Cultura popular

Cholombianos, la tribu urbana que se formó con la cumbia de Celso Piña

La muerte del rebelde del acordeón deja huérfanos a los pocos integrantes de una subcultura estigmatizada y perseguida.

La estética de los Cholombianos generó rechazó en gran parte de la sociedad regiomontana. Ilustración de Rocio Cañero publicada en la revista Yokorubu

Estigmatizados y señalados por tener falsos vínculos con narcotraficantes y delincuencia común, este grupo de jóvenes que bailó cumbia en las calles de Monterrey desde principios de los años 90 se acerca a su extinción total.

Un accidente provocó el nacimiento de una tribu urbana. Cholombianos, la llamaron. La historia tiene dos protagonistas: Gabriel Dueñez y Celso Piña. El primero es el sonidero más destacado de Nuevo León, estado del noreste de México. El segundo es el hombre que popularizó la cumbia en un país que hasta antes de su llegada solo sabía cantar rancheras y embriagarse con corridos. Piña murió el pasado miércoles, a los 66 años.

Cuenta el señor Dueñez que durante una fiesta en la que sonaba un disco de Celso Piña, el aparato que reproducía la música se recalentó y el motorcito encargado de darle vueltas al vinilo empezó a correr más lento. La música nunca dejó de sonar, pero la velocidad se redujo. Sonaba extraño. Diferente. La falla mecánica terminó convertida en un género musical. Cumbia rebajada, la bautizaron en la colonia Independencia, en el centro de Monterrey.

Lo invitamos a leeer este perfil sobre Celso Piña: Celso Piña, un rebelde con causa

Los puristas dirán que ese sonido nada tiene que ver con cumbia y que Pacho Galán, Lucho Bermúdez y Matilde Díaz se revuelcan en sus tumbas cuando llaman cumbia a esa vaina que puso a bailar a los jóvenes de los barrios más calientes de Nuevo León. Esos jóvenes, acostumbrados a ser cuestionados y a quienes suele abrazar la pobreza, además de apropiarse de aquel ritmo crearon un código de vestimenta en torno al mismo. “Eran de lejos la gente más interesante en una ciudad tremendamente conservadora”, dijo en su libro Cholombianos, la diseñadora de modas británica Amanda Watkins.

La estética cholombiana no pasó desapercibida. Era una mezcla sui géneris: cabeza rapada, pero con copete y patillas larguísimas embadurnadas con gomina, pantalones y camisas anchas, al estilo de los raperos neoyorquinos de los 90, y colgandejos con la imagen de la Virgen de Guadalupe. “Punks tropicalizados”, los llamó la diseñadora.

VIDEO | Diversidad Nacional - La Kolombia Regia

 

En diálogo con El Espectador, Alan Villalón, integrante de Los Kombolokos, un grupo de cumbia que suena en Monterrey, explica que “los cholombianos eran una subcultura conformada por personas que bailaban cumbia en las calles y que eran mal vistos por su forma de ser y de vestir. La sociedad los hizo a un lado. Los asoció con rateros y drogadictos”. Se les llegó a vincular con el tráfico de drogas y la delincuencia organizada. De hecho, en 2013 se registró un hecho que agudizó la estigmatización: en enero de ese año fueron asesinados los 20 integrantes de la agrupación Kombo Kolombia. Según fuentes judiciales, los músicos, entre ellos un colombiano, fueron masacrados por narcotraficantes que no aceptaban que la música sonara en las fiestas privadas del grupo con el que se disputaban el mercado de drogas ilícitas en Nueva León.

La carga negativa del término aún es evidente en Monterrey. Según Villalón, aunque hoy en día la cumbia se escucha en todos los estratos, aún hay quien llama “colombiano”, de forma despectiva, a la persona que escucha esta música parida en el Caribe de Colombia.

En 2015, y como parte del proceso de divulgación del libro Cholombianos, Los Kombolokos, junto con Celso Piña, acompañaron a Amanda Watkins en la presentación del texto. Las motivaciones de esta cultura urbana documentadas en el libro pasaron por, entre otros lugares, la Feria del Libro de Monterrey y el Museo de Historia de Ciudad de México.

“Aunque algo elusivos al principio, (los cholombianos) siempre fueron muy amistosos conmigo. Y aunque a menudo son empleados como chivos expiatorios para todos los problemas de Monterrey, nunca dejaron de posar alegremente para mi cámara”, dijo Watkins a la BBC.

“La forma en la que han creado su propio estilo es tremendamente refrescante en una época en la que todo parece cada vez más homogenizado. Ellos lo personalizan todo en la medida que se lo permiten sus recursos. Usan cosas que no pueden comprar. Deben comprar la tela y convencer a alguien —tal vez a una tía— de que se lo cosiera”, agregó la diseñadora de modas.

Antonio Palacios Damián, más conocido por la raza como Satanás de la Monterreal, es desde hace varios años uno de los promotores de la cultura cumbiera en Monterrey. En diálogo con El Espectador, matiza la ausencia de cholombianos en el cerro de la Silla. “Lo que pasa es que el género ha venido evolucionando. Se ven pocos en las calles, pero en las fiestas que se organizan con los sonideros aparecen todos. Adoptan esa antigua forma de vestirse cuando están en la fiesta, no en su vida cotidiana (…) Antes los chavos lucían escapularios, pulseras bordadas con el nombre de la pareja y con copetes y partes del pelo pintadas. Se ve menos, pero no se ha extinguido”, dice.

***

La ilustración que acompaña este texto fue realizada por Rocio Cañero y publicada originalmente en la revista Yokorubu.

877630

2019-08-24T21:00:00-05:00

article

2019-08-26T12:45:19-05:00

[email protected]

none

Joseph Casañas - @joseph_casanas

Cultura

Cholombianos, la tribu urbana que se formó con la cumbia de Celso Piña

72

6044

6116