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Crónica inédita de una misión clandestina: un secuestro

Cuando el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado estaba secuestrado, el entonces expresidente Belisario Betancur realizó contactos con el gobierno de Cuba y envió a la isla a su amigo Guillermo Angulo, fotógrafo y humanista. En este texto, 33 años después, el “Maestro” revela apartes del diario íntimo que le entregó a Betancur sobre su misión.

Gabo en la biblioteca de su residencia en La Habana, con su computador de pantalla vertical en el cual el "Maestro" Angulo escribió el memorando que entregó a Belisario Betancur sobre su misión como “embajador clandestino” a Cuba y que permanecía inédito.Guillermo Angulo

Este es el extracto de una especie de diario inédito que cuenta una misión personal que Belisario Betancur me encomendó cuando Álvaro Gómez Hurtado fue secuestrado.

Existe la falsa impresión de que Betancur y Gómez Hurtado eran enemigos; al contrario: eran muy buenos amigos y Belisario le tenía gran admiración. En ocasiones fueron contendores políticos, pero eso es otra cosa.

El original de este informe inédito tiene un sello que dice: Confidencial. Fue escrito en Cuba, en el computador personal de Gabriel García Márquez, con su característica pantalla vertical. Los comentarios —de ahora— van en itálicas y entre paréntesis cuadrados.

[El 10 de junio Belisario me llama por teléfono y me dice: “Maestro, ¿quieres venir a desayunar mañana a mi casa?”. Y yo le contesto, como buen paisa: “¿El desayuno es con arepa?”. A lo que el Pre me contesta muy serio: “En esta casa siempre se desayuna con arepa”].

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Viernes 10 de junio de 1988, Bogotá

Desayuno en casa de Belisario Betancur, quien me pregunta si estoy dispuesto a trasladarme inmediatamente a Cuba, para comprobar quién tiene detenido a Álvaro Gómez Hurtado, pedir al grupo que lo tenga que garanticen su vida y tratar de gestionar su liberación. Sin dudarlo le digo que sí, agregando:

—¿Pero si tú ya hablaste con Fidel, para qué quieres mandarle un embajador personal?

—Para que vea que yo estoy de verdad muy interesado. Y tu amistad con Gabo será de gran utilidad.

Sábado 11 de junio, La Habana

Llego a La Habana a las dos de la mañana y en el aeropuerto me están esperando Gabriel García Márquez, Carmen Balcells y Alessandro, mi hijo, que está haciendo un curso de guiones en la escuela de San Antonio de los Baños.

Ese mismo sábado Gabo me invita a una ceremonia de condecoración a Juan Bosch, en el Palacio de la Revolución, donde me presenta a Fidel Castro, rodeado de personas que lo querían conocer.

Una venezolana le pide un pelo de su barba y él le dice: “Sí, pero yo mismo me lo arranco”.

Había algo de fervor religioso en esa petición y en el deseo de muchas personas de simplemente estar cerca o tocarlo.

Luego, pasamos con Gabo a un buffet y ahí me presenta a Manuel Barba Roja Piñeiro, un cubano simpático y abierto, jefe del Departamento de Latinoamérica y experto en todos nuestros vericuetos, políticos y económicos.

Estamos de acuerdo en dos puntos obvios: que hay que saber con certeza qué grupo tiene a Álvaro Gómez, contactarlo y pedirle que le respeten la vida.

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Fidel se acerca y me dice que él se va con Gabo a su casa y allá nos vemos. Gabo sugiere que localicen a Antonio Navarro y el Comandante inmediatamente le ordena a Piñeiro que lo invite, de parte suya, a venir a Cuba.

[Después Gabo me contó que Fidel lo había llamado aparte y le había preguntado: “¿Qué tan de confiar es Angulo? Porque conocerá muchos de nuestros secretos”. A lo que Gabo le contestó en costeño: “Está bajado en mi casa”.]

Domingo 12 de junio

Como a eso de las 12:30, Fidel lleva aparte a Piñeiro, conversan un rato a solas y luego nos invitan, a Gabo y a mí, a reunirnos con ellos.

Luego, Gabo llama a Belisario y le informa de lo que va pasando.

