"Por una Colombia incluyente"

Con motivo del décimo aniversario de la ONG, El Espectador publica a partir de hoy una serie de diez artículos sobre las batallas de la comunidad LGBTI en el país.

Colombia Diversa nació en 2004 con el propósito de trabajara por los derechos de la población LGBTI. Una de las principales batallas ha sido por el matrimonio igualitario. / Óscar Pérez

Todavía tengo en mi mente la primera vez que un proyecto de ley sobre derechos de parejas del mismo sexo logró pasar su primer debate en la Comisión Primera del Senado. Era el año 2000. Estábamos alrededor de la misma gran mesa ovalada en la que sesiona la Comisión, y recuerdo muy bien cómo nos abrazamos de felicidad y cómo los ojos de la senadora Piedad Córdoba se llenaron de lágrimas.

En 2002 iniciamos una vez más, y con el mismo ánimo, el debate de otro proyecto de ley que pretendía el reconocimiento de derechos patrimoniales y de seguridad social para las parejas del mismo sexo. Es decir, lo mínimo.

Con debates pobres en argumentos y ricos en prejuicios y señalamientos, llegamos a la plenaria del Senado. Nunca olvidaré la entrada del expresidente López Michelsen al salón elíptico para apoyar el proyecto. Habló de la aprobación durante su gobierno de importantes reformas por la igualdad, como corresponde a un Estado liberal —por ejemplo, el matrimonio civil, el divorcio y la presencia de seis mujeres en su gabinete—, y terminó con una aclaración genial: “Señores congresistas, no se alarmen, este proyecto habla de patrimonio, no de matrimonio”.

Durante las discusiones, fueron tristemente célebres las cartas directas del cardenal Rubiano, el monseñor de entonces, a los congresistas por los que los católicos habían votado. Fue el tiempo de aquellos vergonzosos avisos de prensa pagados, página entera, todo color, suscritos por un expresidente de la República, un general retirado, un grupo religioso y una exreina de belleza, entre otros, y publicados en El Tiempo y El Espectador en su edición dominical. En ellos se acusaba a los homosexuales de ser los causantes del sida, la caída de Sodoma y Gomorra, el abuso sexual de niños, de cómo Colombia estaba siendo atacada por la intervención extranjera, y se ilustraba con fotos de “supuestos homosexuales masculinos”, claramente provenientes de países nórdicos.

Dichos avisos, en lugar de generar solidaridad, produjeron en los lectores rechazo, discusión y asco. En ese tiempo no se hablaba de igualdad y lo más común era no estar de acuerdo con ella, pero era indigno tratarnos con tanta saña. Debo decir que gracias a esos avisos creció nuestro dolor. Algún día me preguntaron qué nos llevó a fundar Colombia Diversa, y lo que me salió fue el recuerdo de esa sensación tan dura.

Los activistas veníamos trabajando en lo que llamábamos un “comité de impulso ciudadano del proyecto de ley”. Creamos subcomisiones de trabajo, nos reunimos, escribimos documentos técnicos. Así conocí a Virgilio Barco, quien se unió al grupo. Una de sus primeras ideas fue la gestión de un aviso de prensa firmado por académicos, líderes sociales, políticos y activistas para responder con argumentos serios y desafíos intelectuales a las publicaciones infames.

Teníamos poco dinero y nuestro aviso no pudo salir en edición dominical, pero marcó un precedente. Se titulaba “Por una Colombia incluyente”. Viéndolo ahora, me doy cuenta de que esos avisos ofensivos nos sirvieron para entender que no estábamos solos. A partir de entonces nunca más íbamos a tolerar que nos trataran así. El comité de impulso, cuyo objetivo es la incidencia en el Congreso de la República, sigue funcionando.

El proyecto de ley fue votado negativamente en agosto de 2003, como ha sido la constante en el Congreso de la República hasta hoy. Vale recordar que lo logrado hasta ahora ha sido gracias a la Corte Constitucional, en la que seguimos confiando. Después, Virgilio Barco y Andrew Dier propusieron que evaluáramos el proceso y que pensáramos en la idea de una organización que trabajara de manera estratégica y sistemática en el tema de la igualdad, y no sólo alrededor de los proyectos de ley. Entonces se vincularon Germán Humberto Rincón y Carlos Iván García.

Recuerdo las jornadas intensas y juiciosas —sumadas a las de nuestros empleos de entonces—, en las noches y los fines de semana. El diagnóstico, la planeación estratégica, el recorrido por lo que ya habían avanzado otros y pensar en lo que faltaba y cómo hacerlo. El nombre. Necesitábamos un nombre que convocara a mucha gente y no sólo a “gays y lesbianas”, que no generara rechazo y que resumiera nuestra idea de una sociedad abierta y democrática. Una idea dinámica, en la que incluso los cinco gestores, tan distintos, nos sintiéramos convocados.

Esta idea se concretó en 2004, cuando inscribimos oficialmente a Colombia Diversa como una organización sin ánimo de lucro que trabajara por lesbianas, gays, bisexuales y personas trans, que pusiera en el centro de la agenda pública los derechos humanos de esta población, que, de manera técnica y profesional, demandara respuestas del Estado colombiano y que, sobre todo, convocara el apoyo de muchas personas, a las que no nos cansamos de agradecer. Ese era el momento. Ya no estábamos solos.

 

 

*Exdirectora de Colombia Diversa.

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Marcela Sánchez Buitrago*, Especial para El Espectador

Nacional

"Por una Colombia incluyente"

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