Entrevista

“Urge pacto por la paz y la reconciliación”: monseñor Héctor Fabio Henao

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El director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, y su visión sobre la violencia y las posibilidades de superarla.

Durante mucho tiempo y de diversas formas, la Iglesia Católica ha estado muy activa en procesos de construcción de paz, incluyendo diálogos con actores armados, acción humanitaria, acompañamiento a víctimas del conflicto y lo que ha dado en llamarse “paz territorial”. En referencia a poder dejar atrás tantos años de violencia y encarar los desafíos de la paz y la reconciliación, en su visita a Colombia (2017), el Papa Francisco llamó a los colombianos a dar “el primer paso”. En esta entrevista, monseñor Héctor Fabio Henao, Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social (SNPS-Caritas) comparte como está viendo el actual momento del país y llama a construir un Pacto por la Paz y la Reconciliación.

Usted tiene una lectura cercana a lo que está pasando en relación con la paz y el conflicto en Colombia ¿Cómo está viendo el actual momento?

Por la experiencia internacional de Pastoral Social-Caritas, sabemos que los procesos de transición de salida de confrontaciones armadas suelen ser muy complejos en todo el mundo y que, durante los mismos, surgen desafíos que exigen estar permanentemente ejerciendo tareas de prevención en simultáneo con aquellas de mantenimiento de la paz. Colombia atraviesa por unas circunstancias complejas de transición marcadas por la emergencia y/o el fortalecimiento de actores ya existentes en la confrontación armada. Valoramos los avances que se han dado con respecto a los acuerdos de paz en distintos niveles, pero sabemos también que nos espera un largo camino por recorrer para alcanzar la meta de una sociedad reconciliada y en paz. En este sentido consideramos que la participación e involucramiento activo de toda la sociedad colombiana es fundamental y que se requiere el esfuerzo y el aporte de cada sector de la ciudadanía.

¿Qué le genera especial preocupación?

Uno de los mayores desafíos tanto en la implementación de los acuerdos de paz, como en relación con los conflictos actuales, tiene que ver con la protección de líderes sociales y defensores de derechos humanos. Es de mucha gravedad la situación en la zona pacífico, en zonas como el Alto Andágueda, municipios de Bagadó, Riosucio y en el Alto Baudó (Chocó). Acabamos de ver la población de Buenaventura marchar para clamar por el cese a la violencia y hechos muy graves en Tumaco. Igualmente es muy delicada la situación en Ituango, Riosucio y en el Norte de Santander (incluyendo la región del Catatumbo), además de otras numerosas situaciones que ponen de manifiesto el recrudecimiento de un conflicto con consecuencias humanitarias de gran envergadura.

Esto significa que estamos en un momento de crisis en los territorios que han sufrido históricamente por las diversas violencias, con un nuevo panorama humanitario que requiere medidas y respuestas acordes con el sufrimiento que viven las poblaciones. Lo que marca este momento de la historia son las exigencias de carácter humanitario. La Conferencia Episcopal ha manifestado en reiteradas ocasiones la solidaridad y cercanía con esos territorios y con quienes asumen su defensa. Necesitamos dar esperanza particularmente a los jóvenes, líderes y defensores de derechos humanos.

El Papa Francisco fue contundente en convocar a que los colombianos fuésemos capaces de asumir el desafío de la paz. ¿Estamos siendo inferiores a ese llamado?

La visita del Papa Francisco marcó de manera significativa esta fase de construcción de la paz. Su mensaje tuvo la fuerza de la voz que clama por la reconciliación, pero se trata de un proceso de largo plazo que requiere paciencia, tesón, compromiso y perseverancia de toda la sociedad colombiana. Superar las heridas y las divisiones de un largo conflicto, de un proceso de enfrentamientos prolongado, puede tomar años y exigir numerosas reflexiones y acciones para no perder la ruta que se ha emprendido. No diría que hemos sido inferiores al llamado, diría que hemos dado pasos lentamente.

Recordemos que el lema de la visita del Papa fue “demos el primer paso”, y en ese sentido se han dado nuevos pasos aunque al mismo tiempo, paradójicamente,  se han profundizado divisiones en algunos sectores. El desafío sigue siendo de grandes magnitudes y debe cuestionar las estructuras políticas, económicas y sociales del país, además de las culturales.

Desde el plebiscito quedó en evidencia una fractura significativa en relación con un consenso básico que se requiere ¿Cómo llegar a un acuerdo, así sea mínimo, para la paz?