Interludio

[Acompaño a mi hijo Alessandro a ver a unas compañeras de la escuela de cine. Cuando llegamos, tres de ellas están leyendo el tarot. Y Alessandro comenta sonriente: “Dicen que todos los cubanos saben leer y escribir. Pero ustedes lo que saben leer es el tarot”. A pesar de mi escepticismo sobre los métodos de adivinación, por puro pasatiempo le pido a una de las jóvenes que le pregunte al tarot lo siguiente: “¿Está vivo o muerto?”. Va poniendo las cartas, una a una, con parsimonia, y veo con horror a un hombre colgado de un pie. La tarotera me dice: “Está vivo, pero inmovilizado”. Quedé completamente sorprendido, y es obvio decir que estas bellas cubanas (al contrario de Piñeiro) no sabían nada de lo que estaba pasando en Colombia, ni el motivo de mi visita.]

Otra vez, en la noche, llega el Comandante a la casa de Gabo y nos hace una amplia disertación sobre diversos temas: desde la nueva apertura al turismo internacional hasta cómo cocinar un bacalao.

Lunes 13 de junio

Voy a la Fundación de Cine y Gabo me invita a participar en una sesión de sus famosos talleres. Ahí recibo una llamada de Belisario, quien me lee un comunicado del M-19, dado a conocer en Panamá, en el que reconocen tener en su poder a Álvaro Gómez Hurtado.

Por la noche, poco antes de las 12, llega Fidel, quien se ha interesado sobremanera en el asunto y ha estado viniendo y comunicándose con nosotros todos los días, a pesar de estar padeciendo un molesto resfriado.

Nos dice: “Las cosas van por el lado positivo. Creo en la autenticidad del comunicado del M-19 y en él no dan indicios de que no quieran respetarle la vida. Sería absurdo que un grupo político dijera: ‘Lo tenemos, para luego matarlo’. Sería, además de cruel, impolítico”.

[En una conversación privada con Fidel, nos dijo —a Gabo y a mí— que él estaba en desacuerdo con el secuestro: “Lo hicimos una sola vez, pero no por dinero sino por publicidad. Batista gobernaba y Juan Manuel Fangio había venido a competir en el Gran Premio de Cuba, que tenía lugar en el Malecón. Lo secuestramos con fines propagandísticos y el gobierno decidió que, de todas maneras, se hacía la carrera. Pero la publicidad mundial fue para nosotros y el secuestro. Terminada la carrera lo regresamos indemne y tuvimos aun más publicidad. Luego Fangio regresó varias veces a Cuba y siempre nos buscaba”.]

Martes 14 de junio

En la tarde llega Piñeiro y nos confirma que llegó Navarro y que el comunicado es auténtico. Tienen a Álvaro Gómez y han dado seguridades de que la vida del prisionero no está corriendo ningún peligro. [No se sabe por qué todos los guerrilleros rehúyen usar la palabra “secuestrado”]. Que el mismo Gómez Hurtado es consciente de que la solución puede ser larga y ha decidido ponerse a estudiar economía.

Hablo en la noche con Belisario y le hago llegar el resumen de lo ocurrido, incluyendo las seguridades que ofrece el M-19 de conservarle la vida.

Miércoles 15 de junio

A las 4:30 de la tarde pasa el Comandante por la casa buscando a Gabo, que había salido a ver a Navarro.

Se queda un rato, va hasta la nevera de la cocina, saca un whisky de una sola malta, me ofrece (le cambio la oferta por un vaso de vino) y se sirve apenas dos dedos. Nos sentamos a conversar y al final me pregunta si he tenido alguna nueva noticia. Yo agrego que, después de la intervención suya y lo dicho por Navarro, considero terminada mi misión.

Me da la mano y me dice sonriendo: “Antes nos tenemos que comer el bacalao que trajo Carmen”.

Más tarde me telefonea Gabo y me dice que Navarro me quiere ver. Voy a casa de Piñeiro y hablo a solas con Navarro (a quien no conocía). Me recibe muy bien y me trata de “Maestro” y conversamos como si fuéramos viejos amigos.

Me confirmó lo sabido sobre el secuestro, agregando algunas precisiones: “Está en perfecto estado de salud. En ningún momento fue herido o lastimado. En el momento del secuestro hizo repulsa, pero al saber que eran del M-19 se tranquilizó y no opuso más resistencia. Se encuentra bien de ánimo, estudiando, porque piensa que la cosa puede durar”. Agrega que ellos le garantizan la vida, dentro de la normalidad. Si los atacan, puede que en la balacera ocurra algún accidente o que de pronto las mismas Fuerzas Armadas puedan tener interés en matar a Álvaro Gómez, para achacarles a ellos su muerte.

