El autor nació en Estados Unidos, el 4 de abril de 1950

Charles Bernstein y la poética del lenguaje

El poeta estadounidense ha defendido la poesía conceptual que ha logrado gracias a sus conocimientos en filosofía analítica y poesía estadounidense de los siglos XIX y XX.

Charles Bernstein es uno de los símbolos de la “Poesía del lenguaje”. / Crédito: Juan Felipe Vásquez

Sereno, inmovil, como el título de su libro. Así se comportaba Charles Bernstein, el poeta estadounidense que vio en la poesía de Gertrude Stein y la filosofía de Ludwig Wittgenstein un punto que pocos habían visto y que pocos consideran válido, pues el contraste entre un lenguaje simbólico, como el de la poesía, y un lenguaje literal, como el que propone la filosofía analítica, difícilmente podrían llegar a converger. Sin embargo, gracias a la Guerra Fría y un discurso metafórico que escondía el interés del poder, Bernstein lograría escudriñar en el asombro y en la política un espacio para unir la formalidad de la filosofía con el verso de la poesía. Blanco Inmóvil, como toda antología poética, es un cajón que resguarda versos invaluables, que se esfuerza por reunir en un mismo espacio una pluralidad de universos que hablan más que las propias palabras del poeta y que son el reflejo de varios años de reflexión y crítica. El libro, que es editado por la Universidad de Los Andes, recoge en 420 páginas una selección de poemas que han estado plasmados en otros textos del autor estadounidense y que cuenta con la posibilidad de leerlos en el idioma original. La edición bilingüe da cuenta de uno de los temas que más preocupa al autor: la traducción. Enrique Winter, poeta chileno, es el encargado de traducir la poesía del lenguaje, campo en el que Bernstein se sitúa para ahondar en la capacidad que tiene la poesía para politizar el modo en que nos comunicamos. El cuidado de la traducción resulta relevante para todas las obras que son escritas en otras lenguas, pero en este caso específico, el hecho de mantener el tono y el sentido de la poética de Bernstein se hace mucho más cuidadoso, pues la idea es resguardar a cabalidad los efectos de los sonidos provenientes de los versos del autor y así captar la apuesta de una narrativa que se asocia a la teoría de la filosofía del lenguaje, según la cual al emitir un enunciado estamos generando una acción. Así, el sistema de traducción, que lleva implícito el hecho de asumir el riesgo a la alteración del sentido y el significado del idioma y su cambio a otra lengua, se muestra como una de las preocupaciones del poeta estadounidense, ya que allí surge un conflicto entre ciertas configuraciones de las palabras que pueden estar sujetas a una sola lengua y podrían perder su intención y su forma al ser traducidas.

Y es que lo poco convencional resulta complejo de entender por su valor de ruptura. La lejanía de una época y la mezcla entre dos elementos que no suelen ser tenidos en cuenta para unir un arte componen la relevancia de Bernstein y su apuesta por una poética de la lógica, por un lenguaje metafórico que es capaz de jugar con los actos de habla de Austin y que puede suscitar un espacio para el análisis, sin desligar el goce de los versos y el metro. Desde su tesis de pregrado en Harvard, en los que hace alusión a la poesía de Gertrude Stein y los postulados filosóficos de Wittgenstein, el poeta Bernstein trabaja de manera transversal el escepticismo de un lenguaje incomprendido y la importancia de romper con lo impuesto para transgredir discursos que asocian el poder con la capacidad de comunicación.

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“Tenía 18 años en 1968. En ese momento el arte radical, el arte modernista lo veía combinado en un plano filosófico, poético y político también. Buscaba darme cuenta cómo se usaba en el tiempo de la Guerra Fría el lenguaje para mistificar determinadas situaciones. Entonces consideraba que era una persona muy representante de la época, porque colocaba en entredicho la democracia, la libertad y la guerra atómica. En ese lugar, veía cómo el lenguaje servía para desenmascarar todos estos conflictos. Junto a mis amigos, empezamos a pensar la política no como tema, no a escribir poemas que trataran el tema de la política, sino a pensar politicamente el lenguaje como un sistema en el cual las metáforas venían a esconder esos sucesos que se llevaban en la Guerra Fría”, Aseguró Bernstein.

A través de la revista L=A=N=G=U=A=G=E, medio fundado y editado por Bernstein y Bruce Andrews, entre 1978 hasta octubre de 1981, se logró estudiar con mayor énfasis los signos de la poética y su significado político dentro de un contexto en el que, como bien lo dijo el poeta estadounidense, las metáforas estaban al servicio de las artimañas y las conspiraciones de los gobiernos que vendían temor durante la Guerra Fría. Los estudios estructuralistas y postestructuralistas del lenguaje y la literatura influenciaron, en gran medida, los contenidos filosóficos, literarios y sintácticos de Andrews y Bernstein, pues esta corriente académica llevaba a los autores a repensar un movimiento de vanguardia alrededor de la forma en que se entiende el lenguaje poético en un mundo convulsionado por el mercado y un constante estado de alarma ante las amenazas de conflictos bélicos entre las grandes potencias.

Cavell, profesor de Bernstein, fue alumno de Austin, autor de la Teoría de los actos de habla, de allí el interés del poeta por la filosofía del lenguaje y este postulado que afirma que un acto de habla se compone de los actos locutivos, ilocutivos y perlocutivos, así, al emitir un enunciado, estamos diciendo algo (acto locutivo), prometiendo o generando una acción (acto ilocutivo) y generando un efecto reacción (acto perlocutivo). Ahora bien, para Bernstein, esta teoría de los actos perlocucionarios son esenciales para entender que los gestos y las acciones son el sentido mismo del acto poético, es decir, que con el idioma y el habla construimos los hechos y, por ende, los actos perlocucionarios y el idioma con el que nos comunicamos se convierten en los fundamentos de la poesía y la realidad misma.

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“La poesía es un arma muy poderosa contra lo estándar, contra el estándar del lenguaje de clase, contra la estética dominante. Y a mí me interesa justamente romper ese estándar a través del "collage", de la mezcla de pegar elementos de distintos lugares. La propuesta es crear modos de estar en el lenguaje y que esos modos sean distintos de los existentes. Y esto empuja el aspecto de normalización que lleva el lenguaje implícito. Entonces, allí se reconocen dos saltos o vacíos: El primero, una lingüística radical como la que propongo, que no se ajusta a la gramática tradicional, sino que yuxtapone elementos. Y por otra parte, está el inglés estándar como habla, los cambios que hay en el habla del inglés estándar y que están en la calle. Ahí veo una gran diferencia, sin embargo, se puede hallar una alianza entre ambos elementos. Esa alianza ha sido difícil porque la izquierda quiere hablarle a las masas, desde la política, con un lenguaje sencillo; y los poetas experimentales parecen no estar interesados en intervenir políticamente. Yo creo que sí esto se une de manera filosófica, se puede reconceptualizar nuestra estancia en el mundo de una manera democrática e inclusiva que tiene que ver con una revolución lingüística y política”, afirma el poeta estadounidense.

 

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