Ángela Becerra: “Mi camino literario pasa por ser consecuente conmigo”

“Algún día, hoy”, la reciente novela de la escritora colombiana, narra la historia de Betsabé Espinal, una de las mujeres que lideró la primera huelga de trabajadoras en el país.

“Algún día, hoy” fue presentada el pasado 6 de junio en el teatro del Gimnasio Moderno de Bogotá.Cristian Garavito

¿Qué tan difícil fue la vida hace cien años? Para acercarse a lo que ocurría hay alternativas. "Algún día, hoy”, el reciente libro de Ángela Becerra, narra la historia de Betsabé Espinal, que en 1920 lideró la primera huelga femenina.

Será imposible saber qué se sintió ir a trabajar descalza para conseguir un sueldo miserable, pero este libro se aproxima. Nunca se podrá experimentar la angustia de aquellas mujeres. La ansiedad de levantarse para ir a pasar 16 horas en un lugar en el que seguramente quedarás embarazada de un capataz que te reclama como suya y que te embarazará de un hijo que nunca reconocerá. Becerra, escritora colombiana, se dedicó a narrar la historia de la olvidada Betsabé.

Esta novela, la novena que ella publica, se basa en la historia un ser humano que nació y creció entre la miseria. Que tuvo una madre a la que le faltaba cordura, pero le sobraba la leche. Gracias a que a Celsa Julia, la mamá de Betsabé, se le escurría por el abdomen el líquido blanco que producía su cuerpo, llegaron a la casa de los Mejía, una familia rica de Medellín que acababa de tener una hija que se moría de hambre. Mientras que a su madre la humillaban pesándole los pechos para controlarle la producción de su leche, ella crecía aprendiendo que la sordidez del mundo que le había tocado se acrecentaría con los años.

Capitolina, la hija de los ricos, se adueñó del seno derecho de Celsa Julia, y Betsabé Espinal del izquierdo, como presintiendo desde la cuna que su futuro sería el de las revoluciones. Después, al crecer, fue la líder de esas luchas, la que se sublevó contra los convencidos de que los humanos valen dependiendo de cuánto tienen. Betsabé, la heroína, peleó por la dignidad.

Becerra habló para El Espectador sobre el idealismo mágico que incorporó a su obra, las emociones y su experiencia como escritora a lo largo de los años.

La presencia del idealismo mágico en su obra es evidente. ¿Cómo logra ir tejiendo la magia en medio de la tragedia de estas vidas?

Existe algo por encima de la conciencia del escritor que está muy ligado; una especie de trance, en el que novela y autor se unen para iniciar el vuelo de la palabra. Yo creo que es un acto casi milagroso. No hay una racionalidad intencionada al narrar algunos episodios de la historia. Simplemente la magia se cuela y se apropia de los instantes en los que algún sentimiento se desborda. Entonces ella se convierte en un instrumento potenciador, el vehículo que ayuda a martillar y a cincelar ese momento emocional. Todo ocurre sin darte cuenta, aquel ente te acaba poseyendo y tú simplemente dejas que sea. Algo así como un “hágase en mí, según tu palabra”.

En “Algún día, hoy”, y a lo largo de su obra, las emociones y el amor son recurrentes. Hace algunos años usted dijo que muchas veces “no le han perdonado” que escriba sobre sentimientos, ¿qué opina ahora? ¿Por qué estos temas son tan presentes en sus textos?

A estas alturas de mi vida, como comprenderá, lo de que me perdonen o no ha quedado relegado a un segundo plano. Mi camino literario pasa por ser consecuente conmigo. Actuar en consonancia con lo que mi interior me dicta, y sentirme satisfecha, feliz y realizada en lo que hago. Ahora solo sé que sigo pensando en que los sentimientos son la base del ser humano y que ellos no tienen nacionalidades ni lenguas. No lloramos, ni reímos o nos frustramos en inglés, francés o español. ¿Puede imaginarse el mundo sin sentimientos, sin emociones, sin amor?

La novela narra la historia de dos mujeres que, a pesar de las distancias entre sus orígenes, nacen en condiciones precarias. Las dos son rechazadas y maltratadas. ¿por qué decidió contar estas historias tan hostiles y cercanas de forma paralela? Este contraste entre las clases sociales de la época y sus padecimientos…

Aparte de dar a conocer a Betsabé Espinal, de hacer una denuncia y un canto a la liberación de las mujeres, hablando de su valentía y de sus logros, me encontré con que no existían grandes diferencias en cuanto a la condición femenina entre clases sociales. A las pobres se las sometía con un trabajo esclavizante en el que se las consideraba ciudadanas de segunda. Aprovechaban para ultrajarlas, dominarlas y abusar de su condición femenina y desvalida. Y a las ricas, de manera sibilina, se les impartía una educación sectaria donde no cabía otra cosa que no fueran la obediencia, el bordado, el buen comportamiento, la delicadeza y prudencia para conquistar a un “gran partido” y convertirse en buenas amas de casa. Estando en las antípodas sociales, las hermanaba su condición femenina, que era idéntica.