Del debate en torno a los acuerdos de paz que ha conducido a una fragmentación de la sociedad colombiana, es muy importante abrirle paso a un pacto nacional por la reconciliación. Este tipo de pacto no va a requerir solamente las dos partes que firmaron los acuerdos de paz, sino que debería incluir múltiples sectores de la sociedad colombiana para abrir paso a un proceso de largo aliento. Mientras tanto, la implementación de los acuerdos ayuda a ampliar el nivel de legitimidad de estos y para ello se requiere una implicación de toda la sociedad.

Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo de paz fue concebirlo en clave de los derechos de las víctimas...

Algunos grupos de víctimas, desde su experiencia, han construido una identidad que les permite ser un sector dinamizador de la construcción de paz en los territorios. El papel que cumplen esas organizaciones tiene que ver con propuestas concretas para evitar que los hechos que ellos sufrieron se repitan y sean padecidos por otras personas. Ese trabajo ha permitido un empoderamiento importante de sus propuestas que ha sido incorporado tanto en planes de desarrollo territorial como en programas de desarrollo con enfoque territorial (PDET).

Ese universo de víctimas ha estructurado propuestas que no todas han sido todavía suficientemente analizadas e incorporadas. Ese es uno de los grandes desafíos que tenemos en este momento. Parte del camino a recorrer tiene que ver con la implementación de medidas reparadoras y de restitución de derechos de las poblaciones desplazadas forzosamente que lo perdieron todo y en general de las víctimas. Devolver la dignidad de las víctimas es un paso clave en el largo camino de la reconciliación. Como Pastoral Social estamos muy comprometidos en los territorios para acompañar y animar este proceso.

Usted estuvo hasta relativamente hasta hace poco en la presidencia del comité del Consejo Nacional de Paz. ¿Qué balance hace sobre la utilidad de dicho espacio?

El Consejo Nacional de Paz Reconciliación y Convivencia es una de las instancias creadas por el acuerdo de paz firmado en el año 2017 con las Farc, como un órgano asesor y consultor del gobierno colombiano. Uno de sus propósitos es justamente comprometerse para que haya una política pública de paz, reconciliación, convivencia y no estigmatización en el país, la cual se viene trabajando desde hace más de 2 años con amplia participación de numerosos sectores de la sociedad colombiana y de los territorios.

También tiene la tarea de propugnar por el pacto nacional por la reconciliación, además de promover los consejos territoriales de paz reconciliación y convivencia. Este Consejo cuenta con la más alta representatividad de la sociedad colombiana y reúne un gran número de diversos sectores de la sociedad civil, al igual que representantes de los órganos estatales de control y del gobierno nacional, en persona del Presidente de la República, el alto comisionado para la paz y varios ministros. El potencial del Consejo es realmente muy importante y tiene toda la legitimidad para ser interlocutor del gobierno nacional en materia relacionadas con la paz y la reconciliación.

En las campañas electorales para la presidencia y posteriormente en las elecciones departamentales y municipales el Consejo de Paz, junto a otras organizaciones, promovió un pacto por la no violencia en la campaña que refleja uno de los principios para fortalecer la cultura política del país. Hoy el Consejo tiene un plan de acción que está implementando con ejes de mucha importancia para la construcción de la paz y la reconciliación.

¿Hay interés y receptividad en, por ejemplo, el gobierno nacional?

La interlocución con el gobierno ha permitido presentar al Presidente de la República recomendaciones sobre los temas de paz en cada reunión plenaria del Consejo. Indudablemente que todavía hay un gran potencial como órgano consultor y asesor. Es muy importante subrayar el enorme papel de los Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia (CTPRC) por su capacidad de asesorar a las autoridades locales y ser un espacio de participación ciudadana y dialogo social en el que se busquen alternativas frente a la conflictividad existente en los territorios. Como Pastoral Social, estamos muy comprometidos en unir nuestros aportes a otros sectores en el nivel territorial para acompañar y fortalecer estos consejos en los territorios, para que puedan potencializar su papel como espacios de dialogo, construcción de paz y reconciliación territorial.

¿En un escenario de pospandemia, elecciones, migración, posconflicto, nuevas violencias, una paz pendiente con el ELN, entre otros desafíos, visualiza usted también grandes oportunidades?

Este proceso requiere un gran cambio de mentalidad que nos permita vernos como miembros de un solo pueblo, integrantes de una sola nación, capaces de construir un horizonte compartido. Seremos inferiores si renunciamos en la decisión de seguir avanzando en el camino de la fraternidad y alcanzar un pacto por la reconciliación de todos los sectores de la sociedad colombiana. Este momento reclama un pacto que sea capaz dejar atrás intereses individuales y sectoriales.

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