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Una matemática contra el zika 

Karen Cecilia Flórez usa las matemáticas para cuidar a los colombianos. Como investigadora de Uninorte, se ha concentrado en luchar contra enfermedades como el zika y otras, a partir del análisis de datos.

Karen Cecilia Flórez Lozano. Uninorte

Desde niña, Karen Cecilia Flórez Lozano se inclinó por las matemáticas. Esta barranquillera de 37 años es bachiller de La Normal de Fátima, en Sabanagrande, y egresada de licenciatura en matemáticas y física de la Universidad del Atlántico. Hizo su especialización y maestría en Estadística Aplicada en la Universidad del Norte, donde ejerce la docencia hace diez años en el Departamento de Matemáticas y Estadística. Define las matemáticas como “el pan de cada día, la realidad y el mundo”. 

Su primer acercamiento al área de la salud fue en 2009, cuando el doctor en salud pública Rafael Tuesca, también docente de la Uninorte, le pidió el favor de dar un curso de estadística contextualizado en epidemiología. Tras una buena presentación, le propusieron dar cursos de estadística en la maestría en salud pública y epidemiología de la universidad. Con la oportunidad de estudiar en el extranjero, gracias a una beca de la Fundación Carolina, sus colegas no dudaron en incentivarla para postularse a la beca. 

El primer año de doctorado en Valencia fue de adaptación académica y cultural. Fue “muy fuerte” –evoca– por el cambio de cultura, de universidad y de empezar otra vez la dinámica de estudiante. La tesis que trabajó se llamó “Desarrollo de modelos bayesianos para el análisis de datos de salud”, que trató modelos estadísticos para estudiar el riesgo de las enfermedades. ¿Qué probabilidad tiene una persona de ser afectada por el virus del zika en Barranquilla y en Valencia? O, ¿qué riesgo tiene alguien que vive en el Amazonas de adquirir el dengue? Estas son algunas de las preguntas a las que la profesora Karen Flórez busca dar respuesta.

Su línea de investigación trata de estudiar cómo se distribuye una determinada enfermedad a nivel geográfico, desde cómo aparece hasta cómo el riesgo de la misma se relaciona con el riesgo en sus áreas vecinas; también el estudio a nivel temporal para ver cómo va evolucionando la enfermedad, cómo va cambiando, dónde se dispara y buscar las causas subyacentes a la aparición.

“Estudiar en el extranjero es como llevarte un saco gigante y traerlo cargado de muchas cosas positivas, aunque también pasaron cosas no tan positivas. Pero bueno, de eso está hecha la vida, de ires y venires”, afirma la docente.

Durante el segundo año de doctorado, a mediados de 2013, quedó por primera vez embarazada de gemelos, pero debido a la alta prematuridad no sobrevivieron. Fue un golpe duro para su vida en pleno doctorado. “Tenía dos opciones: o quedarme ahí y decir que ya no seguía el doctorado porque no podía tener mis hijos o pasar la página y terminar mis estudios”, puntualiza.

Decidió continuar sus estudios sin problema y en enero de 2015 se enteró de que estaba embarazada otra vez. Cuando faltaba el último capítulo de la tesis nació su hija Valentina, como dice ella, “su mejor tesis”.

La barranquillera hizo el último año del doctorado con un cerclaje uterino para evitar una posible dilatación durante la gestación. En junio de 2016, a su llegada a la universidad, en un brazo traía consigo a Valentina y en el otro la tesis. 

En agosto de 2016 la barranquillera se postuló a una convocatoria de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud para estudiar el zika en Latinoamérica y lanzar una propuesta de investigación. En enero le confirmaron que la propuesta fue una de las 15 aceptadas en 2017, entre 96 postulantes.

Hoy trabaja con el Instituto Nacional de Salud, el grupo de investigación de matemáticas y la UNI de Salud Pública de la Uninorte, en un proyecto que trata la modelización del riesgo de zika y el estudio de su distribución espacial y temporal en Colombia. Además, es coinvestigadora de un proyecto sobre la diabetes en Europa.

“Liderar el proyecto de investigación del zika ha sido una experiencia muy positiva, ha sido un trabajo interdisciplinario”, señala. Su equipo —explica— ha ido descubriendo y confirmando la relación que existe entre las variables bioclimáticas y el riesgo de zika en cada uno de los departamentos del país.

* Texto de periodistas de Uninorte.

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Redacción Salud*

Nacional

Una matemática contra el zika 

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