Un salto cultural para San Andrés

Con motivo de la apertura del nuevo Centro Cultural del Banco de la República presentamos las palabras en el acto inaugural de su director Weildler Guerra Curvelo. Una apuesta por la paz y el crecimiento cultural del territorio nacional.

En este acto inaugural me presento con sumo respeto ante la sociedad del archipiélago como alguien nacido a orillas del Caribe. 
 
Mis antepasados amerindios están emparentados con sus ancestros: pueblos que poblaron el gran arco de las Antillas hace miles de años. Soy también un antropólogo, que se ha interesado en el conocimiento tradicional de los pueblos del mar en Colombia cuyas taxonomías sobre el paisaje y los seres marinos se encuentran la espera de ser valorados como componente cardinal del patrimonio cultural universal.
 
En este Centro Cultural tendremos un grupo humano entusiasta que combina juventud y experiencia cuyos miembros, en su mayoría, son oriundos de este archipiélago. Aquí estarán disponibles ricas colecciones como la de Circuitos del Caribe que contiene material bibliográfico sobre temas claves relacionados con las identidades de la región y que busca dar un contexto histórico y regional a algunos de los rasgos más importantes de la cultura isleña.
 
Los usuarios de estas salas encontraran en ellas, además de colecciones especiales, las obras de connotadas figuras de la literatura como Hazel Robinson, Juan Ramírez, y el valioso e inolvidable amigo e investigador Oukley Forbes, entre otros destacados representantes del quehacer cultural del archipiélago.
 
Promover y generar conocimiento desde el Caribe tiene insospechados precedentes históricos. Los pueblos primigenios que ocuparon estas y otras islas del Caribe, sus ancestros, debieron emprender una vasta tarea de nominación del extenso universo marino pletórico de seres y paisajes. Se vieron obligados a subsumir la diversidad de la vida real en un conjunto básico de categorías de relación entre las plantas, los animales y los humanos. 
 
Siglos después, piratas y corsarios como Francis Drake, no solo acopiaron metales preciosos, sino un singular conocimiento sobre los mares y la naturaleza de América. El famoso Manuscrito Drake elaborado hacia 1590 contempla casi doscientas ilustraciones sobre las gentes, la flora y la fauna del Caribe. Las ilustraciones reflejan también una mirada permeada por las fantasías medievales, peces como el mero, el jurel y el bonito fueron pintados con grandes colmillos y orejas de perro. Ello intentaba reflejar un Nuevo Mundo que constituía en ese entonces una especie de promesa moral.
 
Gran parte del conocimiento de las personas del archipiélago y del Caribe está anclado en la oralidad. Este puede encontrarse bajo la forma de cuentos etiológicos, mitos o en poderosas metáforas que ordenan el universo y constituyen modelos para la acción. De allí la importancia de nuestra sala de creación y del Centro de Memorias Orales. En este se registrarán conocimientos histórica y socialmente situados que deben ser difundidos y valorados en la región y en el país. Son mucho más que hermosas narraciones para niños. Estos relatos son las variadas formas en que un grupo humano piensa, crea, (re)formula y teoriza acerca de su conocimiento por medio de las formas tradicionales de comunicación, anclando la confianza de ese discurso en la cultura.
 
Los territorios afirma Hugh Raffles “se constituyen de manera activa y continua mediante la conjunción de muchos fenómenos humanos y no humanos: el trabajo físico, los relatos, la imaginación, la memoria, la economía política, las plantas, los animales y los agentes geofísicos tales como las tormentas tropicales y las mareas”. Nuestras “identidades” al igual que esos movimientos del Caribe no son estáticas, se encuentran en permanente reelaboración y se mueven al compás de un mar en el que debemos buscar tanto las huellas del pasado como las señales del futuro.
 
En nuestra sala infantil se encuentra un hermoso mural y también textos sobre la araña Anansi, protagonista de numerosas historias en las que aparece dotada de conciencia, astucia, atributos y capacidades sociales. No muy lejos de aquí, en el litoral Caribe de Colombia y Venezuela se habla de otra araña, Wale’keru, poseedora de conocimientos que transmitió a las mujeres wayuu para que cultivaran el complejo arte del tejido. Ello nos muestra que detrás de estos arquetipos hay una concepción del universo que ve este habitado por múltiples comunidades de seres sintientes las cuales adoptan una variedad de formas corporales. En el marco de esta visión se considera que tanto humanos como animales y otros tipos de seres pueden tener puntos de vista y aprender uno del otro.
 
Esa es nuestra principal tarea como grupo humano responsable de este Centro Cultural buscar esas arañas mitológicas presentes en otras partes del Caribe y hermanarlas en el tejido del conocimiento, las artes y la cultura.
 
 
*Weildler Guerra también dirigió el Observatorio del Caribe Colombiano. Es candidato al doctorado en Antropología de la Universidad de los Andes.
Temas relacionados