#Dante2018: la selva oscura que supimos conseguir

Pablo Maurette es un usuario de Twitter que propuso leer “La divina comedia” de Dante Alighieri en la red. El impacto ha sido superlativo.

“La divina comedia”, una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista.

En mayo de 2014, un célebre usuario de Twitter realizaba un encomio de la red social en el blog TP, propuso interpretarla como un género literario sui generis, por cumplir con los componentes de tradición e innovación que debe exigírsele a cualquier tipificación del discurso que se precie de tal. Twitter tiene sus raíces en un género tan antiguo como el aforismo y, al mismo tiempo, barre con todas las categorías literarias modernas:

Su naturaleza colectiva, masiva, interactiva, compuesta de usuarios que son a un tiempo escritores, lectores, personajes y críticos, y su rígida ley de los 140 caracteres bastan para consolidarlo como género literario autosuficiente. Pero Twitter no es un simple género más. Su excepcionalidad radica en ser a la vez género y obra, medio y mensaje, texto y contexto: aterradora máquina autopoiética, work-in-progress infinito que se autorregenera, se reformula, y se renueva segundo a segundo.

Como si hubiera querido poner a prueba su propia teoría, Pablo Maurette, el responsable de esas palabras, lanzó en noviembre de 2017 una consigna: empezar el 2018 leyendo La divina comedia, a razón de un canto por día, y compartir opiniones, más o menos eruditas, a través de Twitter con el hashtag #Dante2018. La aterradora máquina autopoiética se echó a andar: miles de usuarios de distintas partes del mundo adhirieron a la propuesta, colocando a #Dante2018 entre los hashtags más mencionados en varios países de habla hispana los primeros días de enero. Es imposible diagnosticar hoy cuál pueda ser su alcance final. Maurette, entusiasmado, ya lo describe como el club de lectura más grande de la historia.

Los partícipes de este fenómeno y sus contribuciones son de lo más diversas. Hay especialistas en la obra de Dante, profesores universitarios, ilustradores, periodistas. Pero también están los que apenas han escuchado hablar del libro y lo abordan por primera vez. Para facilitar la lectura, el usuario @tomasgna creó un sitio web que publica el canto que corresponde al día en cuestión en italiano y español. El colombiano Humberto Ballesteros (@Graograman), especialista en literatura italiana, se comprometió a realizar un ensayo por cada canto. Los dibujantes Maru Ceballos (@maruceballos) y Leo Achilli (@LeoAchilli) suben ilustraciones de cada segmento del viaje de Dante por los círculos del infierno. El cineasta argentino Santiago García recoge las referencias cinematográficas a la obra, cuyos efectos han alcanzado hasta al género pornográfico.

Los más legos, entre los que me incluyo, tenemos la posibilidad de preguntar por las perplejidades que nos genere la lectura a prestigiosos profesores, como Mariano Siskind (@MarianoSiskind) y Karina Galperin (@kgalperin), y a especialistas en la obra de Dante, como Pablo Williams (@PabloPwilliamsg). Muchos usuarios han desempolvado de sus bibliotecas viejas ediciones de La divina comedia, heredadas de sus familiares. El caso más curioso quizás sea el del usuario @nicogimb, cuyo libro conserva el rastro de la bala perdida que casi mató a su tatarabuelo.

Esta milagrosa proliferación de actividades está produciendo una red de intervenciones originales en torno a una obra de más de 700 años de la que parecería haberse dicho todo. Hannah Arendt, una de las filósofas más lúcidas del siglo XX, entendía la libertad de una manera muy peculiar. A contracorriente de gran parte de la tradición moderna, no la consideraba un atributo de la voluntad, la capacidad del individuo de decidir lo que quiere a partir de un juicioso balance entre una serie de posibilidades, sino un tipo muy particular de acción: aquella que da inicio a un estado de cosas imprevisible, incapaz de ser deducido de la serie causal de eventos del mundo. Para explicar el sentido específico en el que comprendía la acción, Arendt recurrió a una distinción que existía tanto en el griego como en el latín y que las lenguas modernas no conservan: la acción como dar inicio (archein, agere) y como continuación o realización (pratein, gerere). Dada la fragilidad de las ejecuciones humanas, todo comienzo individual requiere de otros actores que le den continuidad. Por eso es que, en sentido estricto, no existe la acción individual. Correlativamente, quien inaugura algo es incapaz de predecir y controlar los efectos de su acto original, que se alimenta de las sucesivas acciones de los otros, por definición imprevisibles. Así lo describe Arendt en La condición humana:

Parece como si cada acción estuviera dividida en dos partes, el comienzo, realizado por una sola persona, y el final, en el que se unen muchas para ‘llevar’ y ‘acabar’ la empresa aportando su ayuda.

La propuesta de Pablo Maurette, independientemente de la genialidad con la que seguramente hubiera comentado sus lecturas de La divina comedia, no hubiera dado inicio a un estado de cosas imprevisible de no haber sido acompañada por la comunidad tuitera. Se habría insertado en su biografía como una anécdota más o menos peculiar, pero perfectamente deducible de su comportamiento anterior. La peculiaridad de #Dante2018, lo que lo convierte en una acción en el sentido más puro del término, radica en sus insospechables derivas, que son las que impiden, también, atribuirle autoría a esta “obra”. Nadie esperaba a #Dante2018, nadie lo imaginó posible, y sin embargo ahí está, sumando protagonistas a diario, abriendo el juego a ocurrencias que, probablemente, el propio Maurette no previó ni pudo haber previsto.

 

 

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