Trabajadores continúan en huelga por despido masivo

Cerca de 80 empleados de la multinacional que fabrica los Chiclets Adams siguen protestando a las afueras de la compañía en Cali. Denuncian que 150 personas habrían accedido “bajo presión” a firmar los retiros voluntarios.

Trabajadores de Mondelez permanecen en huelga a las afueras de las instalaciones de la multinacional. Fabio Posada

El olor dulzón que por más de medio siglo acompañó las labores diarias de los habitantes de barrios como Calima y Chiminangos, en Cali, donde está ubicada la planta de producción de los populares Chiclets Adams, desapareció desde la semana pasada cuando la multinacional Mondelez, propietaria de la marca, cerró las puertas de la fábrica donde trabajaban 480 operarios.

La noticia, dada a conocer por la compañía el martes, sorprendió a los caleños y especialmente a los trabajadores de la empresa, quienes fueron citados al Centro de Eventos Valle del Pacífico, donde un vocero acompañado de abogados y psicólogos les informó del cierre definitivo y el traslado de la producción a otra planta que tiene la firma en México.

El mensaje no dejó dudas: “A pesar de los esfuerzos e inversiones que hizo Mondelez International desde que adquirió la planta en Cali, los rezagos tecnológicos que arrastraba, sumados a las tendencias adversas del mercado, han llevado a una caída sostenida del volumen desde 2008, al punto que hoy la operación de la planta es sólo del 56% de su capacidad instalada, situación que la hace inviable”, dijo Francisco Espinosa, director para América Latina.

La multinacional dejó de fabricar snacks y otras golosinas en su planta del barrio Calima, pero el vocero aseguró que “continuará en el mercado con un portafolio de gomas de mascar, caramelos, galletas y bebidas en polvo”. Desde Cali operará la red para la distribución de sus productos en Colombia y la oficina de Bogotá abastecerá el área Andina, América Central y el Caribe.

“Cualquier decisión que afecte a nuestros trabajadores siempre será difícil y este caso no es la excepción. Pero esta es una medida necesaria e irreversible para garantizar la sostenibilidad del negocio en Colombia, por eso hemos solicitado el permiso para la terminación de contratos ante el Ministerio del Trabajo”, concluyó la empresa en su comunicado.

Revisarán solicitud

La primera reacción de los trabajadores ante la noticia fue de rechazo y tristeza. Esto a pesar de que, según la multinacional, se ofreció un plan de retiro voluntario con indemnizaciones que en algunos casos están por encima de las estipuladas en las leyes colombianas.

Dos sindicatos lideran las protestas que unos 80 operarios iniciaron al enterarse de la noticia. Guarecidos del sol y la lluvia bajo una improvisada carpa que ubicaron al frente de la puerta principal de la empresa y con la que esperan bloquear la salida de la maquinaria, reclaman por lo que consideran maltrato y engaños.

Jesús Rojas, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de Productos Grasos y Alimenticios (Sintraimagro), señaló que “la semana pasada nos pidieron sacar todas las cosas personales de la fábrica con la disculpa de que iban a fumigar; luego nos citaron a una capacitación, pero nos salieron con este comunicado. Es una falta de respeto por nuestras vidas, de las cuales hemos dedicado 10, 20 y más años para que la empresa fuera productiva y diera millonarias ganancias, pero ahora ya no servimos y nos echan con mentiras”.

Rojas agregó que “la obsolescencia en los equipos, así como la pérdida de mercados, es culpa de la mala gestión y planeación de la propia empresa, no de los trabajadores”. Por su parte, Arley Marmolejo, presidente del Sindicato de Cadbury Adams, calificó de “injusto y un atropello el plan de retiro ofrecido a los trabajadores, ya que los deja sin posibilidades de un nuevo trabajo y de acceder a la jubilación”.

Empleados con casos emblemáticos, como Mario Castaño, que trabajó durante más de 28 años, no ocultaron sus lágrimas. “Sólo espero que nos den una liquidación justa”, exclamó entre sollozos.

Otros con problemas médicos incapacitantes, como Jairo Franco y Eduardo Casquete, se lamentaron ante la incertidumbre por su futuro, ya que consideran que por sus problemas de salud no les será fácil volverse a emplear. “Estas son las secuelas de tantos años de trabajo y ahora nos dan la espalda”, se queja Casquete aferrado a una muleta, ya que tiene una dolencia en el pie derecho.

Los dirigentes de los dos sindicatos adelantan diligencias ante el Mintrabajo para demostrar que la empresa procedió de mala forma y que no cuenta con el aval de ningún ente gubernamental. Además, que unas 150 personas habrían accedido “bajo presión” a firmar los retiros voluntarios.

Ante las protestas de los trabajadores agremiados, Luis Eduardo Garzón, ministro del Trabajo, dijo que se iba a revisar el permiso de Mondelez para que se autorizara el despido colectivo de 480 empleados “hasta la saciedad, para ver si la petición de la empresa es justificable, si de verdad obedece a una situación de crisis económica. El mensaje que recibimos es que van a trasladar su centro de producción a otros países para importar chicles, y eso hay que mirarlo bien si obedece a una crisis financiera”, explicó.

Garzón indicó que el Ministerio protegerá los derechos de los trabajadores y que en lo posible se intentará evitar los despidos colectivos. “Le he dado todas las indicaciones a nuestro equipo para que sin apresuramiento, con cuidado y seriedad, veamos hasta dónde es justificado esto del despido colectivo. En nuestra opinión, todo lo que sea evitar despidos colectivos hay que hacerlo”, precisó.

 

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