Una apuesta que va más allá del simple entretenimiento

Con un nombre que hace memoria de la violencia nazi contra los LGBTI, rendirá tributo a José Manuel Freidel. Bogotá, Barranquilla, Cali y Medellín, los escernarios.

El dramaturgo José Manuel Freidel, asesinado en 1990, será homenajeado este año en el Ciclo Rosa. / Carlos Lema

Desde hace tres versiones, el Ciclo Rosa Audiovisual volvió a la vida gracias a la gestión de algunas entidades como la Cinemateca Distrital, entre otras, y se convirtió en un espacio no sólo para la difusión de las artes audiovisuales, sino también para poner el dedo en la llaga de nuestra tan conservadora “patria”.

¿Por qué es tan importante el Ciclo Rosa Audiovisual? Es sencillo: que esta significativa muestra, liderada por el Idartes y su Cinemateca Distrital, se haya logrado posicionar como uno de los proyectos más prometedores en el panorama audiovisual nacional no es gratuito. Detrás de ella existe un trabajo dedicado, serio y comprometido de gestores, programadores, académicos y voluntarios que, más allá de organizar un simple festival de cine, han logrado articular una propuesta estética desde las artes audiovisuales con componentes de las artes escénicas, las artes plásticas y visuales, la academia y el activismo social para, sin mucho discurso político, poner en la agenda nacional los derechos de las personas con orientación sexual e identidad de género no normativa o, simplemente, la “comunidad LGBT”.

Julián David Correa, gerente de artes audiovisuales del Idartes y director de la Cinemateca Distrital, ha hecho un excelente trabajo con el ciclo. Dice que “cuando creamos el Ciclo Rosa lo hicimos pensando en valorar la diferencia: son las personas diferentes las que impulsan las transformaciones sociales y la evolución de la especie. Con el Ciclo Rosa disolvemos fronteras: fronteras estéticas y los límites que dicen que todos debemos ser iguales en idioma, religión, política y sexualidad”.

Y el Ciclo Rosa, desde su mismo nombre, ya le imprime un significado a este encuentro de formas de transitar por el mundo, pues se deriva del triángulo rosa utilizado por los nazis para marcar a los homosexuales antes de su ejecución. En pocas palabras, el ciclo también hace memoria de la violencia física y verbal que han sufrido quienes actúan y piensan distinto. Es por eso que, más allá de presentar una grata selección de películas y cortos, el Ciclo Rosa Audiovisual tiene un alto compromiso social en la transformación de imaginarios, lo cual quizás sea necesario para que diferentes grupos de nuestra tan patriarcal, machista y goda Colombia empiecen a entender que acá también existen otras realidades.

En años anteriores, el Ciclo Rosa Audiovisual ha homenajeado a personas como el director de cine Luis Ospina y a la revista Acento. Este año el turno es para José Manuel Freidel, quizás uno de los dramaturgos y actores más inspiradores en la historia del teatro colombiano y quien fue asesinado hace más de dos décadas. ¡Ay días, Chiqui!, obra de Freidel que habla sobre los crímenes de odio contra travestis de la capital antioqueña en la década de los ochenta, será una lectura dramática encarnada por el actor Alejandro Jaramillo Hoyos y bajo la dirección de Adela Donadio, con la cual se conmemorará a quien fue otra de las tantas víctimas de la violencia nacional. Igualmente, una muestra de cine sueco compuesta por 14 películas curadas por Oscar Eriksson, director de Cinema Queer en Estocolmo, es otro de los imperdibles de esta edición del Ciclo Rosa Audiovisual que se realizará en Bogotá entre el 5 y el 15 de junio en la Cinemateca Distrital y salas asociadas; en Barranquilla, entre el 13 y el 18 de junio; en Cali, entre el 25 y el 29 de junio, y en Medellín, entre el 9 y el 13 de julio.

El Ciclo Rosa fue creado en 2001 gracias al impulso de la Cinemateca Distrital, el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana, el Goethe Institut y el Centro Colombo Americano de Medellín. Con el paso de los años, entidades como Colombia Diversa, el Museo La Tertulia, la Embajada de Suecia, la Cinemateca del Caribe, entre otras, se han vinculado a esta iniciativa que no sólo busca presentar una selección de buen cine nacional e internacional, sino también hacer visible la vida de a quienes otros quieren callar por pensar, sentir y desear distinto.