Un condimento para la ciencia criolla

Desde hace muchos siglos los historiadores saben que donde vive una comunidad de árabes es posible que un nuevo invento o descubrimiento vea la luz.

Es imposible contar la historia de la astronomía, las matemáticas, la arquitectura, la medicina y la tecnología sin mencionar a los hombres y mujeres de esta cultura.

No han sido la excepción los árabes que llegaron a Colombia desde el siglo XIX. A pesar de ser un grupo relativamente pequeño, algunos de sus hijos, nietos y bisnietos han dejado una huella imborrable en la ciencia criolla.

Un capítulo muy importante de esta historia lo escribió el médico Salomón Hakim Dow. Descendiente de inmigrantes libaneses, luego de estudiar medicina y especializarse en neurocirugía, Hakim se consagró al estudio de la hidrocefalia, la acumulación de líquidos en el cráneo de algunos niños. Entonces se le ocurrió fabricar una válvula que permitiera drenar el exceso de líquidos desde la cabeza al abdomen. La “válvula de Hakim” es usada hoy en día por cirujanos del mundo entero.

La familia Yunis no podría faltar en el recuento de la ciencia árabe en Colombia. Victoria Turbay y su esposo José Yunis, casados bajo el rito maronita, viajaron desde las montañas de Líbano hasta las costas colombianas en el siglo XX. Cuatro de sus nueve hijos serían con el tiempo destacados científicos. Edmond Yunis, genetista y profesor de universidades en Boston, ha sido reconocido como uno de los hispanos más importantes de Estados Unidos. Jorge y Emilio se destacaron en el campo de la genética; este último fundó el Instituto de Genética de la Universidad Nacional y fue pionero en estudios sobre paternidad. José es un reconocido sicoanalista.

Pero son muchos más los apellidos de tierras lejanas que se han ido mezclando con los criollos y brillan en áreas científicas: Amat, Awad, Aubad, Turbay. Es una historia que espera un historiador.