Eduardo Sacheri: “El secreto ofrece cierto margen de libertad”

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El escritor argentino habla para El Espectador sobre “Lo mucho que te amé”, su más reciente novela. Un amor convencional y uno prohibido que puede acabar con la familia ponen sobre la mesa el amor y sus incidencias en la moral.

Tan infinito y arriesgado que resulta hablar del amor. Su idea muta en la misma medida en que los seres humanos se transforman. Volver a él no es retornar a lo mismo, no es nadar en el mismo río. ¿Qué tanta libertad hay cuando se ama, y más si ese amor es clandestino? ¿El secreto permite entonces la libertad que los juicios morales no? Todo un debate surge en la mente de Ofelia sobre cuidar el amor de su pareja, del bienestar de sus seres queridos, y realizar un amor prohibido, un amor contrariado que siempre se ha visto como un idilio que se sabe doloroso, pero que también termina siendo musa para quienes han cargado con la imposibilidad de realizar un deseo hacia otra persona. “Creo que hay una gran cuestión de fondo en la novela y es cómo conviven en nuestro corazón el deseo de ejercer nuestra libertad y el cuidado que sentimos que les debemos a las personas a las que amamos. Y carezco de la respuesta. Es una pregunta que vivimos formulándonos y tiene una respuesta siempre incompleta y cambiante. Como creo que son todas las respuestas a las que puede acceder el ser humano”, afirmó Eduardo Sacheri.

¿Cómo logra salirse de lo que tal vez pueden ser los prejuicios y pensamientos del hombre para plasmar ideas y comportamientos que consideramos propios de la mujer para la construcción del personaje central?

Yo creo que todo personaje es elaborado con paciencia, con lentitud, con un trabajo artesanal que te lleva tiempo. Uno no conoce a sus personajes el primer día en que se pone a escribir una novela. Los vas conociendo muy lentamente. Y a medida que pasan los meses de escritura los vas conociendo mejor. Su perspectiva, sus sentimientos, sus ideas, sus reacciones, sus modos de ver el mundo. Y llega un momento, que es un momento muy feliz de la escritura, en el cual, luego de tanto tiempo de haber empezado, uno comienza a ver el mundo desde ese personaje, no desde su posición externa, sino desde ese personaje y empieza a ver el conflicto de la novela, a los otros personajes desde ahí. Es una metamorfosis muy feliz y liberadora, muy catártica y estimulante. Es una de las cosas más interesantes que propone la escritura. Arribado a ese punto da lo mismo si uno se ha metamorfoseado en un anciano, niño o en una joven mujer. La metamorfosis en otra humanidad o alteridad se produce y uno la disfruta.

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La novela está situada casi que en la mitad del siglo XX en Argentina. La figura de Perón es todo un mito. ¿Por qué situar la narración en esta época? ¿Y qué tanto las discusiones sobre política en la familia resultan un espejo de las divisiones en la sociedad argentina con respecto a lo que sucedió con Perón y todo su legado en el país?

La figura de Perón es un mito fuerte y sigue siendo motivo de división en Argentina. Es tan fuerte no solo la presencia de él sino, sobre todo, el partido político que creó: el peronismo. Es una posición dominante, que ha gobernado por muchos años el país. La Argentina que tiene esa tendencia a dividirse y enfrentarse también se divide entre quienes agradecen el legado de Perón, sus perspectivas, sus prácticas políticas, y quienes lo detestan y sienten que la decadencia argentina se debe, en buena medida, a la primacía de esa figura y ese partido político. Ahora, el sentido de situar la narración en esa época con la necesidad argumental de mi personaje con la situación política de fondo. Me interesaba situarla en ese momento por lo fuerte de ciertos mandatos morales, por la posición todavía difícil, incluso más difícil que en el presente, que enfrentaban las mujeres y que se veían sometidas a mandatos y rigores éticos. En ese sentido, los años 50 y 60 me parecieron una etapa fértil para situar los dilemas morales de Ofelia en un territorio de máxima tensión a la que encontraríamos en el presente. Y claro, una vez elegida la época, hay que atender a los conflictos propios de ella. Y los conflictos entre peronistas y antiperonistas lo son.

La historia de Manuel y Ofelia me recuerda un poco a “La pregunta de sus ojos”. Es decir, son dos personajes que cuentan con una especie de amor contrariado, que en un punto logran realizar un romance que se debate entre la satisfacción de lograrlo y la culpa por lo prohibido que puede ser. ¿Por qué resultan tan atractivos para usted esos amores contrariados? ¿Por qué el amor termina interpelando la moral?

Yo creo que en general en la literatura, en el arte, es mucho más interesante la insinuación, el camino hacia... el conflicto irresuelto que las soluciones, los equilibrios y las divisiones. De ahí que me parezca más interesante la tensión de lo inacabado, de lo deseado y lo no materializado. Creo que pasa tanto con las cuestiones afectivas, románticas, como con las cuestiones de la acción en novelas que lo son. Así tenemos armada nuestra cabeza occidental. Deseamos que se nos cuenten historias que buscan una solución, un nuevo equilibrio, la resolución de un conflicto. Y en cuanto al amor y su interpelación con la moral. Bueno, la moral habla de lo que debe ser, y no siempre lo que debe ser va de acuerdo con nuestros deseos. Muchas veces nuestros deseos, de la índole que sean, no van de la mano de lo que la moral indica que debe suceder. Y creo que nuestras vidas son una permanente interpelación recíproca entre esas dos fuerzas.

