Tras las huellas de Lázaro

La Policía y los indígenas wayuus no saben qué pasó con el vasco el 8 de enero. “Es como si se lo hubiese tragado la tierra o el mismísimo mar Caribe”.

La del ciudadano español Borja Lázaro Herrero, es una misteriosa desaparición. / Cortesía

María Elena Gómez recuerda que antes de acostarse le pidió a su hijo que avisara a los huéspedes que estaban en el comedor que en unos minutos apagarían las luces. Esa fue la última vez que la administradora de la posada Pujuru vio a Borja Lázaro Herrero, el español que estaba con tres chilenas y un alemán, Lion Berharkremer, bebiendo Polar, cerveza producida en Venezuela.

En Cabo de la Vela no hay servicio de energía, acueducto, servicio de alcantarillado ni gas domiciliario. Los indígenas wayuus asentados en la ribera tienen plantas de energía que funcionan durante ciertas horas del día. Y en Pujuru hay luz de 6 de la tarde a 10 de la noche. “Ese día duró hasta las 10:30 p.m.”.

El 6 de enero, después de atravesar el desierto y viajar por más de tres horas de Riohacha al municipio de Uribia, y luego montarse en una 4x4 y trasladarse a Jepirra, como los indígenas conocen a Cabo de la Vela, Borja y dos alemanes llegaron a la península de La Guajira, a un caserío repleto de turistas extranjeros. Dormían en tres hamacas de Pujuru, en uno de los hospedajes más confortables del cabo, donde había más de 70 personas.

María Elena vio a Borja por última vez el 7 de enero, cuando lo convenció de que cenara dos patacones con queso. “Él y los dos alemanes, que son padre e hijo, comieron casi a las 8 p.m. Tomaban cerveza desde bien temprano, como si supieran que al día siguiente uno de ellos desaparecería”.

Cuando se apagó la planta de energía, el español de 34 años, Lion —el más joven de los alemanes— y las chilenas salieron a la playa. A las 11, Borja regresó a la superficie y se cayó cerca de un árbol deshojado que está enfrente del hospedaje, y a la 1 de la mañana sus compañeros de farra lo acostaron en la hamaca. Pero luego no se supo más de él. “Es como si se lo hubiese tragado la tierra o el mismísimo mar Caribe”. Nadie en Cabo de la Vela sabe qué ocurrió.

Los indígenas que administran la tienda Mana, que está al lado de la posada, dicen que había tantos turistas que no identificaban al vasco. Sólo supieron de quién se trataba después de que la policía publicara carteles con la imagen de Lázaro.

Borja proviene de una familia trabajadora. “Desde hace 10 años vive fuera. Primero se fue a Madrid y luego al centro de Europa”, afirma su hermano Sergio Lázaro Herrero, de 38 años. “En septiembre nos vimos por última vez. Ese día me dijo que viajaría a Suramérica durante dos meses”.

María Elena creyó que se había ido a Riohacha en la camioneta que a las 4 de la mañana sale hacia la capital de La Guajira. Los alemanes, sin embargo, fueron al día siguiente a buscarlo al cerro Pilón de Azúcar, que está a una hora caminando desde Cabo de la Vela, y la administradora de Pujuru también se comunicó con amigos de punta Gallinas, el extremo más norte de la península, para saber si allí estaba. Pero nada. Entonces pensó: “Se fue y no me pagó $30.000”.

Apenas el 23 de enero, el coronel Alejandro Calderón, comandante de la Policía de La Guajira, supo que un extranjero que estaba en Cabo de la Vela había desaparecido el 8 de enero, cuando la familia de Borja Lázaro interpuso una denuncia en una comisaría de la ciudad de Vitoria, País Vasco. “En primera instancia tuvimos muchos datos, pero eso era más bien desinformación. Decían que lo habían visto al sur de La Guajira con una camiseta de la selección Colombia. También supimos que estaba en Venezuela en grado de indigencia. Pero esas versiones resultaron ser falsas”.

Después de siete meses sin saber del español, la Policía Nacional descarta la hipótesis de que haya sido secuestrado, pues nadie ha exigido pago por un rescate. Ni siquiera la recompensa de $10 millones a quien dé información sobre dónde podría estar ha servido para saber qué ocurrió con el fotoperiodista vasco.

El día en que desapareció, Borja tenía puesta la antigua camiseta de la selección de Colombia. “En el locker ocho del hospedaje quedaron dos cámaras profesionales, algo de ropa, un portátil, un morral lleno de enlatados y dos pares de tenis”, afirma María Elena. Los indígenas creen que se ahogó; aunque el comandante de la Policía de La Guajira no confirma esta hipótesis.

La desaparición de Lázaro es un misterio, como Jepirra, que, según la etnia wayuu, “es el lugar a donde llegan las almas de los muertos para pasar a lo desconocido”. Todo en Cabo de la Vela guarda un significado, y Borja estuvo mar adentro desde que se hospedó en Pujuru.