Sexo y Rock and roll

Bob Dylan por los derechos civiles

Un recuento de las canciones que contiene el álbum “The Times They Are A-Changin’”, disco que acompañó y potenció la revolucionaria época de los Estados Unidos de 1963.

“The Times They Are A-Changin’” fue el tercer álbum de Bob Dylan. Lo publicó con la casa discográfica Columbia Records. Getty images

Cuando se celebran las bodas de oro de mayo del 68 y se cuestiona con o sin rigor historiográfico si le debemos todo o no le debemos nada en cuanto a la conquista de libertades, vale la pena retroceder cinco años en nuestro calendario de efemérides, cruzar el Atlántico y situarnos en un panorama quizá más determinante para el presente: los álgidos Estados Unidos de 1963. 

Fue un año clave para el movimiento de los derechos civiles en cabeza de Martin Luther King. En agosto de ese año, frente a cientos de miles de personas en Washington, el reverendo pronunció su célebre I Have a Dream, un discurso idealista sobre un país unido más allá de las diferencias raciales. El histórico momento fue acompañado, entre otros, por Bob Dylan, que hizo parte de la marcha cantando When the Ship Comes In y Only a Pawn in Their Game, canciones que harían parte de una producción había empezado a grabar unas semanas antes en Nueva York, The Times They Are-A Changin’, manifiesto que prolongó el éxito de The Freewheelin’, publicado en mayo de ese mismo año.

Mientras las radios replicaban las palabras del clérigo, «Tengo un sueño: que un día sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad», Dylan cantaba en los estudios de Columbia the sun will respect every face on the deck when the ship comes in (When the Ship Comes In). El barco ha tardado en llegar, y en estos cincuenta y cinco años desde su grabación hasta hoy, llenos de desvíos y tropiezos, y amenazas de naufragio, su arribo a buen puerto sigue siendo una esperanza.

Eso es The Times They Are A-Changin’, un producto de la esperanza. Pero también una denuncia abierta. Las diez canciones que lo componen son un viaje que emociona a los oprimidos y quizá intimide a algunos poderosos. Valiéndose exclusivamente de su voz, acordes simples y repetitivos de guitarra, y una armónica, Dylan hace una declaración de una ilusión común, ataca el sistema de justicia, el sistema económico, e incluso deja espacio para una balada interoceánica, Boots of Spanish Leather.

Su portada muestra un joven Dylan de 22 años, con una mirada escéptica que lo aparenta mucho mayor. La contraportada cuenta con el nombre y el orden de las canciones, que ocupan un papel de reparto ante los cuatro Outlined Epitaphs de Dylan. Una antología de los poemas que se publicarían como XI Outlined Epitaphs & off the Top of my Head. El disco es un producto artístico no solo desde la composición de las letras, sino que se extiende al punto de hacer de sus caras un espacio para la divulgación de otras obras del autor, dejando así un puente tendido entre la música y la poesía.

El álbum se abre con la canción que le da el título a la producción. The Times They Are A-Changin’ es, con su guitarra repetitiva, una canción festiva. Proclama un cambio, un nuevo mundo, y es una afrenta directa al establecimiento Come senators, congressmen/ Please heed the call/ Don’t stand in the doorway/ Don’t block up the hall. Pero no les pide apartarse del camino por cortesía, sino porque el cambio es tan inevitable, tan poderoso como la letra que lo promueve, que es una advertencia para no ser arrasados por esta nueva fuerza. 

Las dos canciones que le siguen son las que quizá se acerquen más al ámbito creativo de Woody Guthrie y sus Dust Bowl Blues, inspiración que Dylan no oculta en el tercero de los Epitaphs de la contraportada: Woody Guthrie was my last idol/ he was the last idol. Tanto The Ballad of Hollis Brown como With God on Our Side se sitúan en el Medio Oeste. La primera es un canto a la desesperación de un padre de familia sin ninguna posibilidad de engañar el hambre de su familia en las llanuras de Dakota del Sur; la segunda, un recuento de las guerras —desde la llegada del hombre blanco hasta la Segunda Guerra Mundial—, en esas tierras pobres y desoladas donde toda barbarie está avalada por Dios. 

Una mención aparte merecen Only a Pawn in Their Game y The Lonesome Death of Hattie Carroll. Ambas contienen denuncias de asesinatos raciales. Only a Pawn in Their Game comienza con la muerte de Medgar Evers, un activista afroamericano de la Universidad de Misisipi. La canción se centra en aquellos políticos, policías, soldados y estudiantes blancos que crecen y actúan dentro de una estructura social basada en la división racial, y a quienes Dylan no juzga del todo, pues tan solo los considera como peones de un juego superior.

Por su parte, The Lonesome Death of Hattie Carroll narra la muerte de Hattie Carroll, empleada de un hotel en Baltimore, a manos de William Zanzinger, quien, en febrero de 1963, la mató borracho a bastonazos. El autor contrapone las vidas de Carroll y Zanzinger: una criada pobre con diez hijos a su cargo; contra un hombre rico y joven, dueño de una plantación de tabaco. Por cada suceso trágico Dylan pide a la audiencia guardar sus pañuelos, pues no es tiempo para sus lágrimas. La canción continúa hasta la captura de Zanzinger y su juicio. Propone la ley como igual para todos, And that the strings in the books ain't pulled and persuaded /And that even the nobles get properly handled. El juez, que se planta ecuánime en el estrado, escucha al victimario entregado y arrepentido, y lo condena a seis meses de prisión. Luego Dylan hace uso de la ironía como el recurso más franco contra la injusticia: la audiencia puede apretar sus pañuelos contra su rostro, ya es hora de llorar. 

El álbum se cierra con Restless Farewell, una canción menos lúgubre que las que le preceden. Se trata, como lo indica su título, de una despedida, pero también de una reiteración de todo lo cantado: And every cause that ever I fought/ I fought it full without regret or shame, como cuando afirma So I'll make my stand/ And remain as I am

Pocos hubieran podido predecir que esa despedida sería también un distanciamiento de las posiciones políticas. En enero de 1964 se publicó The Times They Are A-Changin’, y poco después Dylan empezaría a grabar canciones que mostraran otro matiz, con mayor énfasis en aspectos artísticos que en el mensaje político. Es la razón de que en agosto de ese año saliera un álbum cuyo título fuera todo un aviso de intención: Another Side of Bob Dylan, lo que acaso podría tenerse como otra forma de rebeldía.

Es valioso notar cómo, las canciones de protesta que componen The Times They Are A-Changin’ son de folk, esa música blanca de los Apalaches, la zona de mayor segregación en los Estados Unidos. De esta manera la música, serpenteando entre la poesía y el manifiesto, se vuelve un instrumento de progreso, un arma que se apunta contra valores asentados en la cultura que los origina. 

Y es valioso también recordar un trabajo como The Times They Are A-Changin’ hoy, más de medio siglo después, cuando el totalitarismo y el populismo se expanden en Rusia como en Estados Unidos, cuando el mundo parece volver a partirse en dos, cuando la tolerancia es un valor en peligro y pocos puedan siquiera considerar estas líneas de One Too Many Mornings

When ev'rything I'm a-sayin'

You can say it just as good

You're right from your side

I'm right from mine 

Incluso en nuestro país, donde la paz es motivo para hablar de guerra, hace falta alguien que nos cante al oído que los tiempos están cambiando—y que pueden hacerlo para bien—, alguien que grite en las tarimas sacrificando la afinación por la elocuencia que los perdedores de hoy serán los vencedores del mañana.

 

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