Trabaja como docente de cine en Nueva York

Chris Newman, el hombre del arte invisible

Creció con la radio. Quería trabajar en la industria de la música, pero el cine lo encontró. Limpió pisos en un estudio de grabación y exploró las consolas en las noches, hasta que aprendió a usarlas y se convirtió en uno de los sonidistas más destacados de Hollywood.

Chris Newman fue invitado al festival de cine The Classics 2017, en Bogotá. / Cortesía

Afortunado: así se define Chris Newman. Quizá no es por las nominaciones al Premio Óscar, los galardones o las decenas de películas en las que ha participado, sino por estar trabajando en lo que lo apasiona: los sonidos. Y es que el mezclador estadounidense se reconoce a sí mismo como una sound person, una persona de sonidos, cuya historia comenzó en su infancia, cuando tocaba piano y vibraba con la radio y la música, y de la cual escribió nuevos capítulos con cada película que llegó a su vida.

Boston, 1950. Empezó a cumplir su deseo de ser ingeniero de sonido estudiando en la Universidad de Boston. Cuenta que fue un año y medio entre las aulas. En una de las biografías que han publicado sobre él escriben que fueron tres años, pero un año, dos o tres, la conclusión es que decidió abandonar la carrera porque no le gustó para nada la universidad. “Eran tiempos diferentes y estaba muy joven cuando fui a estudiar”. De allí viajó a Nueva York.

Diecinueve años, la ciudad más poblada de Estados Unidos y el deseo de hacer parte de la industria de la música. Trabajaba por horas o días, según las oportunidades que aparecieran, y en las noches exploraba las consolas para aprender a manejarlas y así crear mezclas de audio. No recibió pago por su primer trabajo oficial relacionado con el mundo de los sonidos, pero ese fue el inicio de una cadena de producciones —desde comerciales hasta documentales y teatro— que lo encaminaron hacia la industria del cine.

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Conoció a “ese chico”, así lo llama, un hombre del mundo audiovisual que le propuso participar en una película cuando lo que él estaba buscando era hacer música. Su primer sueldo fue de 25 dólares al día —“era mucho más dinero del que alguna vez había hecho”— y con eso le bastaba para vivir. Cuando finalizó su primer proyecto decidió decirle al mundo que él era Chris Newman, un hombre de sonidos. Dieciocho años después de haber estado en Boston intentando estudiar ingeniería de sonido, Newman hizo Medium cool, su primer documental.

1972, El padrino, una de sus obras maestras, con la que fue nominado al Óscar. En 1973 ganó el premio por su trabajo como sonidista de El exorcista, y a ese galardón lo siguieron los reconocimientos de la Academia por su trabajo en Amadeus, en 1984, y El paciente inglés. Contacto en Francia, El silencio de los corderos y Fama han sido otras de sus producciones.

Una película es su preparación para la siguiente. Su trabajo no se queda en la edición de sonidos. Le gusta participar en el set tanto como pueda, en el que suele estar acompañado de dos operadores, hasta llegar a la posproducción, donde el equipo se hace más grande. Ningún momento de la producción le parece más difícil que otro, sino un paso a seguir en el mundo de sonidos del que decidió hacer parte.

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Se lamenta de las pocas ocasiones en que no pudo participar en todo el proceso cinematográfico. Entre risas, asegura que el secreto es usar el cerebro, trabajar desde temprano y estar enfocado en lo que se está haciendo. Y esa es la clave que intenta transmitir a sus alumnos de cine en Nueva York. Aunque él no estudió una carrera profesional para trabajar en la industria, reconoce que ahora los jóvenes van a la escuela con el sueño de ser cineastas, y hacen muy buenos trabajos. Enseñar el arte del sonido y transmitir su legado a los futuros protagonistas de la industria se convirtieron en sus objetivos.

Setenta y siete años, 55 de ellos en el cine. Dice haber cometido muchos errores, de esos que sólo el editor conoce, pero que lo hicieron mejorar su trabajo filme tras filme. Puede tardar meses o semanas editando el sonido de una película, pero cree que Amadeus y El exorcista tuvieron un proceso más largo. Ha trabajado en decenas de producciones y ha sido espectador de incontables películas que por su calidad y cantidad le impiden tener una favorita. “Puede gustarme mucho una hoy, pero mañana habrá otra que me llame la atención”. Man on the radio y Separation son memorables para él.

La gente espera sus películas. ¿Eso hace que su trabajo sea más retador?

Siempre hay una responsabilidad grande, sobre todo cuando hay una gran expectativa, pero nadie sabe realmente nada de los sonidos. Es como un arte invisible.