Yeferson Tovar, del paramilitarismo a las aulas de la Universidad Central

Nació en Medellín y es excombatiente de las AUC en Antioquia, Caquetá, Putumayo y Huila. Ahora estudia comunicación social en esa institución.

Yeferson Tovar nació en Medellín y es excombatiente de las AUC. Fotos: Mary Rodríguez

Desmovilizarse de un grupo subversivo no es nada fácil, y muchos menos hacer una nueva vida; tener una familia, estudiar una carrera, ser profesional y trabajar en la vida civil. Con satisfacción la Universidad Central tiene como estudiante a un exmiembro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que le dio un giro de 180° a su vida, y con valentía cambió todo lo que conocía por convertirse en un ciudadano comprometido con su país.

Yeferson Tovar tiene 38 años, está a punto de graduarse como comunicador social y periodista, y le contó a ACN cómo fue su pasado y cómo quiere que sea su presente y su futuro.

¿Por qué entró a las AUC?

Porque en esa época ser miembro de las AUC era un privilegio, era un plus. Además quería vivir otra experiencia, quería estar en el Ejército, aun así sentí que la vida en el Ejército era más difícil porque había mucho racismo. Pensé que las Autodefensas era lo más parecido al Ejército y por eso decidí entrar.

¿En las AUC qué fue lo más difícil que le tocó vivir o lo más duro que le tocó hacer?

Se hicieron muchas cosas duras y se vivieron muchas cosas difíciles. Lo más complejo que me tocó vivir fue cuando mataron y picaron delante de mí al escolta que me protegía, yo no pude hacer nada, eso fue lo más difícil. También otras cosas que se vieron y que no vienen al caso mencionar. Pero eso de alguna manera lo va marcando a uno, entonces cuando se regresa a la vida civil uno se pregunta por qué estuve en un grupo como ese.

¿Por qué decidió desertar de este grupo armado?

Me decepcioné, sentí que la razón por la que ingresé se apartaba de la realidad. Sentía que las AUC luchaban contra la guerrilla por los constantes abusos que cometían, pero uno va allá y se da cuenta de que hacían cosas peores. Uno hace miles de cosas buenas para mantenerse en el grupo, pero cualquier cosa que hagas mal te matan, vi muchas muertes por cosas que no tenían sentido y que no valían la pena. Además, sentí que estaba perdiendo la familia, los amigos. Desertar de un grupo como las AUC no es fácil y más aún porque has tenido un rango y conoces muchas cosas, afortunadamente pude salir y hasta el momento las cosas van bien y las he logrado sobrellevar.

¿Cómo fue la transición para salir, se escapó, lo ayudó alguien?

Desgraciadamente uno allá no puede tener amigos, no se le puede decir a todo el mundo que uno va a desertar, tiene que ser individual y se debe pensar mucho. Se deben ver los pros y los contra y más aún cuando el conflicto AUC y Fuerza Pública es constante, lo que quiere decir que no se podía desertar porque si se presentaba el Ejército o la Policía ellos lo devolvían a uno y lo mataban. Afortunadamente conocí a muchas personas y eso me permitió poder salir, no tan fácil, pero sí de una manera más accesible. Yo tenía 28 años y me encontraba al sur de Colombia, en el Caquetá.

¿Cómo fue el proceso de reintegración a la vida civil?

Yo no deserté con el objetivo de ser parte de un grupo de reintegración, simplemente no quería estar más allá, quería estar con mi familia. Yo sentía que al estar en un programa de reintegración se volvía una amenaza. Pensaba que ese grupo de reintegración era lo mismo que el Ejército o la Policía, te entregas a ese grupo, confiesas lo que tienes que confesar y después te devuelven al grupo armado, eso era lo que percibía en ese momento, por eso no fue fácil hacerlo.

¿Qué fue lo más difícil de volver a la vida civil?

Una de ellas fue asumir que ya no tenías un arma para poder defenderte, en las Autodefensas tu arma lo es todo y te acostumbras a eso. En la vida civil andar sin arma en un principio es muy difícil porque sientes que cualquiera te puede atacar y no tienes cómo defenderte; otra cosa es el rechazo que hemos tenido en algunos lugares donde trabajamos, le dicen a uno que porque se es desmovilizado, uno es el peor criminal. La academia para mí es todo y me ha ayudado mucho, afortunadamente tengo la capacidad de reaccionar de una manera noble.

