Víctimas, más allá de los homenajes

Paralelamente a la conmemoración del 9 de abril, víctimas y defensores de derechos humanos denuncian que persisten las amenazas y las violaciones a los DD.HH. de los afectados por la guerra.

Las víctimas denuncian que la situación de vulnerabilidad no se ha superado en la mayoría de territorios.

Fueron decenas de marchas, pronunciamientos y homenajes los que ofrecieron ayer el país político y sectores ciudadanos a las víctimas del conflicto armado. Pero, pasado el despliegue de solidaridad y admiración, son las mismas víctimas las que le señalan al país que las promesas hechas por el Estado en la Ley de Víctimas están lejos de cumplirse y que la vulnerabilidad que les generó el conflicto armado sigue latente.

El primer llamado de atención de las víctimas durante esta semana vino por cuenta del asesinato de los hermanos Herlen y Wallis Barriosnuevo Posso, quienes formaban parte de la mesa municipal de víctimas de Achí (Bolívar). El doble homicidio ocurrió la noche del pasado domingo en Tacuya Alta, Las Cuevas, zona rural de ese municipio, y se suma a un panorama nefasto de intimidaciones y violencia contra los líderes sociales. De acuerdo con cifras de ONG, sólo en 2014 se registraron entre 33 y 38 asesinatos de líderes de víctimas en el país.

Por otro lado, las víctimas alertan sobre la incapacidad del Estado para comenzar los procesos de reparación. Según un estudio revelado por la Federación Nacional de Personeros, hoy hay 48.262 declaraciones represadas en las oficinas del Ministerio Público.

Es decir, cerca de 50.000 personas o familias están a la espera de ser atendidas por las personerías para poder constituirse como víctimas ante el Estado y, en esa medida, no están accediendo a los servicios de atención y reparación. Este dato es clave pues es en esas oficinas donde se recibe a la mayoría de víctimas. A septiembre de 2014 se habían tomado un total de 747.590 declaraciones de víctimas en Colombia, de las cuales 597.582 fueron tomadas por las personerías municipales.

Las víctimas indígenas también tienen sus reclamos. Dicen que, a pesar de que en 2011 pactaron con el Gobierno una ruta para la reparación, hoy hay compromisos que han sido incumplidos por el Estado. Sostienen que las rutas de reparación no han sido construidas con criterios étnicos y culturales, que han sido irrespetadas las estructuras organizativas regionales y nacionales, que no hay registros particulares sobre víctimas indígenas, que no se ha cumplido con las restituciones prometidas y que en sus territorios no se han implementado estrategias para evitar las revictimizaciones.

Otra de las críticas a la política de víctimas del gobierno Santos viene de sectores como la Unión Patriótica. Esa colectividad fue reconocida como uno de los grupos sociales que debían ser reparados colectivamente y, como tal, la Unidad de Víctimas diseñó una estrategia para diagnosticar el daño que sufrió y elaborar a partir de allí un plan de reparación. Hoy, las conversaciones entre la UP y el Gobierno están rotas por diferencias políticas. A juicio del partido de izquierda, el Ejecutivo no está haciendo lo suficiente para resarcir el daño y dignificar la memoria de sus víctimas.

Todas esas críticas a la política del Gobierno se dan en momentos en que la financiación de las metas propuestas en 2011, cuando fue expedida la Ley 1448, está en veremos. Por ejemplo, la meta para 2015 es llegar a 580.000 víctimas reparadas y para 2021, cuando acaba la ejecución de la ley, deberían estar alrededor de los 5,2 millones.

Lo cierto es que, si bien el programa de reparación de Colombia es reconocido como el más ambicioso que haya emprendido cualquier país en situación de conflicto y el que más personas ha atendido, hay muchos retos en lo administrativo, lo jurídico y lo simbólico. El Gobierno se ha comprometido a buscar fórmulas para cumplirles a los afectados por la guerra y hoy discute en la mesa de conversaciones con la guerrilla, no sólo que no haya más víctimas, sino la forma de garantizar sus derechos. Ojalá más temprano que tarde se aterricen las promesas y acaben las incertidumbres.