¿Qué va a pasar con el edificio insignia de Pablo Escobar?

El edificio Mónaco, símbolo de los peores años del narcoterrorismo, ha sido desde hace varios años sede de varias entidades.

La nueva sede de la Secretaría de Seguridad de Medellín, el 123 y la central de inteligencia de esa ciudad, no va a ser otra que el emblemático edificio Mónaco, que fuera durante años la residencia del capo de capos, Pablo Escobar. Así lo anunció el vicealcalde de Seguridad y Gobernabilidad de Medellín, Luis Fernando Suárez, quien resaltó al respecto “un edificio, producto de los dineros mafiosos del narcotráfico, ahora es utilizado por la institucionalidad para acabar con la criminalidad”. En este momento se están realizando los estudios de factibilidad para la rehabilitación del edificio, al parecer, por un costo cercano a los $10 mil millones, y el pronto traslado al edificio Mónaco. Lo que se espera ocurra, por lo menos, para finales de este año. 
 
Este edificio, ubicado en el exclusivo sector de Santa María de los Ángeles, en El Poblado, en Medellín,  fue durante años la residencia del capo de capos, Pablo Escobar, y un símbolo de los peores años del narcoterrorismo. De hecho, un bombazo contra esta edificación de 8 pisos y 800 metros cuadrados, perpetrado el 13 de enero de 1988, fue el inicio de la guerra entre los carteles de Cali y Medellín, que finalizo con la muerte de Escobar el 2 de diciembre de 1993.
 
Ese día, a las 5:10 de la mañana, tres desconocidos que se movilizaban en un carro llegaron al edificio y se bajaron a toda prisa del automotor. Dos de las personas encargadas de la seguridad del complejo habitacional se aproximaron al carro para examinar su interior. Y, de repente este explotó, causándole varios destrozos a las edificaciones vecinas. 
 
Escobar no se encontraba en el lugar. Había estado allí la noche anterior pero había partido antes de que amaneciera. Pero su esposa, María Victoria Henao, sus hijos, Manuela y Pablo, y otras cuatro personas se quedaron en el lugar; no obstante, salieron ilesos del bombazo. El edificio era un búnker. A lo que se suma que solo el penthouse, donde se encontraban Henao, sus hijos y las otras cuatro personas, estaba habitado. En el resto no había sino parte de la fortuna del jefe del cartel de Medellín, representada en vehículos de colección, motocicletas e, incluso, una limosina Mercedes Benz. Sin contar una gigantesca galería de arte con cuadros originales de reputados pintores nacionales e internacionales.
 
“Esto se parece a Beirut”, sostuvo el entonces alcalde de Medellín, William Jaramillo, comparando a la capital de Antioquia con la capital del Líbano, un país, en ese momento, en guerra. Luego fue la guerra entre los carteles de Medellín y Cali. Un sangriento conflicto del que el cartel de Cali salió vencedor, pese a que su dicha no duró mucho, pues a los pocos años de la muerte de Escobar los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes de esta estructura criminal, fueron detenidos y extraditados a Estados Unidos. 
 
En 1997, el edificio fue tomado por la extinta Dirección Nacional de Estupefacientes. Pese a lo cual, esta edificación volvió a ser escenario de la barbarie cuando, el 19 de febrero del año 2000, un grupo de desconocidos, fuertemente armados, irrumpieron en el edificio y, luego, detonaron una carga explosiva de 40 kilos de pólvora, al parecer, en retaliación a la instalación en ese lugar de un grupo de agentes del CTI. En 2002, por orden de un juez, el edifico pasó definitivamente a manos del Estado. 
 
Luego fue la sede de la Asociación Cristiana de Asistencia y Rehabilitación (Asocar), la empresa social del Estado dedicada al trabajo de rehabilitación de adictos (Carisma) e, incluso, el Ejército y la Fiscalía, entidades que, en su momento, lucharon directamente contra Escobar y su red de criminales. 
 

 

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