Tragedia en Salgar: "Nos está tocando rescatar nuestros propios muertos"

Dora Torres lleva siete años como voluntaria del Cuerpo de Bomberos de este municipio antioqueño. Perdió 18 familiares en la avalancha y, según dice, todas las víctimas son conocidas.

Dora Torres, voluntaria del Cuerpo de Bomberos de Salgar, ayuda a buscar a las víctimas mortales y desaparecidos tras el desbordamiento de la quebrada Liboriana, en el suroeste antioqueño. /Luis Benavides
Enterrada en el lodo hasta las rodillas, Dora recorre el lecho de la quebrada Liboriana, en Salgar, Antioquia, en busca de los cuerpos de las víctimas que quedaron sepultadas tras la avalancha. Según Medicina Legal por lo menos 83 personas murieron, de las cuales ya están identificadas 54: 29 mujeres y 25 hombres. Por momentos, Dora se lanza de frente y sumerge las manos como si se trataran de palas. Una y otra vez repite el movimiento tratando de tocar algún cuerpo. No le importa que pueda lesionarse con las ramas de los árboles y los escombros que arrastró la fuerza de las aguas. Su uniforme rojo se torna café y a ratos de un color indescriptible.
 
Hace siete años Dora ingresó al Cuerpo de Bomberos con la única intención de ayudar a sus coterráneos. “Me gusta mucho este cuento. Estoy disponible las 24 horas del día para ayudar a mi gente”, responde con una energía envidiable, a pesar de llevar 11 horas metida en el fango y tres días completos de trabajo intenso.
 
Durante estos años ha tenido que atender varias emergencias por invierno, accidentes e incendios, pero ninguna se compara con esta. No sólo por la magnitud del desastre, sino porque allí perdió a 18 familiares y todas las víctimas son conocidas. “Mi mamá vivió allá. A toda la gente de La Margarita y La Argelia las distinguimos. Es muy doloroso para nosotros”.
 
Mientras continúa escarbando entre el fango, con el sol inclemente sobre los hombros, Dora comenta que han sacado muchos muertos: “Los montamos a los carros, cinco o diez, pero como están tan empantanados uno no se detiene a tratar de identificarlos. Los llevamos al cementerio y ya en la noche mi familia y los vecinos me cuentan de quiénes se trataba”.
 
Sus ojos se entristecen por ratos. Es la mayor tragedia que les haya tocado enfrentar. “Todos los bomberos estamos destrozados, sacamos fuerzas para ayudar a nuestra gente. Uno en el día no tiene tiempo de asimilar nada, pero en la noche, en las casas, no paramos de llorar”.
 
Entre sus familiares está una prima a quien le estaban celebrando el Día de la Madre. Su cuerpo ya fue rescatado, pero el de su bebé de tan sólo dos meses de nacido aún no. “También están una cuñada de mi hermano y el niño de cuatro años, que tampoco lo hemos encontrado”.
 
Seca el sudor de su frente con la mano, se saca la chaqueta y se queda sólo con su camisa negra y vuelve a meterse entre el lodo. Su rostro está desencajado por el cansancio y la tristeza, pero sigue firme. No sale del fango, recorre milimétricamente el lecho de la Liboriana. Observa a sus compañeros y a otros rescatistas del Ejército que recorren la zona acompañados de dos perros labradores entrenados. “¡Aquí parece que hay algo!”, grita uno de ellos. Dora se desplaza apresurada hacia el lugar y de nuevo mete la mano minuciosamente, repite la acción una y otra vez, pero sus ojos dicen que no hay nada. Se sienta por un instante a tomar aire y me cuenta que tiene una niña de 13 años. “En este momento la tengo abandonada. Mi tía me la cuida todo el día porque yo salgo desde las seis de la mañana y regreso en la noche. Si me necesitan en la madrugada también, estoy las 24 horas ayudando a los salgareños”.
 
