustín (Huila) que ganó la Taza de la Excelencia en 2011 y logró que una sola libra de su lote se vendiera a US$45. Para este caficultor de 48 años son muchos los factores que influyen en la producción del mejor café.

“El secreto de este oficio está en el amor y la dedicación que se le pone desde la semilla hasta el secado. Debido a que mi cafetal está ubicado cerca de una montaña virgen y al cuidado que tenemos en la producción, hoy vendemos uno de los mejores cafés suaves del mundo a países como Australia, Estados Unidos y España”. Actualmente, su finca La Primavera produce al año cerca de 4.500 kilos de café pergamino seco.

De todas las ediciones del concurso, Huila ha ganado cinco. Los expertos señalan que las condiciones agroclimáticas del departamento y su posición geográfica le otorgan un carácter especial a los cafés que allí se producen. Por eso, el lote de Alirio Aguilera también ha sido merecedor del título. A 1.600 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Palestina, su finca San Isidro produce un café dulce con notas achocolatadas y cítricas.

Alirio cree que haber ganado la Taza de la Excelencia en 2013 le ha dado un giro a su vida. “Tener el mejor café del país abre muchas puertas. Hace que contemos con un reconocimiento nacional y mundial. A través de la subasta logré que mi café se vendiera a US$20,50 la libra”.

Gracias a este concurso son cada vez más los pequeños “grandes” productores que no sólo han hecho del café un símbolo de calidad, sino también una bebida capaz de construir sueños y experiencias.

 

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