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“Correr la tierra”, de Catalina Navas: restaurar desde lo ficcional

En su más reciente libro, Navas emprende una narración vertiginosa en la que su protagonista, Paulina Uscátegui Caicedo, descubre que su nombre no la identifica y emprende un camino que la aleje del dolor del abandono y le permita identificarse.

Catalina Navas, quien ha publicado los libros “Camino de hielo” y “Las mujeres de la Independencia”.Camilo Rozo

El nombre es nuestra primera patria. Lo memorizamos, lo repetimos, lo escribimos, nos lo apropiamos, lo volvemos firma, territorio y bandera. Qué es el nombre si no la huella de nuestro primer paso sobre la Tierra. Su certeza es tener la seguridad de ocupar un lugar en el mundo: la historia detrás de nuestro nombre es una geografía.

Somos conscientes de nuestra existencia por las letras que forman un nombre, por la combinación de las consonantes y las vocales, por su sonido. El nombre es memoria.

En Correr la tierra (Seix barral, 2020), Catalina Navas emprende una narración vertiginosa en la que su protagonista, Paulina Uscátegui Caicedo, descubre que su nombre no la identifica y emprende un camino que la aleje del dolor del abandono y le permita identificarse. “Quería escribir una novela de formación que tuviera un personaje femenino, contar la historia de una joven que construye una posición propia a partir del dolor y el miedo al abandono. Para hacerlo usé mi propia experiencia como hija de un hombre con quien tengo una relación lejana y difícil. Escribir esta novela fue construir mi propia narrativa sobre un asunto en el que siempre había sido mi papá el que había establecido los términos”, afirma.

La historia, que transcurre en dos tiempos -entre la remembranza de la Bogotá de los 90 y la vastedad de la actual- deja ver cómo la ciudad muta con nosotros, cómo cambia mientras la recorremos y, en esa medida, esta es una historia llena de sonidos, de música: “Quisiera pensar que el ritmo de las cosas que escribo está relacionado con la música que oigo. Habría triunfado si fuera así. Para escribir esta novela oí mucho After Bach, de Brad Mehldau, y Razor Blades, Little pills, Big Pianos, de James Rhodes”.

Catalina Navas ha publicado Camino de hielo (Planeta lector, 2019) y Las mujeres de la Independencia (Planeta Júnior, 2019). Escribir para un público infantil o juvenil es distinto, dice, porque las preguntas que fundamentan la escritura son igualmente distintas. “Pienso en lo que me hubiera gustado leer cuando niña o joven. Escribí Mujeres de la Independencia para la Catalina del pasado, la que tiene hoy 10 u 11 años. Me pregunté: ¿Qué historias de la Independencia de Colombia me hubiera gustado conocer? Y las escribí. Este oficio es para mí un privilegio. Es un privilegio y un placer, porque cuando uno escribe para niños se hace un poco niña también, y es divertido intentar esa perspectiva. Además, tengo la fortuna de tener un trabajo en el que interactúo mucho con niños pequeños. Me gusta verlos cuando leen, saber cuáles son sus libros favoritos y por qué. De tanto verlos y hablar con ellos he ido entendiendo qué historias les gustan”. Publicar tres libros en poco más de un año no es un detalle menor. Da cuenta, claro, de una disciplina casi religiosa para escribir: “Tengo un cronograma de escritura estricto. Me obligo a sentarme todos los días de madrugada para cumplirlo”.

Correr la tierra es una novela íntima, construida con los diálogos y cuestionamientos de la protagonista, que emprende un camino para reconocerse que pasa por el descubrimiento esencial de que el mundo es un lugar hostil con las mujeres y de que su propia experiencia es solo una cara más de las violencias de género, que se manifiestan incluso en la literatura. Ese primer acercamiento del personaje al feminismo será fundamental para su camino, para definirse. En el mundo real, claro, esas violencias están latentes, incluso en el mundo editorial, y aunque a muchos de los exponentes de ese mundo parece incomodarles que sus privilegios se señalen, el feminismo sirve entonces para lo mismo: “El sistema está diseñado para que las mujeres escriban y publiquen menos. Basta con ver la lista de nominados a cualquier premio literario. El hecho de que las mujeres hayan estado históricamente a cargo de las labores de cuidado en el hogar ha hecho que sea más difícil para nosotras escribir”.