Recomienda que el Gobierno suspenda por completo su búsqueda. Dice que está perfectamente vigilado por un comando élite, bien entrenado y adecuadamente armado; con alta capacidad de combate, y dispuesto a resistir y repeler el más fuerte ataque. Y puntualiza: “El encargado de todo el operativo es Carlos Pizarro. Con él debe hablar el Gobierno, y ellos saben cómo contactarlo”.

Jueves 16 de junio

El Comandante llega puntual al almuerzo de despedida en casa de los Gabos. Vamos a comer el tan esperado bacalao. Como el Comandante, antes de pasar a la mesa, insiste en darle a Mercedes las instrucciones precisas para la preparación del bacalao, Mercedes le dice con cariño y firmeza, mientras sonríe: “Vea, Comandante: usted manda en la isla, pero en mi cocina mando yo, y voy a hacer el bacalao a mi manera”.

¡Y qué buena resultó la manera de la Gaba!

A la mesa estábamos Gabo, el Comandante, Mercedes, Piñeiro y yo (Carmen Balcells había regresado a Barcelona). Mientras almorzábamos, Fidel hace un resumen de lo que hemos hablado en los días anteriores. Al terminar, aprovecho para darle las gracias, en nombre de Belisario Betancur y el mío, por toda la atención prestada a nuestras peticiones.

No transcurrió un solo día sin que Fidel no hubiera llamado —o aparecido— por la casa de los Gabos, enterándonos, o inquiriendo, sobre el desarrollo de los acontecimientos.

En medio del almuerzo, Fidel aborda uno de sus temas favoritos: la deuda externa y me dice: “Angulo: ¿cuánto tiempo se demoraría un solo hombre (trabajando solo ocho horas diarias y, naturalmente, descansando sábado y domingo) para contar a mano, en billetes de a dólar, la totalidad de la deuda externa de Latinoamérica?”.

Al no tener ni idea del monto de la deuda externa, aventuro al azar un lapso que me pareció exagerado: “Treinta años, Comandante”.

Y Fidel, con una sonrisa triunfal, me rectifica: “Once mil años”. Hace una pausa dramática antes de agregar: “¡Y una deuda que no se puede contar, no se puede pagar!”.

Antes de retirase, Fidel se despide de mí con un fuerte y cálido abrazo, mientras me dice: “Angulo: dígale a Belisario que yo sigo esperándolo y disponible, para lo que se le pueda ocurrir”.

Epílogo

A mi regreso a Colombia, pasó lo siguiente:

Fuimos a visitar a la familia de Álvaro Gómez y Belisario los enteró de los buenos resultados de nuestra gestión.

[Yo conocía a Mauricio el “Godo” Gómez. Por cierto, la primera vez que almorcé con los dos, le dije a Álvaro: “Yo a su hijo lo llamo ‘Godo’. Y se lo cuento para que, cuando oiga el nombre no volteen a ver los dos. Se rió y quedó roto el hielo].

Belisario le comunicó nuestra gestión al presidente Barco y al ministro de Gobierno de ese entonces, César Gaviria Trujillo, quien insistió en ir a entrevistarme a mi apartamento.

Otro que quiso enterarse de primera mano de lo sucedido fue Carlos Ardila Lülle. Nos mandó su avión privado para que fuéramos a almorzar a Medellín, Belisario, Bernardo Ramírez y yo.

Durante el almuerzo, le conté lo de la deuda externa. Ardila, que es un genio de las matemáticas, con una computadora en la cabeza, se paró, dio una vuelta caminando torpemente apoyado en sus bastones, y regresó diciéndonos: “Fidel está equivocado. No son once mil años”. [Claro, pensé yo; no pueden ser más de treinta]. “Son veintidós mil años”, continuó Ardila Lülle exultante: “Él está haciendo el cálculo contando de a tres dólares por segundo; y, a mano, no se pueden contar más de uno y medio”.

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2019-06-23T18:45:00-05:00

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2019-06-24T11:50:22-05:00

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Guillermo Angulo

Cultura

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