Una urna para guardar la memoria de la Universidad Central

Para conmemorar los 50 años de la institución, la empresa Fichet donó una urna en la que se guardarán distintos documentos y que no será abierta sino hasta 2066.

La urna que no se abrirá sino hasta 2066 en la Universidad Central.Cortesía

Las universidades, como instituciones que duran décadas, suelen ser testigos de la historia: no solo de la suya, sino también de la ciudad e, incluso, del país donde están. El legado que dejan las instituciones suele ser invaluable, gracias al conocimiento que allí se gesta.  Su impacto, en pocas palabras, no se queda solo al interior de los salones de clase.

Por eso, para el aniversario 50 de la Universidad Central, la empresa Fichet (una empresa de origen francés que lleva más de dos siglos en el mercado de las urnas y las cajas fuertes), donó una urna a la institución para allí guardar documentos y otros objetos que sirvan para mostrar, dentro de varias décadas, el legado de la universidad, no solo para sus estudiantes, sino también para Bogotá y para Colombia. La urna, que se selló este miércoles en la mañana, tiene un epitafio que deja ver su objetivo: “Legado central, una urna llena de historia. Universidad Central 2016-2066”.

Y es que en su interior se guardaron varios objetos que permiten entrever un poco de la historia de esta institución: el acta de fundación de la Universidad Central, una estola de grado, un mosaico con las fotos de los rectores que han dirigido la institución, un robot diseñado por el departamento de Ingeniería Electrónica, el primer trofeo que ganó la universidad en unos Juegos Nacionales e, incluso, cartas de amor que se encontraron en el antiguo Teatro Faenza. Estos y otros estarán durante cincuenta años en una urna de 99,5 cm de alto por 62 cm de ancho y 53.4 cm de fondo, con un peso de 570 kg.

La importancia de esta urna la resume Carlos Ballen Montoya, presidente de Fichet en Colombia, cuando asegura, en entrevista con El Espectador, que “garantiza que se guarde la memoria”.  A lo que se suma, en su opinión, algo que resulta curioso: en 2066, cuando por fin se vuelva abrir la urna, que tiene una cerradura mecánica, los que hoy son estudiantes de la Universidad Central, estarán próximos a cumplir 70 años, lo que los convierte en “testigos de excepción”, pues “vivirán estos 50 años y, además, verán los 50 años que dejamos nosotros como lo que consideramos importante”.

Carlos Ballén, presidente de Fichet Colombia. Foto: Cortesía.

Además, Ballen explica la importancia de esta urna en una institución como la Universidad Central por su papel que ha tenido en el crecimiento de Bogotá. Pues cuenta que “al vincularnos a la universidad, recordé que está el gran proyecto de la zona oriental de Bogotá, que toma los 14 km del centro. Y nos lleva a imaginar, como, conn todas las universidades que hay en ese sector, se está gestando un nuevo campus universitario muy grande”.

Pero, más allá del carácter anecdótico que este tipo de iniciativas puedan tener, su importancia se traduce en que los objetos son, en cierto modo, testigos de primera mano de una época un tanto convulsa para Colombia. “Hablar de todos los años de violencia en Colombia no es muy agradable, pero hay muchos libros que lo plasman y que hemos sugerido que deben ir dentro de esta urna. Y qué más que el galardón dado a Colombia en cabeza del presidente Santos, la venida del papa Francisco y todos estos eventos que le han dado protagonismo a Colombia. Bien vale la pena tener un resumen allí”, afirmó Ballen.

Una importancia que no se puede negar, si se tiene en cuenta que la de la Universidad Central no es la primer urna que se guarda hasta por un siglo para la conmemoración de alguna fecha de especial importancia. Es el caso de la que guardó el Concejo de Bogotá, durante la conmemoración del primer centenario de la independencia de Colombia. Para esa ocasión, cuenta Ballen, el secretario del concejo en esa época, Antonio María Londoño cerró una urna, también Fichet, y dejó a recado que se abriera explícitamente dentro de cien años, orden que se cumplió y no se abrió sino hasta el bicentenario de la independencia, el 20 de julio de 2010.

La urna fue entregada por Londoño el 31 de octubre donde, además de explicar el sentido de la urna, dice: “(…) acompaño en pliego separado con cubierta de pergamino una de las tres llaves con que fue cerrada la urna, y el inventario de los documentos que ella contiene; esto con el fin de que se sirva guardar en un lugar seguro y con las debidas precauciones, estos documentos y la llave adjunta, para que sus sucesores en esa notaría hagan otro tanto, hasta que sea llegada la fecha en que habrá de ser abierta la urna solemnemente, que será el 20 de julio de 2010”.

Pasaron los años, y aunque en un libro hecho en el que se cuenta la historia de esta urna, se admite que es poco lo que se conoce acerca de su paradero desde 1911, cuando se guardó, sí se sabe que hasta 1969 habría estado en la sede del Concejo de Bogotá, que hoy es el edificio de la Alcaldía Mayor. En ese año, el entonces alcalde de la ciudad, Virgilio Barco Vargas, “manifestó el deseo de que esta pieza conformara la colección de objetos del nuevo museo capitalino. De esa manera, la urna pasó a ser parte de la colección del Museo de Bogotá”.

Lo que si cuenta también este libro es que el rumor de que la urna fue abierta en el transcurso de esos cien años no es cierto. Un rumor que resulta falso por un motivo sobre todo técnico y que demuestra la calidad de lo fabricado por Fichet: “La urna es un objeto pasado, difícil de trasladar, con un mecanismo de seguridad que requiere de la llave para ser abierto y que en términos de conservación no presenta actualmente alteraciones físicas evidentes”.

Después de que pasaran los cien años, que además resultaron fundamentales para Colombia y para todo el mundo, en el Archivo de Bogotá, a las siete de la mañana del 20 de julio de 2010, y con la presencia del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, el exalcalde de la ciudad Samuel Moreno, un delegado del arzobispo de Bogotá, el director del Archivo Nacional y el entonces presidente del Concejo de Bogotá, por fin se abrió esa urna. Y en ella se encontraron documentos, como un álbum de fotografías de los gobernantes de Colombia entre 1810 y 1911, 13 fotografías de distintos monumentos, un plano de Bogotá y hasta una copia del acta de Independencia Nacional, que justifican la importancia de estos actos más de protocolo, como un registro de la memoria, como una forma de contarle a las generaciones lo que sucedió en una época.