En Correr la tierra, Catalina Navas construye imágenes muy bellas en las que su protagonista despliega sus inseguridades, sus miedos, las ficciones sobre su padre, la manera en que se relaciona con el mundo. Así se descubre, sabe de sus fortalezas, de sus certezas. Se hace uno la pregunta, quizás inútil, de si acaso existe algo que pueda llamarse literatura femenina. “Existen historias de mujeres, lo que pasa es que la mayor parte del canon occidental está hecho de historias de hombres. Cuando empiezan a aparecer más voces femeninas se piensa: ¡Ah, mira! Un nuevo género. No lo es, somos más de la mitad de la gente en el mundo y siempre hemos estado aquí. No creo que existan historias que solo disfrutemos las mujeres o que exista una literatura solo para nosotras. Las historias de mujeres son historias de la humanidad y todos pueden disfrutarlas, conmoverse o problematizar sus posiciones a través de ellas”.

Y claro, al leerla, uno se siente identificado con Paulina, con sus gestos, con sus preguntas. Porque hay libros y personajes para cada lector y porque, así como no existe una escritura, sino muchas formas de esta, tampoco existe la inspiración, sino el estar escribiendo. “Existe una memoria que vincula imágenes sin saber el propósito final del vínculo. A veces leo o veo algo y me resuena sin saber por qué. Luego descubro que me servía para entender algo en lo que ya estaba pensando. No lo llamaría inspiración, sino pensamiento intuitivo, un tipo de razonamiento que no es lineal ni sigue un propósito claro, pero en mi caso rinde más frutos que el pensamiento que se pregunta algo, busca y responde”.

Y si de cuestionarse se trata, si de buscar respuestas se trata, vale volver sobre uno de los descubrimientos de Paulina. Qué va de la literatura al feminismo, cómo sirve este para entender el acto de escribir. “La pregunta clásica del feminismo: ¿De qué manera construir un mundo equitativo para hombres y mujeres? Guía la creación literaria y la manera como hacemos visible nuestro trabajo. Hablo en plural, porque somos muchas. Cristina Morales dice que la literatura sirve para abrir grietas en los sistemas de opresión, creo que eso es justamente lo que intentamos hacer. No siempre por supuesto, también hago literatura completamente inútil, que solo existe para que alguien la disfrute”.

Entonces se escribe para eso, para dejar testimonio, para ser memoria, para contar lo que no se puede contar, para incomodar lo establecido. Catalina Navas lo sabe: “En mi familia hay historias y personajes fascinantes de los que no se habla casi nunca. Mi tío que se exilió a San Francisco porque no se podía ser gay en una familia tan conservadora; mi abuela que atravesó medio país embarazada y a cargo de sus hijos pequeños; mi madre. En mi casa hay temas que no se han tocado por ser tabú, o porque no somos muy buenos hablando de lo que nos incomoda. Al no hablar de esos personajes y de lo que vivieron es como si los cubriera una mancha de vergüenza. A mí me parecen valientes, gente maravillosa que se enfrentó a un sistema de opresión e hizo una vida bonita, que se parece a la nuestra porque queremos lo mismo: estar tranquilos, querer a otros, disfrutar del tiempo libre, que nos dejen en paz. Y yo creo que hay que contar esas historias, hacer una especie de restauración desde la ficción. Ficcionalizar la experiencia del otro como una manera de encontrarnos. La ficción es un puente entre experiencias distintas. Una vez haya acabado esas tres novelas -Correr la tierra es la primera- estaré tranquila y dejaré de madrugar tanto.”

En la novela, Paulina descubre que correr la tierra es un ritual muisca en el que se ofrenda al agua parte de lo que somos y en el que el recorrido mismo es ritualidad. Eso es Correr la tierra: una historia para encontrarse. Caminar para saber quiénes somos.

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2020-03-25T17:50:26-05:00

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2020-03-25T21:34:59-05:00

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Andrés Felipe Castañeda

Cultura

“Correr la tierra”, de Catalina Navas: restaurar desde lo ficcional

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