El cisne: libros y espacios

Barcelona: una ciudad de librerías

Acá, un recorrido por algunas de las más emblemáticas librerías de la ciudad catalana.

Imagen de uno de los rincones de Lino, microlibrería mutante. / Blackie Books

“Las librerías son un modelo de rebeldía y resistencia, lugares necesarios para crear dinámicas entre escritores, estudiantes, periodistas”

Jorge Carrión

 

Mi amigo vive en Grenoble, aunque yo digo que vive en París porque es allí donde lo imagino; además es más fácil de pronunciar. Entra en las librerías, en los cafés, lee y escribe. Carga con su cámara y toma fotos. Si ve algo que no puede dejar pasar, como una zapatilla de ballet en un lugar en el que sólo venden libros, saca su celular y dispara, después se marcha en su bicicleta.

Como todos los que leemos, él tiene una larga lista de libros por comprar que parece que sólo crece. Y en su caso, como hay novedades en español que han desaparecido después de unos pocos meses y ya no se consiguen en Francia, o simplemente no se venden allá, él se sube en un bus y, después de ocho horas, llega a Barcelona.

Aquí vivió durante un año y conoce la ciudad. Tiene sus bares, algunos amigos y su calle cerca de la Barceloneta. Quizás caminó hasta Pou de L’estany, miró hacia arriba y se acordó de él mismo. Después fue a comprar libros.

Me contó que estuvo en La Central, Documenta, Nollegiu, Laie, Taifa, Re-Read y en las librerías de viejo de la calle Aribau. Es imposible visitarlas todas, no en una semana. Nada más en mi barrio, Gracia, hay por lo menos veinticinco. La web libreriasbarcelona.es tiene registradas ciento cuarenta; se han tomado la tarea de clasificarlas por especialidad y ubicación, y me dicen sus administradores que no toman en cuenta las que son más papelería que librería, o las que venden otro tipo de productos, como Fnac y El Corte Inglés.

A finales del 2017 abrieron Sendak, La Inexplicable, El Gat Pelut, SomNegra y La Carbonera. Todas son de proximidad y llenas de actividades en las que pasarse la vida entera. De acuerdo con el mapa de librerías 2016 de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), en España hay 3.967, de las cuales 434 están ubicadas en Barcelona.

Y como no se puede ir a todas, por lo menos hablamos de algunas de ellas. Mi amigo me comentó que La Central sigue siendo su referencia en novedades y que le gustó la oferta de Documenta. En ese momento yo no sabía que, en 2013, su dueño, Josep Cots, hizo una gran campaña de micromecenazgo y consiguió 40.000 euros y un nuevo socio que aportó la misma cantidad y salvaron la librería.

Pero sí le comenté que Xavier Vidal, el dueño de Nollegiu, se trasladó a una nueva sede con la ayuda económica y física de sus clientes-amigos-vecinos, y un domingo hicieron una cadena humana y pasaron libro tras libro, más de 4.000 y nada de cajas, hasta el nuevo local cien metros más adelante.

La llibertat és una llibreria”, escribe el poeta catalán Joan Margarit. Para algunos puede ser un lugar en donde esperar o conocer a alguien, un escondite, un sitio de paso; para otros, un portal, una especie de iglesia, la eterna búsqueda. Para Jorge Carrión, autor de Librerías (Anagrama, 2013), traducido hoy a 12 idiomas, son una obsesión y “un modelo de rebeldía y resistencia, lugares necesarios para crear dinámicas entre escritores, estudiantes, periodistas”. Carrión define al librero como un guía espiritual.

Esto me recuerda que el próximo 23 de abril se celebrará el día de Sant Jordi en Catalunya, las calles se llenarán de libros y rosas, y los libreros tendrán el día más agitado del año, aunque también el que más ingresos les representa: en 2017 se vendieron 1,6 millones de libros (21,80 millones de euros), de acuerdo con el Gremi de Llibreters de Catalunya. No hay que creer que una librería es precisamente el negocio más rentable, pero este tema ya es otro tema.

¿Qué efecto tendrá, por ejemplo, ir un jueves a la Calders y un sábado a Casa Usher? La semana pasada estuve en Lino, la “microlibrería mutante” de Blackie Books, y después de ver lo linda que es y de antojarme de todo, caminé hasta Malpaso, propiedad de la editorial con el mismo nombre, y aumenté mi lista de libros pendientes.

Al otro día descubrí que si uno visita una librería un viernes en la tarde, el fin de semana se extiende y parece que hay dos sábados. Esa noche mi amigo regresaba a su casa: nueve libros comprados, ocho horas de viaje y otra vez en París, en Grenoble.

No hablamos del escritor Teju Cole, que nos gusta a los dos y que me acuerda de él por sus fotos, pero sí de libros y librerías.

 

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