El universo femenino está narrado al detalle en la novela: los placeres y padecimientos de ser mujer. Los estereotipos, las cargas, los mandatos, las normas y todo lo que la sociedad machista le impuso al género en esa época fue muy cruel. ¿Cree que ha cambiado? ¿Esos requerimientos de lo femenino siguen forzando a las mujeres contemporáneas?

¡Claro que ha cambiado! Sin embargo, como decía mi madre —quien siempre hablaba con dichos—, aún “falta mucho pelo pa’l moño”. Estamos en un proceso de cambio que llevará su tiempo. El primer paso ya se dio, y eso hay que celebrarlo. Hoy podemos decir que ya existe un movimiento muy potente en pro de la equidad de género, lo que no quiere decir que todo esté resuelto. Este es un feminismo auténtico que no va en contra del hombre, sino a favor de potenciar a ambos. Se ha puesto la primera piedra de lo que llegará a ser un monumento a la igualdad, a que el mundo sea un lugar más justo para quienes nos seguirán. En este sentido debemos luchar porque exista un verdadero cambio en la educación, que empiece desde el instante mismo del nacimiento del niño o la niña y que pase por los padres y, más adelante, por los educadores. Es un compromiso moral luchar por ello. Al denunciar los hechos, esta novela pretende aportar un grano de arena en esa lucha.

Betsabé eligió el pecho izquierdo de su madre y Capitolina el derecho. ¿Esto fue intencional? ¿Fue deliberado que, desde las circunstancias de cada una de las niñas, eligieran de qué lado beber la leche?

Evidentemente en ese pasaje del libro he querido hacer un símil de la vida que cada una está destinada a vivir. La denuncia de las injusticias y las desproporciones sociales está latente en toda la narración. No solo en ese episodio. Además, existe un hecho importante: aunque ambas tienen leche y no morirán de hambre, se encuentran huérfanas de madre, teniéndolas vivas.

En la novela la naturaleza está presente en cada uno de los sucesos…

Era imposible que ella no compartiera protagonismo con Betsabé Espinal, siendo esta una niña que al nacer emerge del barro cuando se la da por muerta. El primer capítulo se encargó de regalarme el tono épico-mágico que tiene Algún día, hoy. Ese aroma a tierra húmeda y a musgo recién nacido me dio la oportunidad de exaltar y disfrutar de algo que considero fundamental en el ser humano: el que no perdamos jamás la capacidad de asombro. El deleite de los sentidos.

Usted ha hablado en varias entrevistas sobre las inseguridades que al principio hicieron de sus inicios en la literatura un recorrido un poco tortuoso: el hecho de ser mujer, su aspecto, la edad en la que decidió comenzar, su experiencia, ¿qué piensa ahora?

A lo largo de mi vida personal, así como de la profesional, no paro de aprender. Ahora, tras años de vida recorrida a fondo, solo me muevo por el aquí y el ahora. Disfruto del trayecto, sin preocuparme por el final. He aprendido que la vida es sabia y tiene para ti aquello que mereces y estás dispuesto a recibir. La conciencia plena es el único camino para disfrutar de cada instante. Escribir es mi conciencia y me hace feliz.

¿Qué tomó de su vida y sus experiencias como mujer escritora para construir el personaje de Betsabé?

Estoy convencida de que esta historia me buscó en el momento perfecto. A mi edad, con la experiencia de vida que tengo, pude abordarla desde muchos ángulos. No hubiese sido posible escribirla a mis treinta o cuarenta años. Necesitaba de ese maceramiento interno que hoy me acompaña y es mi tesoro. Yo he vivido mucho y he sentido intensamente la vida, con sus luces y sombras. Solo cuando has experimentado lo que es el dolor, el rechazo, la injusticia, la frustración, el amor y la amistad verdadera, eres capaz de empatizar con los sentimientos ajenos; en este caso con el de los personajes. A Betsabé le regalé mucho de mi niñez. Lo verde y exuberante; el barro, los renacuajos, los pájaros, el río y los palos de mango. La rebeldía de mi adolescencia y la lucha por la justicia. También le regalé el convencimiento de que la vida vale la pena vivirla con todas sus incoherencias, porque en ella también existe el amor que puede elevarte al cielo y la amistad a prueba del tiempo.