El cisne: libros y espacios

Alejandro Morellón: “A través de la culpa también se genera la identidad”

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Entrevista al escritor español Alejandro Morellón, uno de los invitados al Hay Festival Cartagena de Indias 2020.

Después del libro de relatos El estado natural de las cosas, con el que obtuvo el IV Premio Hispanoamericano Gabriel García Márquez en 2017, el escritor Alejandro Morellón publica su primera novela: Caballo sea la noche (Candaya, 2019), la historia de una familia destruida por ¿el amor?, el deseo, la identidad y la culpa. Sin puntos apartes y en menos de 100 páginas entramos en los pensamientos de Alan y Rosa, madre e hijo, e intuimos los del hermano y el padre ausentes. Las iniciales de sus nombres forman la palabra AMOR.

A Alan la luz le hace más daño que la oscuridad, porque él es el centro de la culpa. El secreto que aún no sabe está escondido en su piel y frente al espejo, lo presiente y por eso duerme todo el tiempo que puede. “¿Quién soy?”, se pregunta el hijo: “Soy un ser arbitrario y sin concreción, una latencia indefinida, un extraño caminar, un pálpito inestable… un enigma sexual”. Rosa también se esconde dentro de los álbumes de fotos familiares, se mantiene despierta en el pasado y es incapaz de dormir en el presente, ¿hasta dónde puede llegar el amor de una madre, hasta dónde el perdón, nunca el olvido? La novela se lee a todo pulmón, y aunque uno quiera renunciar a hacerlo, porque sabe que lo que se revelará es terrible, pueden más el lenguaje y la forma en cómo está escrita. El orden de los descubrimientos que hace el lector junto a los protagonistas es clave, hay belleza en cada frase, velocidad, angustia y también poesía, mucha poesía en lo que va contando, sin decirlo en forma explícita, cada personaje.

¿Creó un “mundo provisional” para escribirla?

Sí, creo que toda la literatura es justamente eso, un mundo provisional, un espacio generado por el autor y regenerado con cada nueva lectura. Esta historia me requería un espacio y un lenguaje concretos, las estancias indefinidas, las oraciones ininterrumpidas; de esta manera, los personajes que no pueden salir de la casa se asemejan al lector al que le cuesta salir de la frase.

Ser “herida y cuchillo”, lo es el padre y lo es Alan, el hijo. Las heridas deben sangrar para ser sanadas, para poder ser curadas, dice usted en la novela. ¿Qué tan necesario es saber la verdad dentro de una familia? Sobre todo, una tan espantosa como la de Caballo sea la noche.

La verdad siempre se nos impone, incluso la más dolorosa. Puede uno darle la espalda al conflicto, pero nunca evadirlo por completo, está ahí, se presiente. El dolor que no se acepta se camufla, sí, pero no puede desaparecerse.

¿Alan comienza a vivir cuando descubre quién es él realmente?

En esta novela se trata mucho el tema de la identidad, quiénes somos y qué parte de nosotros aceptamos o repelemos, cuánto de nuestro entorno nos conforma, cómo nos definen nuestros acontecimientos. Alan se reivindica a través de su experiencia, en una pugna consigo mismo y con el resto de la familia.

¿Cuál es la importancia de la culpa en su novela?, ¿es necesario conocer el origen del mal?

Justamente a través de la culpa también se genera la identidad. De qué nos sentimos culpables, en qué medida. La culpa nos habla de quiénes somos y de qué forma percibimos el mundo. También se establece como diálogo: una cuestión de empatía con los demás y aceptación con uno mismo.

La novela tiene un final que podría definirse como liberador en cuanto a la identidad del protagonista, y también justo, en lo que cabe, en cuanto a la madre y la posibilidad de continuar con su vida. ¿Se planteó que el padre ausente y el hermano muerto también hablaran?, ¿por qué su silencio?

Para mí, el final de la novela era el único posible, para encontrar esa redención final, ese respiradero. Las ausencias del hermano y del padre también hablan, constituyen una psicología del lugar. Por eso le cuesta tanto abandonarlo. Toda la novela tarda en llegar a esa determinación de que para afrontar los fantasmas del pasado tiene que salir de esa familia, huir de esa casa. La casa también constituye un elemento narrativo más. Es castrante, opresiva, claustrofóbica. La única forma de salir de ahí es a través del pasado, como la madre, o a través de la puerta, que es como lo hace Alan.

¿Por qué le interesó contar una historia de identidad y deseo?

Caballo sea la noche funciona como alegoría de ese deseo desbocado, incontrolable. El deseo como una criatura sin riendas, la noche como ese espacio de incertidumbre. También los deseos nos conforman, nos hablan de quiénes somos en relación con quiénes son los que nos rodean. Sitúan nuestro espacio en el mundo y nos resignifican.

*Alejandro Morellón presentará “Caballo sea la noche” en la Librería Central en Bogotá DC el próximo 3 de febrero.

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