Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 1 hora

Un día en Corabastos, el corazón de la comida en Colombia

De domingo a domingo y durante las 24 horas, este sitio en el suroccidente de Bogotá no duerme. Con 420.000 metros cuadrados destinados a la comercialización de alimentos, la central de abastecimiento más grande del país tiene historias de superación, esfuerzo y ambición.

Son las cuatro de la mañana y en la entrada de Corabastos, a esa hora, lo único que puede verse iluminado es una imagen de la Virgen del Carmen, conocida en Colombia como la patrona de los conductores. Durante 24 horas se movilizan aproximadamente 1.200 camiones cargados con toneladas de alimentos procedentes de diferentes partes del país, en su mayoría de Cundinamarca, Boyacá y Meta. Ingresan cerca de 200.000 personas entre campesinos, intermediarios, tenderos y amas de casa. Se realizan ventas que alcanzan los $24.000 mil millones de pesos. En efectivo.

La papa es el producto más comercializado en Corabastos, seguido de la cebolla larga, la cebolla cabezona y la arveja; las frutas representan el 25% y los plátanos el 6%.

La cebolla cabezona llega de 11 de la mañana a 4 de la tarde, desde Boyacá y Cundinamarca, principalmente. De 50 a 60 camiones se parquean en la zona de acopio, conocida como El Martillo, y una vez allí comienza la negociación entre el intermediario, quien en representación del campesino y teniendo en cuenta el comportamiento del mercado (y sus propios intereses) fija y negocia el precio con el comerciante.

En el local 150 de la Bodega Popular Mayorista compraron el bulto de cebolla cabezona blanca en $54 mil pesos, lo vendieron en $62 mil, negociables, porque su ganancia debe ser, siempre, de $5 mil a $8 mil pesos.

Son 6.500 comerciantes entre mayoristas y minoristas, gran parte de ellos y ellas comenzaron cargando bultos desde los camiones hasta los locales. Quienes realizan esta tarea se les conoce como coteros. Otros comenzaron ayudando en un puesto, básicamente, a lo que tocara.

A los 4 años Felipe Vargas cuidaba que no fueran a robarse la carreta de sus padres porque perder dos o tres bultos era prácticamente perder el día de trabajo. Eso ahora lo sabe muy bien. Felipe estudia Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Central y nos cuenta que “me gustaría enfocar la comunicación al tema del campo: que las voces de los campesinos se tengan en cuenta, que ese campo colombiano que tanto nos ha brindado y que ha sido el soporte de las ciudades tenga un espacio propio de comunicación”. Su familia es campesina, de Ramiriquí, Boyacá. Su padre comenzó como cotero, hace 25 años, se interesó por el negocio y comenzó a invertir.

La cebolla cabezona es uno de los alimentos más consumidos en Colombia tanto que no puede hacer falta al momento de ir a hacer mercado. Para entender por qué la compramos a un precio determinado es necesario hacer un recuento por todos los pasos que influyen en su precio. En primer lugar, la semilla que se siembra en Colombia proviene de Canadá, desde este primer momento ya comienza a influenciar un factor importante en el precio final del alimento. Si el dólar aumenta el campesino tendrá que pagar más dinero por la compra de la semilla.

Seguido a esto, el clima en el que se cultiva la cebolla debe ser variado; es decir, que llueva y haga sol, pero que no falten ninguna de estas dos cosas, sí el campo colombiano no está preparado tecnológicamente y el campesino no ha recibido una capacitación para soportar los cambios climáticos que se acostumbran en este país, es muy probable que el cultivo se pierda, haciendo que, nuevamente el precio final aumente, porque el campesino debe solventar su inversión con las pocas que logren resistir.

Luego se procede a enviar el producto con el transportista; y aquí nuevamente el precio del dólar juega un papel importante ya que de éste depende el de la gasolina también. Cuando esta cebolla llega a Corabastos el comerciante negocia dependiendo la calidad que necesite y el precio que se le ofrezca, teniendo en cuenta los factores anteriores.

Después, su cotero de confianza llevará la cantidad acordada hasta el local, el dinero que cobre el cotero por su trabajo corre por cuenta de los comerciantes. Felipe nos lo explica muy claramente:“los coteros son un gasto que no va incluido en la ganancia. Nosotros les pagamos entre $60 mil y $70 mil pesos porque la zona de carretas queda lejos de la bodega”. Una vez la cebolla esté en el local se le hacen los arreglos correspondientes y se prosigue a venderla. El pago se hace en efectivo y a partir de ese momento los siguientes gastos corren por parte del comprador. El comprador distribuye el producto a los supermercados y ahí termina el proceso por el que deben pasar la mayoría de alimentos para que estén ahí en la vitrina de los supermercados.

En Colombia durante todo el año, hasta el mes de septiembre el incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) varió un 4,76%. Los alimentos presentaron una variación en el mes de septiembre de 1,29% acumulando un 7,12%, en lo corrido del año.

Esto tiene una directa relación con los factores que analizamos anteriormente, adicionando que desde mediados de este año se ha anunciado la llegada del Fenómeno del Niño y teniendo en cuenta que el mes de septiembre comenzó con un dólar en 3,079 pesos.

En comparación con otros países, Colombia presenta un precio elevado de los alimentos porque, a diferencia de nuestro país, en otras partes del mundo conocen la importancia de tener un campo competitivo. Actualmente, por ejemplo las frutas representan una pequeña cantidad del cultivo en Colombia, convirtiendo a Chile en el principal productor de peras, manzanas y uvas.

El pequeño campo colombiano tiene la tarea de abastecer de alimentos a todo el país; las Unidades de Producción (UP) en Colombia están siendo utilizadas de la siguiente manera: el suelo comprendido por más de 1.000 hectáreas es utilizado en un 41,2% a la agricultura y el 33,6% son bosques sin ningún tipo de uso, a diferencia del suelo comprendido por menos de 5 hectáreas es utilizado en un 70,5% a la agricultura.

Felipe entiende perfectamente esta situación y afirma que “a la gente no le gusta sembrar, muchas fincas que estaban destinadas para la producción agrícola, pero lastimosamente lo que fue la pérdida de cultivos , los insumos agrarios muy caros, eso hace que el campesino se desmotive”. Sin embargo, a comienzos de octubreel presidente Juan Manuel Santos presentó en Plan Siembra con el que pretende hacer del campo un lugar más competitivo. Esperemos que este plan le dé más garantías para al campesino colombiano para poder competir con los alimentos que llegan de otros países, que cada vez son más.

Son las ocho de la mañana, hora en la que Felipe se turna con sus padres para ir a desayunar. Sin embargo, prefiere recorrer con nosotras las calles de Corabastos. Nos muestra los lugares con la seguridad de quien ha pasado muchos años aquí; cada paso que da podría hacerlo con los ojos cerrados. Es imposible no dejarse encantar con el paraíso que es Corabastos; es imposible no dejarse llevar por el olor que recuerda los campos colombianos.

*Este artículo fue publicado en el periódico “Aula y asfalto”, de la Universidad Central

Temas relacionados