Ha trabajado para la Corporación Colombiana de Teatro

Cuando el arte se convierte en protagonista

“Si el río hablara”, obra que se presenta en el Teatro La Candelaria, expone el trabajo de escenografía de Mónica Bastos, una artista detrás de las tablas.

Escena de la obra “Si el río hablara”, del Teatro La Candelaria, con la escenografía creada por Mónica Bastos. / Cortesía

Actores, montaje, maquillaje, vestuario, dirección, producción y público: son componentes de las obras que vemos. Sin embargo, hay un actor que, sin hacer las veces de principal, se encarga de darle vida a la historia, de contar algo adicional y algunas veces convertirse hasta en protagónico. La escenografía es un componente que puede figurar solo como parte de un todo, pero cuando ese montaje cobra vida y se convierte en personaje, la historia contada puede llegar a ser otra.

Tuvimos la oportunidad de conversar con una artista que tras bambalinas comparte las emociones del público cada vez que su creación hace parte de una obra. Mónica Bastos Baldrich es diseñadora industrial y magíster en Escenografía en DAMU (Academia de Artes Escénicas de Praga). Cada montaje es diferente, nos cuenta que “casi siempre el director es quien la busca y le cuenta de su obra para iniciar una cocreación en torno a la temática y a lo que se quiere transmitir”. De la presentación del guion surge una lluvia de ideas que trazan en la mente de la artista un norte adonde llegar, plasmado en materiales, tamaños y formas que puedan crear el entorno de una obra teatral.

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Baldrich ha tenido la oportunidad de trabajar en cine, pero el teatro ha sido el lugar en el cual se siente más cómoda, pues le ha dado mayor número de posibilidades. “Las limitantes en el cine, por decirles de alguna manera, se enmarcan en equipos de coloristas y arte que trabajan bajo una dirección específica. Esto ha hecho que en la mayoría de ocasiones el teatro se lleve las de ganar”, asegura Mónica al hablar de los principales campos en los cuales se ha desempeñado.

La materialización de una escenografía la describe como un proceso de experimentación que va desde la selección de los materiales, la elaboración de maquetas y miniaturas que hacen las veces de un previo del montaje final. Lo principal, dice Mónica, “es que los materiales transmitan algo con las texturas y colores”. Es ahí donde aparecen nuevos retos con la materia prima: si es flexible, si se deja manipular con facilidad, si es pesada, muy liviana, delicada, fuerte, rígida... Características que sin duda implican un proceso que en ocasiones llevaría hasta meses, pero que Bastos ha tenido que hacer en solo unos días.

El montaje final es donde esta escenógrafa, directora de arte, creativa y diseñadora se convierte, además, en montajista, técnica de luces y hasta staff de logística. En una carrera contra el tiempo, el acoplamiento incluye el traslado de los componentes, un mapeo de ármelo usted mismo y recomendaciones de cuidado para las piezas. Cualquier parecido con la manufactura relojera no es coincidencia, pues la atención y la paciencia para lograr que el resultado final se vea como ella lo imaginó son muy importantes. Incluso a veces solo su mente lo ve tal cual quedó, pues en ocasiones el director lo pensó más grande, más pequeño, un tanto estrecho.

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Parte del trabajo de la diseñadora es el compromiso que tiene con la compañía de teatro. Ella describe la escenografía como “los lugares que habitan los actores”, sin duda la mejor forma de explicar la responsabilidad de un montaje artístico. Lo bueno de un lugar que se crea para ser habitado por otros es que la historia siempre puede ser diferente.

Mónica ha trabajado con La Barracuda Carmela, Teatro Varasanta, Teatro La Candelaria, la Corporación Colombiana de Teatro, el grupo colombo-alemán Hidden Tracks y el teatro Pokoleny en San Petersburgo, entre otros. Actualmente trabaja con el grupo de teatro de la Universidad de los Andes. Dentro de su trabajo destaca las obras donde el tema principal es la violencia, no solo por la relevancia propia de la temática, sino porque el trabajo conlleva una carga emocional más fuerte.

Hablando de la obra Si el río hablara, del Teatro La Candelaria, nos muestra la miniatura correspondiente al background del montaje, donde la iluminación fue cómplice, pues al poner un contraluz, el fondo se convertía en una pared de bóvedas para osarios, donde cada uno de los espectadores se veía dentro de una de las tumbas; convirtiendo la escenografía en un manifiesto del mensaje que quería dejar la obra.