Un proyecto que busca dar nuevos usos a las colillas de cigarrillos

En Pereira, un grupo de estudiantes busca degradar estos residuos a través de un microorganismo y convertirlos, por ejemplo, en portadas de cuadernos.

La recolección de colillas de cigarrillo para dar nuevos usos a este material se ha convertido en un proyecto integrador: “Mi Colilla Nuestra Ciudad” es un colectivo que lleva tres años investigando cómo hacerlo; con estudiantes y profesionales de diferentes áreas y con Leopoldo Benítez (biólogo mexicano) va rumbo a dar un impacto ambiental en Pereira y en el país. Hablamos con Andrea Chica, una de las fundadoras del colectivo que pronto será fundación y con Leopoldo Benítez, ficha clave para el desarrollo de la investigación.

“Cuando apenas estábamos empezando alguien nos dijo: «Muchachos, no caigan en el síndrome del Capitán Planeta»”, ellos cayeron y hoy el proyecto es una realidad. Durante el primer semestre del año 2013, la Universidad Tecnológica de Pereira se encontraba en paro estudiantil. En algún pasillo del campus universitario, tres estudiantes: Andrea Chica, Daniel Zapata y Javier Santa, platicaban sobre el qué hacer mientras durara el cese de actividades académicas. Dialogaban sobre temas sociales y ambientales; buscaban realizar algo con los residuos que para ellos, podrían tener más usos.

Después de pensar qué podían hacer con llantas, telas, vidrios o cerámicas, se encontraron con que en Estados Unidos se estaba haciendo algo con las colillas de cigarrillos; una empresa llamada Terra Cicle, con presencia en varios países, obtenía plástico a partir de un proceso de combustión. Plástico que luego comercializaban. También en México, dos personas habían logrado hacer tapas para cuadernos después de un proceso biodegradable con las colillas de cigarrillos. ¿Por qué nosotros no podemos hacerlo? Se preguntaban. Allí nació lo que hasta hoy se llama “Mi colilla Nuestra Ciudad”.

“Nosotros vimos una muy buena oportunidad, porque en el país no se ha hecho nada al respecto. Ningún proceso fuerte.

Encontramos una tesis de Leopoldo Benítez, un biólogo mexicano que encontró un microorganismo que degradaba las colillas. Eso nos interesó; comenzamos a indagar más, preguntamos en la universidad, pero no nos pusieron mucho cuidado. Nadie conocía sobre el tema. Estuvimos buscando en la Universidad Libre de Pereira con el laboratorio de microbiología y la respuesta fue: ‘documéntense’. Porque nosotros llegamos solo con la información básica de la primera búsqueda”, cuenta Andrea Chica, una de las fundadoras del proyecto.

La siguiente tarea era contactarse con Leopoldo, quien daría pies y manos a una idea nacida en los pasillos de una universidad. Él les facilitó la tesis, al leerla notaron que tenía un lenguaje técnico que su formación no les permitía entender a cabalidad. Por ello integraron otra persona: Santiago Preciado, estudiante de tecnología química que se encargó de escudriñar la tesis y explicarles cómo era el proceso. Consiguieron una cepa* certificada para ensayar y empezaron a hacer todo el proceso con tecnoparque (programa de innovación tecnológica del SENA).

Allá abrieron un proceso en el laboratorio pero solamente ensayo-error con la recolección de las colillas. Paralelo a ese proceso reproduciendo la cepa, iniciaron un plan piloto con tres bares: El Parnaso, El Barista y Raíces. En estos establecimientos instalaron tres contenedores que eran exclusivos para colillas, que recogían una vez al mes para llevarlas al laboratorio.

“Nos dimos cuenta de que en los bares echaban muchas más cosas: limones, vasos, cajas de cigarrillo. Ahora estamos en un proceso pedagógico y publicitario para que la gente solo bote la colilla. Esos contenedores los pudimos mandar a hacer gracias a la CARDER (Corporación Autónoma Regional de Risaralda) a través de unos proyectos que ellos tienen. Ellos nos dieron $1.200.000 con eso pudimos hacerlos y aún están en los bares.

Los contenedores son de acero inoxidable. El diseño lo hizo un compañero de Diseño Industrial”. De esa manera el proyecto integraba diferentes formaciones: desde el medio ambiente, la química y también el diseño industrial. Una muestra de trabajo en equipo.

Los integrantes del proyecto ahora son seis: Santiago Preciado y Tatiana Marín (estudiantes de Tecnología Química), María Isabel Cruz (Estudiante Diseño Industrial), Javier Santa y Daniel Zapata (Ingenieros Industriales) y Andrea Chica (estudiante de administración ambiental). Es poco o nulo el apoyo que han tenido por parte de la universidad, aunque dicen que no ha sido ningún problema, su prioridad en el momento es convertirse en una fundación, ya que temen que al no estar formalizados, cualquiera pueda llegar y adueñarse del proyecto.

“Mi Colilla Nuestra Ciudad” ha generado impacto en Pereira, no solo ha sido la implementación de los contenedores en algunos bares, también han realizado recolectas masivas vinculando a las personas a que les ayuden a recoger las colillas.

“Nosotros sabemos que se puede hacer algo más que tapas para cuadernos, pero aún no hemos llegado a esa etapa, porque no tenemos la materia prima que se obtiene en tres meses, que es la vida útil del hongo. Tres meses se demora esa colilla para convertirse en una materia que yo pueda utilizar para la elaboración de un producto; ya tenemos el proceso en mente y gracias a Leopoldo también tenemos la referencia de las tapas. Ese es el primer producto que se ha hecho y ya lleva tres años y está en perfecto estado. ¿Cuál es nuestro interés? Indagar que más podemos hacer a partir de ese material”.

Los pasos para lograr que lo que una vez fue colilla de cigarrillo, pase a ser otra cosa: “tapas para cuaderno” por ejemplo, no son pocos. Tras muchos intentos fallidos en el laboratorio, ya pueden decir que están sobre ruedas. Hasta el momento llevan recolectadas más de cien mil colillas: después de las campañas de recolección, las llevan a un lugar de acopio, luego pasan a un proceso de bioremediación y allí deben esperar tres meses para que se obtenga la materia prima. "Mi Colilla Nuestra Ciudad" ya está a la espera de que pasen esos tres meses. Gracias a la visita de Leopoldo Benítez pudieron esclarecer muchas dudas y errores que estaban cometiendo. Ahora solo deben esperar.

Temas relacionados