'Vivimos en una edificación que no garantizaba la vida'

La unidad residencial no cumplía con las normas de sismorresistencia, concluye U. de los Andes.

Las seis etapas de la edificación conocida como Space eran finalmente un solo edificio y por eso el riesgo de que las torres aún en pie colapsen. / Luis Benavides

La noticia de la demolición total de la unidad residencial Space tuvo a la vez sabor a justicia y a desolación para sus habitantes. A justicia porque desde un principio, cuando la torre 6 se vino abajo —el 12 de octubre de 2013—, creyeron firmemente que la solución no era demoler la torre 5 y repotenciar las otras cuatro. Y a tristeza porque se dieron cuenta de que durante años, seis y siete los más antiguos, vivieron en inminente peligro.

Lo supieron esta semana, cuando durante una sesión extraordinaria del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres se presentó el primer informe del estudio realizado en el edificio Space por la Universidad de los Andes con asesoría de dos expertos de Estados Unidos y uno de España.

La investigación encontró que el Space es una sola estructura construida por fases y que “no cumple con los requisitos básicos de la norma NSR-98 (Norma Sismorresistente) en los títulos A, B, C y D, y por lo tanto presenta una serie de deficiencias en las condiciones estructurales y de sismorresistencia con respecto a los requerimientos”.

El informe concluye también que los agrietamientos y fallas estructurales en la torre 5 y el colapso de la 6 “modificaron sustancialmente la conceptualización original del edificio en su conjunto, lo cual elimina elementos estructurales fundamentales que permitieran garantizar la estabilidad de la estructura en su conjunto y que la parte de la edificación que se mantiene en pie presenta en la actualidad un alto riesgo de colapso”.

Estos hallazgos han dejado atónitos a quienes residían allí. “Nos causa mucha tristeza saber que vivimos en una edificación que no ofrecía el derecho fundamental a la vida, que la constructora puso en riesgo a más de 130 familias, que durante siete años vivimos en una unidad que corrió el riesgo de colapsar ante la eventualidad de un sismo”, dice Santiago Uribe, vocero de los afectados de Space.

En total, las seis torres de Space estaban conformadas por 167 apartamentos: 79 en las torres 1, 2, 3 y 4, de los que se había especulado que podrían ser repotenciados; 32 en la torre 5, que quedó en inminente riesgo de colapso, y 56 en la torre 6, la que se desplomó el 12 de octubre después de las 8:00 de la noche y cobró la vida de 12 personas.

Tras el primer informe de la Universidad de los Andes, el siguiente paso para las cerca de 100 familias damnificadas es comenzar el proceso de devolución de la inversión que hicieron en los apartamentos porque, dice Santiago Uribe, esos inmuebles ya fueron pagados. “Lo que estamos esperando es que se haga la restitución de esos derechos patrimoniales”, afirma.

Esos derechos están cercanos a los 300 y 350 millones de pesos por apartamento, si se tiene en cuenta, calcula Uribe, que cada uno tenía de 90 o 100 metros cuadrados y que el valor del metro cuadrado en la actualidad en ese exclusivo sector de Medellín cuesta unos tres millones y medio de pesos.

En los resultados de la primera fase de la investigación —de cuatro— también hay un argumento contundente para los damnificados de las unidades residenciales Continental Towers y Asensi, vecinas de Space y también construidas por Lérida CDO. Al enterarse de las falencias de Space, mostraron un estudio que contrataron con el ingeniero Roberto Roche y que le presentaron a CDO. “Las conclusiones son exactamente iguales a las de Space, y no puede ser de otra manera porque son los mismos constructores, los mismos calculistas, el mismo sector, el mismo diseño”, dice Elkin Hernández, uno de los voceros de los habitantes de este conjunto.

Por eso, las 80 familias que habitaban en Continental Towers también le están exigiendo a CDO que les devuelva el dinero invertido en sus apartamentos. “Ellos se pueden quedar con los edificios, los pueden demoler, pero nosotros no queremos volver a donde no nos ofrece garantías. Sepuso en riesgo nuestras vidas... sobre todo después de ver que todo Space será demolido”, dice Hernández.

Volver a vivir en este conjunto residencial ya no es una opción que contemplen las familias, así lo repotencien. “Sin duda el consenso de las familias es no regresar, no por capricho sino porque cargamos con un tema: tuvimos la vida en permanente riesgo y no teníamos idea”, dice Mauricio Ballesteros, quien vivía en Continental, por eso los antiguos residentes de Space y Continental Towers hablan de la necesidad de que se les restituya su patrimonio económico para ir cerrando el capítulo doloroso que aún sigue abierto.

El caso Space, que ya ha generado la desconfianza de los demás habitantes de la zona alta de Medellín y, de paso, en el resto del país, ¿podría tener efectos en la construcción y comercialización de nuevas edificaciones? De acuerdo con Sandra Forero, presidenta de Camacol, “no. Esta difícil experiencia debe servirnos para fortalecer el sector. Por eso al interior del gremio, hemos hecho un análisis de lo que se debe mejorar o implementar y como resultado de esto presentamos al gobierno nacional y a la asociación de Ciudades Capitales un paquete de propuestas para todas las etapas, desde el diseño hasta la etapa de posventa. En la medida en que el desarrollo de estas iniciativas sean el producto del consenso colectivo entre el sector privado, las autoridades locales y el Gobierno Nacional no vemos porqué el sector se pueda afectar.

Por ahora, las investigaciones no han arrojado responsables directos. Mientras tanto Eduardo Behrentz, decano de la Facultad de Ingeniería de los Andes, dejó claro en Blu Radio que las seis etapas de Space eran finalmente un solo edificio. “Al colapsarse la torre 6 se afectan todo el resto de la edificación. Toda se encuentra en alto riesgo de colapso”. Y recalcó que “un edificio no se cae, ya sujeto, habitado. Eso fue una cadena de errores y de incumplimientos”. 

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