En temporada en el Teatro Colón

Cecilia, la del teatro

La zarzuela, basada en una de las obras literarias más representativas de Cuba, lleva más de 80 años presentándose en diferentes teatros del mundo. ¿Cómo llegó a las tablas?

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“Nos inspiramos en el texto de Villaverde”, dijeron. “Los herederos de Villaverde nos negaron los permisos de llevarla al teatro”, gritaron. Ernesto Lecuona y Gustavo Sánchez Galarraga fueron los primeros en atreverse a llevar a Cecilia Valdés a las tablas.

A pesar de sus intentos, la ambición sólo llegó hasta una obra inspirada, a medias tintas, en la novela. El 1º de marzo de 1930 se presentó, en el teatro Payret de La Habana, María O, una zarzuela de un solo acto que se desarrolla en esa ciudad y cuenta la historia de María.

María, una mulata hermosa y mística. Una mujer con tantos pretendientes como cicatrices en la espalda por latigazos. María, la esclava. La que provocaba al aristócrata español Fernando de Alcázar, que incitaba al industrial español Santiago Mariño y a José Inocente, un mulato que ha jurado matar a cualquiera que se atreva a hacerla sufrir. María se enamora de Fernando sin saber que él está comprometido con la hija del Marqués del Palmar, la niña Tula, y con quien termina casándose. María, como era de esperarse, se sume en el dolor y José Inocente cumple su promesa y mata a Fernando.

Después de esa obra fue imposible amedrentar a quienes querían ver cantar a Cecilia Valdés sobre el escenario. El parecido entre los argumentos de ambas obras era evidente y fue Gonzalo Roig quien, en 1932, lo logró. Con texto original de Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla creó la zarzuela cubana más famosa. Se trata, como reza la portada del libreto, de una comedia lírica en un acto, un prólogo, ocho cuadros, un epílogo y una apoteosis.

Sí, yo soy Cecilia Valdés

“¡Yo soy Cecilia Valdés, Cecilia Valdés!
Hierve la sangre en mis venas,
soy mestiza y no lo soy”.

Cuando Roig hizo la adaptación del libro entendió lo que escribió Villaverde en él: el sentimiento cubano, la desazón de la esclavitud, el olor al sexo prohibido. Por eso introdujo una variedad de ritmos y formas tradicionales en un afán de mostrar la riqueza musical de Cuba. Así nació el mito de Cecilia Valdés.

Sin embargo, Roig pensaba que la obra no estaba del todo concluida. En 1958 agregó a la obra la romanza Dulce quimera y el 25 de diciembre de 1961 se estrenó en el teatro Payret la versión definitiva. Miguel de Grandy fue quien se encargó de la revisión.

“Me enamora un bachiller.
Mis amigas me reclaman...
y algo debo tener.
Yo soy bailadora fina ,
soy bailando la mejor”.

El personaje de la novela se convirtió en alguien de carne y hueso. Primero con la mexicana Elisa Altamirano y luego en las voces de Caridad Suárez, Rita Montaner y una de las más famosas: Alina Sánchez. Cecilia fue tomando “otras vidas”. Y así, unidos para siempre Cecilia Valdés y Gustavo Roig, se hicieron adaptaciones a la radio, en 1942, y se emitió como radionovela en 1959, con el patrocinio del Ministerio de Educación.

El Ballet Nacional de Cuba también se preocupó por ofrecer su versión, con una coreografía basada en la música de Roig. Entre otras figuras de la danza cubana, Rosario Suárez, Charín y Josefina Méndez se encargaron de dar vida al personaje.

Todas estas mujeres enraizadas en un personaje travieso y lleno de tierra.

“La particularidad del espectáculo está en la recreación del ambiente donde se desarrolla el relato, al tiempo que fluye la deliciosa música de Roig, para transportar al público a esa Cuba que va de los ingenios burgueses a las casas humildes, pasando por los bailes en elegantes salones”, indica Ignacio García, director escénico de Cecilia Valdés en el Teatro Colón.

 

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