Un año de la tragedia aérea de Chapecoense

“Yo también sobreviví”: Yaneth Molina

Fue la controladora aérea que tuvo que enfrentar la catástrofe del avión de LaMia que transportaba al equipo Chapecoense aquel 28 de noviembre. En su libro cuenta cómo superó ese fatal día y las amenazas que sufrió.

Yaneth Molina relata en su libro los difíciles momentos que vivió tras el accidente. Luis Benavides - El Espectador

Ha pasado un año y al hablar de aquella noche se le quiebra la voz. Por aquellas cosas de la vida, no era su turno, había cambiado con un compañero. Todavía se pregunta por qué ella, por qué tuvo que pasar por una experiencia dolorosa que la llevó a tocar fondo. Eso sí, no carga ninguna culpa, porque sabe que hizo lo correcto, lo que estaba en sus manos. En su libro Yo también sobreviví relata esos momentos y días posteriores. Las heridas no han cerrado, llora con cada página, con cada recuerdo.

¿Cómo está usted un año después?

Esta fue una tragedia que es muy difícil de olvidar, pero estamos tratando día a día de sanar todas esas heridas. Ese accidente fue tan dramático, tan trágico, tan desastroso para todos los que nos consideramos víctimas –porque eso fue lo que fuimos nosotros–, que a partir de ahí hemos tratado junto con mi familia de salir adelante y superar todo esto.

¿Sanar qué tipo de heridas?

Fue muy doloroso, porque nunca en mi vida profesional me había ocurrido algo así, y fue muy doloroso para mí saber que una de las aeronaves que tuve siempre bajo mi control terminara en esto. Me siento tranquila, porque sé que hice las cosas como debía, utilicé todos los procedimientos, pero igual el dolor queda ahí, saber que tantas personas fueron víctimas de ese accidente, fue terrible.

¿Piensa que pudo haber hecho algo más?

No, por eso me siento tranquila. Nunca me sentí con culpa, porque sé que utilicé los procedimientos que eran, le di la asistencia que era, repasaba una y otra vez las imágenes que tenía en el radar, pero lo que sí me pregunto hoy en día es qué pasó, por qué no me dijo nada, por qué la tripulación guardó silencio, eso es lo más doloroso.

¿Esa es la pregunta constante?

Sí, y por qué me tocó a mí.

¿Cómo logra conservar la calma en un momento tan angustiante?

Nosotros estamos capacitados para ese trabajo bajo presión, es un momento de esos que uno nunca espera que le suceda, pero bajo mi responsabilidad tenía más aeronaves y tenía que guardar la tranquilidad, ser serena y con fortaleza para seguir adelante. Yo creo que me sirvió mucho también la experiencia. Además, siempre tengo en mi mente que mi hijo también es piloto y digo Dios mío, así como yo puedo ayudar a unas tripulaciones, espero que él reciba ayuda en un momento crítico que lo necesite, porque en la aviación se presentan muchos casos.

¿En qué momento se dio cuenta de que la aeronave se accidentó?

Cuando le hice varios llamados y no me respondió. Entonces empecé a acudir al resto de aeronaves, a preguntarles si la observaban. Esa noche había bastante mal tiempo, ninguna me decía nada, nos comunicamos también con la torre de control y nadie la veía. Además, la altitud que notificó por última vez la aeronave nos daba para pensar que ya entraban en un estado de alerta.

¿El que su esposo sea también controlador aéreo y su hijo sea piloto le ayudó a superar esa etapa crítica?

Muchísimo, porque ellos entendían qué había pasado. En ningún momento dudaron de mi trabajo. Con el paso de las horas es que se filtran los audios y eso sí fue aún más difícil para mí y peor todavía cuando escuché mi nombre, porque ya quedé expuesta, y más adelante empezaron las amenazas, me llamaban al celular, fue horrible.

¿Fueron momentos difíciles?

Yo me sentía como muerta en vida, mal, me estaba hundiendo, pero salí adelante, mi familia me ayudó mucho.

¿Todo eso quedó superado, hoy está de nuevo en su trabajo?

Sí, me encanta mi trabajo, es una pasión, me sigo capacitando, preparándome. Cada vez que estoy en la frecuencia, para mí es muy chévere saber que lo hago bien y que esas tripulaciones reconocen mi trabajo y me felicitan, esas cosas me ayudan a salir adelante.

¿Qué va a hacer este 28 de noviembre?

Pues hasta ahora tengo que trabajar todo el día, creo que alguna oración haré internamente.

¿Tiene un santo en especial al que se encomienda?

No, yo creo en Dios y siempre la oración no falta y es lo que les he enseñado a mis hijos que hagan.

Usted dice que le ha preguntado a Dios por qué a usted, que algo tenía qué aprender. ¿Qué aprendió?

Que debo tener fortaleza ante cualquier inconveniente fuerte que suceda en mi vida. Me considero una sobreviviente como lo digo en el libro: “Sí, así me consideraba en ese momento, ya de la tragedia del Chapecoense habían sobrevivido seis personas, dos personas de la tripulación, tres futbolistas, un periodista, y en tierra a unos kilómetros de distancia de cerro Gordo, hoy cerro Chapecoense, y unos días después del accidente, yo Yaneth Molina, la controladora del Chapecoense, también sobreviví este infortunado accidente, sobreviví a las amenazas de muerte, sobreviví a mi tristeza y melancolía, pero sobre todo sobreviví al miedo de no haber hecho las cosas bien y sobreviví para volver a ponerme al frente de una frecuencia”

Usted lleva 23 años en este trabajo, ¿Pensó en algún momento en renunciar?

Siempre tenía la ilusión de regresar, porque me gusta mi trabajo, me apasiona y yo decía yo tengo que volver, yo tengo que demostrar que siempre he hecho las cosas bien. Y por qué iba a renunciar a algo que siempre he hecho con el corazón.

¿Por qué escribió el libro?

Mi esposo lo escribió en un momento en que me vio muy mal y me dijo bueno, esto es una manera de exorcizar frustraciones, tus miedos, hacer una catarsis, y él se sentó a escribirlo y sabía exactamente qué sentía yo, cómo pensaba, entonces me hacía preguntas para desahogarme.

¿Y qué quiere con ese libro?

Que la gente conozca qué fue lo que pasó. Escuchaban una voz detrás de una frecuencia y detrás de esa voz hay una persona, un ser humano con muchos sentimientos, que también le dolió todo esto, que estuve en el fondo, caí muy profundo por la tristeza, pero que también podía tener fortaleza y salir adelante.

¿Cómo fue cuando llegó de nuevo a trabajar?

Te lo voy a leer: “Me dirigí con pasos lentos y medidos como si levitara y no quisiera llegar a ocupar mi sitio, el mismo sitio que el 28 de noviembre del año inmediatamente anterior me había despedido con esa tragedia inmensa del avión de LaMía. Llegué a mi posición de trabajo y mientras conectaba los audífonos, un sudor frío me recorría la espalda. Sentí más alta la silla y los caracteres en el radar parecían bailar una danza maquiavélica e incierta. Fue entonces que respiré tan profundo como pude y contesté sin titubear como si fuera una remembranza de aquella trágica noche, “Llamando aproximación Medellín buenas noches, prosiga”. Una sinfonía de mil colores se dibujó en mi rostro cuando al otro lado de la frecuencia, una voz tanto o más emocionada que la mía me respondió: “Con absoluta seguridad, señorita, que sí son buenas noches. Es un placer para esta tripulación recibir el servicio de parte suya, bienvenida y qué orgullo tener control de su parte”.