¿Por qué contar la historia desde Ofelia? ¿Qué le brinda ese personaje a diferencia de las otras hermanas o del mismo Manuel?

Yo siento que Lo mucho que te amé en el fondo es la biografía emocional y actitudinal de una chica joven de los años 50 y los años 60. Es decir, cómo lo que siente ella modifica hasta cierto punto lo que piensa y lo que hace a lo largo de esos años. Ella es mi protagonista y me parece mejor contarlo desde ella y no desde un testigo como podría ser alguna de sus hermanas. Y me parece mucho más interesante contarlo desde Ofelia que desde Manuel, porque cuando hablamos para esa época de dilemas morales y sanciones éticas de la sociedad que observa, creo que las mujeres en general han padecido una supervisión, una vigilancia, una sanción mucho más fuerte que los hombres. Creo que nosotros nos la hemos llevado más de arriba, como decimos en Argentina. La sociedad es mucho más permisiva con los hombres. Si lo es todavía hoy con nuestros deslices morales, cuanto más en los años 50 y 60. El personaje de Ofelia me parece mucho más interesantes por las tensiones y los peligros a los que se ve sometida.

Ofelia es un personaje que evidencia muchas veces episodios de ansiedad. ¿Cómo trabaja usted un elemento como este? ¿Cómo sacarle a un instante que puede ser de desespero o miedo una virtud como la prudencia? Lo digo porque muchas veces las dudas hicieron que Ofelia midiera mejor el alcance de sus actos.

No tengo muy claro cómo sacarle a un instante de desespero o miedo una virtud como la prudencia. No sé si hay un modo. Tal vez lo que sucede es que uno le contagia involuntariamente a sus personajes ciertos modos de conducirse en la vida. Yo soy una persona que intenta, en general, detenerse a medir las consecuencias de mis actos e impulsos. Me parece que somos una mezcla de pasión y de razón todos los seres humanos. Y en ese equilibrio dificilísimo entre las dos se encuentran las formas posibles de la serenidad. Me da la impresión de que el puro empuje, la pura acción nos puede llevar a hacerle mucho a los demás y a nosotros mismos. De ahí que comparto con Ofelia esa tendencia a dudar. Dudar, si no nos lleva a la inacción absoluta, es algo bueno, útil. Es meter una pausa antes de actuar. Es algo saludable para nosotros y nuestro prójimo.

El amor que siente Ofelia por Manuel y Juan Carlos la lleva a preguntas trascendentales: lo justo, lo doloroso, lo bueno, lo correcto. Existe un roce constante entre amor y moral. ¿Es posible que ambos conceptos se separen? ¿Qué sería lo “normal”: que el amor anteceda a la moral o viceversa?

Creo que no hay un antecedente entre amor y moral. Creo que hay una dinámica de conflicto, una dialéctica irresoluble entre el deseo y el deber en el ámbito que sea. Nuestras tendencias más primarias, más básicas, más instintivas tienen que ver con el egoísmo, con el absoluto deseo de ejercer nuestra libertad y obtener eso que deseamos, pero como somos al mismo tiempo un ser gregario y social, hay una parte de nosotros que sabe que le debemos a los demás cierta autodisciplina, cierta postergación de nuestra animalidad en pos de las necesidades de los otros, de los deseos o conveniencias de los otros. Creo que en nuestra vida vamos por ese desfiladero, a veces, precipitándonos hacia el lado del deseo; a veces, hacia la contención de lo que nos indica la moral.

¿Cuál es el atractivo del secreto?

Tal vez lo que nos ofrece el secreto es la libertad. Mientras los demás no sepan, por ejemplo, lo que deseamos, tal vez tenemos un cierto margen de libertad para vivir ese deseo sin culpa y sin la sanción del exterior.

En una parte de la novela una de las mujeres, si no estoy mal es Ofelia nuevamente, la que se pregunta por qué los temas de los hombres son más apasionantes. Los hombres discuten de la política mientras que las mujeres siguen enfocadas en los quehaceres de la casa. ¿Es una crítica a los roles de género que se han establecido por el llamado machismo?

No me atrevo a decir que es una crítica a los roles de género, pero sí creo que yo no soy quien para criticar sino para describir cuando estoy construyendo una novela. Y sí creo que hace 60 o 70 años a las mujeres se les privaba del acceso a decisiones e intereses o ámbitos de lo público que, indudablemente eran mucho más estimulantes que el simple manejo de una casa. Hoy estamos en un camino de mayor igualación en los derechos de todas las personas en cuanto a acceder a los ámbitos más estimulantes de la vida, pero es un camino muy a medio recorrer. Me parece que antes las mujeres todavía estaban marginadas de esos espacios intelectualmente estimulantes como podían ser el trabajo fuera de su casa, la discusión política, etc. 

La novela expresa una especie de definición de la libertad. Aunque esa libertad no se realiza, pero se siente en la medida en que Ofelia se permitió amar a dos hombres. ¿No es esa una forma de recordarnos ese lado relativo o limitado, y por ende contradictorio, de la libertad?

Yo no pretendo dar ningún mensaje nunca con mis novelas. No hay un mensaje definido. Simplemente me formulo preguntas y espero que en el mejor de los casos mis lectores también se las formulen. Creo que hay una gran cuestión de fondo en la novela y es cómo conviven en nuestro corazón el deseo de ejercer nuestra libertad y el cuidado que sentimos que le debemos a las personas a las que amamos. Y carezco de la respuesta. Es una pregunta que vivimos formulándonos y tiene una respuesta siempre incompleta y cambiante. Como creo que son todas las respuestas a las que puede acceder el ser humano. 

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