A las cinco de la tarde suspenden la búsqueda en ese lugar. Uno a uno van desfilando entre el lodo para salir a la carretera. Ella es la más sucia de todos, no se distingue el color de su uniforme. Cuando pensábamos que iban para la estación de bomberos les informan que al parecer hay dos cuerpos en el sector de La Argelia. Apresurados se suben a un viejo jeep y una de sus compañeras le dice a Dora: “Quédese que usted está muy cansada”. Ella no la atiende y se sube en la parte trasera, me mira y dice: “Me tengo que ir, hablamos más tarde”. Se alejan en el vehículo y ya en el sitio comienza el mismo ritual. Dos horas más tarde salen con las manos vacías.
 
Siendo las nueve de la noche, Dora por fin llega a su casa a ver a su hija. “Apenas voy a hacerle la comida, no se me puede olvidar que también soy mamá”, sonríe tímidamente, y agrega: “La noche es lo más duro, porque aparte de bomberos somos humanos, y cuando estamos en la casa es cuando tenemos el tiempo para llorar”. Sus ojos se aguan. Mañana a las seis el lodo la espera de nuevo para rescatar a los muertos.
 
El censo, lo más complicado de la tragedia
 
En Salgar los principales esfuerzos, además de recuperar los cuerpos de las víctimas, se centran en establecer el censo real de los afectados. Hasta el momento las autoridades concluyen que fueron 232 las familias afectadas, para un total de 782 damnificados, 169 de los cuales están alojados en dos albergues habilitados en el coliseo y la casa campesina. Los demás se encuentran en casas de familiares y amigos. Desde el martes comenzaron a recibir las ayudas enviadas por los gobiernos departamental y nacional.
 
La primera dama de la Nación, Clemencia de Santos, visitó el municipio y repartió ayudas para los niños, que recibieron juguetes, ropa, útiles escolares y alimentos. La primera dama se mostró conmovida por la tragedia “como madre, como colombiana, como todo ser humano... Nuestra prioridad son los niños y estamos preocupados por su bienestar, no los vamos a dejar solos”, aseguró.
 
El ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, recorrió la zona de la emergencia, visitó algunas casas y conoció de primera mano los testimonios de los afectados, quienes le narraron lo ocurrido. Visiblemente conmovido aseguró que el Gobierno Nacional ha dado la orden de adelantar la construcción de 150 viviendas, para lo cual ya hay dos lotes. El ministro fue enfático en que no deben estar cerca al río y que allí no sólo se van a reubicar los afectados, sino las familias que están en alto riesgo. Las casas deberán estar listas entre ocho meses y un año. “Por el momento, desde la próxima semana van a recibir $250.000 pesos para el arriendo”, explicó Henao.
 
Los servicios públicos en el municipio de Salgar ya se restablecieron casi en su totalidad. Toda la población cuenta con energía eléctrica, el 70% con agua y el 95% con gas. Sin embargo, la cifra real de muertos y desaparecidos es la más difícil de establecer, pues familias enteras desaparecieron. Según Carlos Iván Márquez, director general de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres, no hay quienes se acerquen a suministrar la información, “no hay dolientes, por eso no tenemos el censo exacto”.
 
La directora del Departamento Administrativo de Prevención de Desastres (Dapard), María Inés Cardona, aseguró que fueron 48 los heridos atendidos en el hospital, de los cuales siete permanecen hospitalizados. “La idea es hacer varios sepelios colectivos para no impactar mucho el municipio debido a la magnitud de la tragedia”, explicó la funcionaria, y enfatizó que las donaciones se hagan en las cuentas de ahorro habilitadas para ello, no en especie, pues se requiere dinero para suplir las necesidades de esta población.
 
Posiblemente hoy se realice el primer sepelio colectivo en este municipio del suroeste de Antioquia. Entretanto, el defensor del Pueblo, Jorge Otálora Gómez, pidió tener en cuenta las alertas del Ideam, según las cuales 57 municipios de nueve departamentos están en alerta roja por deslizamientos.