En medio del proceso, ¿tuvo que pagar alguna pena?

En el proceso de reintegración, a los excombatientes de las AUC nos perdonan cuatro delitos, concierto para delinquir, porte ilegal de armas, uso privativo de las Fuerzas Militares y manejo de radio de comunicaciones. Si usted comete un delito que no está dentro de esos cuatro tiene que ir a la cárcel. Sin embargo, la justicia aquí es muy mala porque cualquiera que diga “esta persona cometió un delito” no lo investigan y de una lo van metiendo a la cárcel, y fue mi caso. A alguien le dio la gana y dijo que yo había cometido un delito contra él. En conclusión, estuve tres veces en la cárcel, eso no me ha permitido llevar una vida normal.

¿Por qué decidió estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Central?

Tenía 30 años, aun así, sentía que una ciudad como Bogotá. el tener esa edad e ingresar a la universidad con jóvenes de 18 y 19 años era muy difícil y lo pensé dos veces antes de hacerlo. Sin embargo, tomé la decisión. Cuando salí de las AUC yo era bachiller y sentí que en ese momento serlo era lo máximo, obviamente estaba equivocado. Me porté bien en el proceso de reintegración y el Gobierno Nacional decidió a nivel Colombia otorgar cinco becas a cinco personas de las cuales yo hice parte. Me dijeron que estudiara lo que yo quisiera y donde yo quisiera, porque me pagaban toda la carrera, solamente tenía que cumplir algunos requisitos: no haber delinquido después de reintegrarme y en la carrera tener un promedio de 3,5. Un día escuché en los medios cómo se refieren a las personas que hacen parte de un grupo armado, pensé que estaban equivocados, y que me gustaría estudiar comunicación social y periodismo para poder contar las cosas con propiedad. Una amiga me dijo que la Universidad Central era buena, ella me ayudó a hacer las vueltas y efectivamente ingresé. 

¿Cuando ingresó a la universidad hubo algún problema de rechazo o juzgamiento?

Como era una beca había que hacer contacto directo con la fundación que las otorgaba, ellos hacían el respectivo papeleo. Ingresé tarde, perdido, con muchos nervios. Al principio me dio muy duro porque todos se la pasaban con sus grupos y yo solo, pero di con varias personas que eran muy altruistas y empezaron a colaborarme. Las cosas han salido bien en ese sentido.

¿Cómo fue el choque con los estudiantes?

Algunos me miraban como “ese señor está en el lugar equivocado”, otros me decían profesor y yo les decía “no, soy estudiante”, y les explicaba que yo había estado en el Ejército, que me había retirado y que quería hacer una carrera profesional. La gente empezó a entender eso y fueron acercándose hasta les ayudaba en algunas clases porque soy buen estudiante. Sin mencionar que yo era desmovilizado porque esa era mi preocupación, no me podía visibilizar porque sentía que ellos me iban a señalar. La idea era pasar en un lugar desapercibido.

¿Qué piensa de los ideales de las FARC y las AUC, ¿cómo se vive la intelectualidad en estos dos grupos subversivos?

Las FARC cometieron un error en dejarse permear por el narcotráfico. Cuando comenzaron estaban bien, se hacían llamar el Ejército del Pueblo, con las drogas la violencia aumentó, y en vez de defender al pueblo le hacían daño. Hay una gran diferencia entre ser guerrillero y ser de las AUC, ellos eran una empresa, en la guerrilla se trabajaba por la causa, en cambio cada mes en las Autodefensas usted recibía un sueldo. Los ideales allá no existían. Respecto a la intelectualidad en las FARC la mayoría de sus comandantes han estado en la universidad, en las AUC cualquier cosa se resolvía con violencia.

*Este texto fue publicado por la Agencia Central de Noticias

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Edward Rodríguez Arias / Agencia Central de Noticias

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Yeferson Tovar, del paramilitarismo a las aulas de la Universidad Central

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