La constante mutación de la violencia en Buenaventura

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La guerra de principios de siglo y los rezagos sociales crearon en el puerto tradiciones criminales que se recrudecieron durante el aislamiento. El alcalde de la ciudad explica las limitaciones que hay para afrontar la delincuencia.

Víctor Hugo Vidal, alcalde de la ciudad, envió una carta el 26 de julio a los ministerios del Interior, de Defensa y de Justicia; al Consejo Superior de la Judicatura, a la Defensoría, Procuraduría y Fiscalía para pedirles la conformación de una mesa nacional de seguridad por Buenaventura. Seis días después, en la noche del sábado 1° de agosto, la Alcaldía fue atacada con artefactos explosivos. Hasta el momento ningún grupo armado se adjudicó el atentado, pero se cree que se debió al llamado del alcalde para poner fin a la oleada de crímenes que resiste el puerto.

La violencia parece mutar constantemente en la ciudad. Las Farc llegaron a finales de los años 90. Un poco más tarde, durante los primeros años del siglo 21, fue la arremetida paramilitar, que incluyó el período de las mil muertes, tiempo en el que el jefe del bloque Calima, Hebert Veloza García, alias HH, ordenó ese número de asesinatos para propagar el miedo y controlar psicológicamente a la población. Entre 1999 y 2003 ese grupo ilegal cometió 26 masacres en el distrito.

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Casi veinte años después, sin estas dos organizaciones armadas, se podría creer que Buenaventura encontró algo de calma. Sin embargo, lo que hubo fue una implosión en el mundo de la delincuencia que derivó en la creación de varios grupos criminales como La Local, aliada con el Clan del Golfo, La Empresa y las disidencias de las Farc, específicamente la columna Jaime Martínez.

Además, la delincuencia común roba, extorsiona y amenaza a los pobladores. Una mujer de la comunidad dice que sus compañeros ya no salen a pescar a las cinco de la mañana, como era costumbre, por miedo a esas bandas. En Buenaventura hubo 24 asesinatos entre abril y mayo, en junio robaron el barco hospital San Raffaele, en julio hubo un ataque con explosivos en el barrio Alberto Lleras Camargo y en agosto fue el atentado contra la Alcaldía. Vidal explica en esta entrevista las causas de la violencia y las limitaciones para afrontarla.

¿Cuáles son las dificultades que tienen para hacer frente a la delincuencia?

Son muchas. Como no se entiende a Buenaventura en su particularidad, pues no se atiende de esa forma. Para dar un ejemplo sobre la fuerza pública: según las cifras, deberíamos tener 900 policías, pero no pasamos de 500. La otra limitante grande es nuestra situación histórica de abandono estatal, que pone en desventaja a las familias de Buenaventura frente a temas de salud, educación y acceso a agua potable. Antes de la pandemia teníamos un nivel de desempleo que el DANE reconoce en el 20 %; era el doble del promedio nacional. Y del número de empleados que hay, un 90 %, reconocido por las estadísticas, es empleo informal.

¿Los rezagos sociales influyen en la generación de violencia?

Sí, tienen que ver. Se convierte en un caldo de cultivo, aunque aquí no estamos hablando simplemente de delincuencia común. Hablamos, además de eso, de estructuras delincuenciales que son de orden nacional y tienen presencia en Buenaventura. Esta situación nuestra, desde el punto de vista social, facilita la presencia de estos actores que terminan vinculando a parte de la población, especialmente a los jóvenes.

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¿Por qué se han fortalecido las bandas criminales?

Fundamentalmente por la ausencia de Estado, pues facilita que sean los ilegales quienes controlen y tomen decisiones en la comunidad. La ausencia de alternativas para la juventud la hace presa fácil de la delincuencia. Una cosa va con otra: Buenaventura va cediendo en lo social, en lo comunitario, en lo cultural, y obviamente la delincuencia va ganando. Además, hay que entender es que aquí no hay una delincuencia per se, aquí hay unas estructuras que quieren controlar el territorio porque hay muchos intereses en Buenaventura, entendiendo nuestra conexión con el Pacífico, nuestros recursos naturales y que la mayor actividad portuaria en Colombia se hace acá. Todo eso lo hace atractiva y por eso a mucha gente le interesa tener control sobre Buenaventura, y lo hacen a partir de la violencia.

¿Qué respondieron los ministerios a los que envió la carta?

Hay contactos, pero aún no logramos consolidar una intervención concreta del Gobierno nacional en Buenaventura.

¿Quiénes cree que estuvieron detrás del atentado a la Alcaldía?

Puede venir de cualquier lado. Aquí hay actores armados interesados en desestabilizar y, sobre todo, intimidar a una administración que está intentando cambiar las prácticas, defender lo público y romper relaciones con lo ilegal, con las mafias. Creemos que eso puede estar generando incomodidad en algunos sectores que venían en una relación diferente con la administración pública y empiezan a ver sus intereses afectados.

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