Entre líneas

Al lector anónimo

Tienes dispuesto un rincón para la columna de libros con etiqueta de “prioritarios”.

El poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda.Mauricio Alvarado

La columna es una torre de Babel tambaleante a la que se suman el libro que no pudiste dejar de comprar en aquel lanzamiento, el tesoro que encontraste en esa librería de viejo del Centro, la última novela de uno de tus autores de culto. Incluso imaginas el espacio hipotético del libro que descargaste en internet porque otro lector tan anónimo como tú te lo recomendó, insistió que ese libro era para ti, que serías distinto después de leerlo. 

Vuelves al libro que tienes en la mano. Con dedo índice y pulgar pellizcas los folios que hacen falta para que termines. Tienes un doble sentimiento: la impaciencia por comenzar otro y el temor de que termine semejante delicia. Te mortifica haber escuchado que el escritor Rubem Fonseca leía cien páginas por hora. Oh, si fueses como él te pondrías al día al menos con los clásicos, esos que da pena decir que uno no ha leído, como El Quijote o En busca del tiempo perdido.

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Termina el fin de semana, el libro queda huérfano en la mesa de noche y debes volver a tu rutina de trabajo. Quizá cuando vuelvas ese escritor haya muerto y ya no tengas la oportunidad de conocerle y preguntar qué viene después. La desolación de los finales abiertos. Podrías leerlo al desayuno en vez de ojear el periódico, ese quitatiempo, como diría Borges, o como dirías tú, que empiezas a mezclar citas de todo lo que has leído.

“Todos escriben sobre los escritores pero nadie escribe sobre los lectores”, dice la librera Ana María Aragón. Y podrías preguntarte por qué nadie escribe sobre ti, sobre las asociaciones libres que haces entre la obra de John Kennedy Toole y Bukowski, o de cómo encontraste una obsesión por las muñecas en los libros de una joven escritora. Con tus recomendaciones hiciste que tus amigos leyeran La naranja mecánica y no se quedaran solo con la película, dejarías claro de qué trata un libro más que su propio autor, y como lector anónimo has descubierto cosas que los críticos no. Es que los libros tienen la magia de decir más de lo que está escrito.

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Pero no, quizá no tengas ese reconocimiento porque cómo decir que tu oficio es el de ser lector, como lo hace el poeta Juan Gustavo Cobo. El oficio que no se paga y si lo pagaran tendrías que empezar a leer por obligación, con disciplina y rapidez. No. Eso no es para ti. Vuelves al libro con el que llevas un mes. Eres un lector envidioso, que se compara con el historial de lecturas de los otros cual si fuera un historial de amores. El que más ha amado, más ha vivido. Al final, te convences de que también se puede amar mucho a un solo libro.

 

 

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