Un ejemplo para imitar

Las alcaldías de Alejandro Char y Elsa Noguera demuestran que el continuismo no siempre es sinónimo de malos resultados. Informe especial de El Espectador, en el bicentenario de la ciudad.

Mucho debe haber sucedido desde que Gabriel García Márquez, siendo apenas un joven periodista, publicó en 1955 en El Espectador un reportaje sobre Bocas de Ceniza en el que acuñó la frase: “Barranquilla es una ciudad sin historia”. Dicen que se refería a que en ese entonces sólo existían unos tres libros —valiosos y útiles— sobre el pasado de la ciudad, escritos por intelectuales sin formación académica.

Lo cierto es que, más allá de ser llamada “La Puerta de Oro de Colombia” y de ser reconocida mundialmente por su carnaval y por ser la “casa” de la selección colombiana de fútbol, la capital atlanticense pasó a ser considerada en la segunda mitad del siglo XX un fortín estratégico, no sólo en lo comercial o cultural, sino también en lo político. Y la historia, al menos la reciente, habla de una generación de dirigentes que, para bien o para mal, poco espacio ha dado a la renovación.

En la actualidad son seis los senadores nacidos en su suelo: Efraín Cepeda y Roberto Gerlein (Partido Conservador), Fuad Char (Cambio Radical), Armando Benedetti y José David Name (Partido de la U) y Álvaro Ashton (Partido Liberal). Para las elecciones al Congreso de 2010, el potencial electoral fue de 894.821 ciudadanos. Un jugoso botín que las castas políticas no están dispuestas a soltar y por el que se pelean en cada proceso electoral, bien sea legislativo o de autoridades locales y regionales.

De hecho, hay quienes desde ese poder hacen un mea culpa y creen que esa historia a la que se refiere García Márquez ha sido injusta. Como Roberto Gerlein, precisamente uno de esos “barones” electorales y hoy el miembro más veterano del Congreso —a donde llegó por primera vez en 1968—. “Me parece que la importancia política de Barranquilla ha sido inferior a lo que su potencial económico, humano y social le hubiese permitido aspirar. No hemos tenido un presidente de la República y nuestros voceros en el gabinete ministerial han sido escasos”, dice.

Para Gerlein, los progresos que hoy muestra la ciudad han sido, más que todo, el resultado de campañas cívicas de personajes notables. Y recuerda, por ejemplo, que “las Bocas de Ceniza, la obra más importante que la Nación haya construido, fue resultado del trabajo de una junta cívica que presidió don Tomás Suri Salcedo. Tuvimos un vicepresidente, Gustavo Bell, pero la verdad es que ni en su vicepresidencia ni en su ministerio de Defensa, Barranquilla recibió nada importante de su gestión”.

Una visión crítica que entra a reforzar el también senador Armando Benedetti, quien está convencido de que Barranquilla será la ciudad modelo en el país de los próximos 35 años, “no por sus políticos sino por los tratados de libre comercio y porque la gente entendió que era mas fácil tener la industria cerca del mar para exportar. Pero en Barranquilla todavía seguimos ‘fregados’, porque están los mismos actores políticos de hace 25 años y los mismos contratistas. Y sólo cuando cambian los contratistas, cambian los actores políticos”.

En ese futuro en el que están centradas las miradas políticas o, mejor, de la nueva política. Un concepto general es que los últimos años han significado un salto, que antes era impensable, de desarrollo y pulcritud en el manejo de la ciudad. “Barranquilla es hoy, como lo fue Bogotá hace algunos años, un modelo de ciudad en la que sí es posible construir sobre lo construido, independientemente del color político de quienes estén al frente de las administraciones. El manejo responsable de los recursos y la inversión en sectores estratégicos son ejemplos que otras ciudades están imitando”, resalta el periodista Óscar Montes, jefe de redacción del diario El Heraldo.

La conclusión de este análisis, curiosamente, es que el continuismo político no siempre es sinónimo de debacle y corrupción. Porque aun con tareas pendientes, todos en la ciudad y en el país reconocen que con la llegada de Alejandro Char a la Alcaldía en 2007 y la de Elsa Noguera —quien fuera su secretaria de Hacienda— en 2011, se vieron los frutos en materia de salud financiera y administrativa, en equidad social, en desarrollo en infraestructura y en muchos otros frentes.

Que Barranquilla avanza con firmeza y esperanza hacia el futuro, de eso no cabe duda. Por eso hay quienes creen que a esa vieja clase política que hoy siguen representando los Char, los Name o los Gerlein, y que sigue enfrascada en viejas rencillas en defensa de sus feudos burocráticos, le tocará tarde o temprano entender que las transformaciones se darán con o sin ellos. Entonces seguramente tendrán que montarse en la locomotora de ese desarrollo, que sin duda incluye lo político, o quedarse sentados en el ostracismo mientras Barranquilla va hacia adelante.

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