"Es una herida permanente"

Roberto Camacho, corresponsal de en el Amazonas, fue asesinado el 16 de julio de 1986. Su homicidio continúa impune. Había revelado la influencia del narcotráfico y previó sus consecuencias.

“Una densa y pesada estela de dolor aún sigue vigente en mi corazón. Tal vez no con la misma fuerza de hace 27 años, pero está. Así haya transcurrido el tiempo, y crea que puedo contar sin dolor y sin que se quiebre la voz aquel trágico episodio que presencié en vivo y en directo cuando tenía 14 años. Finalmente uno aprende que este es un sentimiento con el que hay que vivir. Es como una herida permanente que cada vez que se toca, despierta, siempre está.

A mi papá lo mataron en ese momento en que necesitaba con mayor presencia sus abrazos, sus consejos, sus llamados de atención. Era él, con su sabiduría y su inteligencia, en el entorno familiar quien debía completar mi formación. Pero en un abrir y cerrar de ojos ya no estaba, lo habían arrebatado de mi vida, privando a mis tres hermanos y a mi mamá de su fuerza, de su entusiasmo, de sus ganas de convertir el mundo en un lugar mejor.

Cómo no recordar su trabajo con la comunidad campesina e indígena, sus caminatas eternas en medio de la espesura de la selva, sus salidas en chalupa atravesando el Amazonas, las reuniones que convocaba o a las que era convocado, las gestiones ante instituciones de gobierno para conseguir recursos que dieran mayor oportunidad de vida a los ciudadanos del Amazonas.

Cómo tener certeza de que esta comunidad no sólo perdió un amigo, un hermano, un doliente de sus problemas, sino que también perdió el líder, el profesor, el hombre amoroso que lograba con amor calar en la mente y en el corazón de los habitantes del Amazonas.

Y cómo no recordar cuando me ponía frente al teléfono de disco a marcar mil veces para comunicarse con Bogotá, ya fuera para dictar las columnas que publicaba en El Espectador o para comunicarse con la rotativa que imprimía el periódico Ecos del Amazonas, del cual era fundador y director. Esta y otras anécdotas forman parte de los recuerdos de un incansable trabajo que fue vilmente truncado por un asesino con mente egoísta y perversa.

¿Qué quedó? Una honda tristeza cuando recuerdo que no está, una familia incompleta y lo peor, tal vez, una comunidad que lloró su muerte, que sintió su ausencia; unos lectores que lamentaron el silencio de su voz, de sus publicaciones periódicas, una investigación que se refundió, que se ahogó entre la fila de expedientes e intereses de la época. No sólo quedó el vacío de su ausencia, también quedó la injusticia. Este es un asesinato al que NUNCA se le hizo justicia. Eso quedó”.

 

* Hija de Roberto Camacho

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