Homenaje

El Caribe de Alberto Abello

El exdirector de la Biblioteca Luis Ángel Arango falleció el domingo 14 de abril en horas de la noche a causa de un infarto. Su vida y obra se la dedicó al estudio de la región Caribe y su aporte cultural a Colombia.

Alberto Abello Vives fue director académico de la Maestría en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar. / Pilar Mejía - Revista Semana

El silencio imperaba en la oficina. Esa tarde el clima era bastante sombrío, poco similar al aire cálido y a los rayos vehementes del sol que recaen sobre las calles áridas de Santa Marta, la ciudad en la que nació Alberto Abello.

Su saludo fue tan cálido como su tierra. Su saco azul oscuro, su cabello que evocaba la nieve. En aquel entonces era director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, lugar del que decidió salir por motivos personales que tenían que ver con algunas discrepancias entre sus ideas y el manejo que pretendían darle a la biblioteca y, en general, al sector cultural que maneja el Banco de la República.

Aquella tarde de marzo, Abello citaba a Borges para enaltecer el valor de la biblioteca y su similitud con un paraíso terrenal en el que la humanidad resguarda su historia y su porvenir. Habló también del Unión Magdalena, equipo que juega en su entrañable Santa Marta. Habló sobre su rol como director y de la importancia de ofrecerle un retorno a la Luis Ángel Arango a la cúspide de la cultura colombiana.

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En sus manos logró mejorar la plataforma digital de la biblioteca. En sus manos estuvo la celebración de los sesenta años de este emblemático lugar. En su cargo recibió la donación de Mercedes Barcha de 3.000 libros provenientes de la biblioteca privada de García Márquez, a quien Abello mencionó en la conferencia Rizomático y fractal: el Caribe de Gabriel García Márquez, que logró transmutar la cotidianidad del Caribe en poética.

Con la complicidad del escritor que refundó a Aracataca en aquel universo mítico llamado Macondo, Abello participó como cofundador de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Fue a finales de la década de 1990 cuando Alberto Abello se movilizaba entre Cartagena, Barranquilla y Bogotá para reunirse con Jaime Abello Banfi, María Teresa Ronderos, María Eugenia Fernández, Ricardo Corredor, María Fernanda Márquez, Darío Patiño, Jaime García Márquez y Gabriel García Márquez, entre otros periodistas y académicos del Caribe, con el fin de crear talleres de periodismo y espacios que —según cuenta Abello en el libro Y pensar que todo estaba en nuestra imaginación: Dos décadas de la FNPI. Un proyecto del Gabo educador— buscaba formar a las nuevas generaciones en un periodismo proclive a las historias y conocimientos que nutran a la sociedad con un espíritu crítico y comprometido con la realidad que los permea. Así, uno de los mayores retos de Abello y todo el grupo de trabajo que solía reunirse para realizar la añoranza de García Márquez en restaurantes y cafés de Cartagena y Barranquilla era construir espacios de formación en periodismo sin caer en los formalismos y las pretensiones que el autor de El otoño del patriarca aborrecía de la academia.

Los vallenatos, los carnavales, los raíces refundidas en la historia, la diversidad que abarca la región, los problemas económicos y estructurales que han sumergido al Caribe en rezagos y violencias fueron temas abordados por Abello Vives en libros como El Caribe en la nación colombiana: X cátedra anual de historia; El Caribe colombiano: la realidad regional al final del siglo XX; La isla encallada y Los desterrados del paraíso.

Alberto Abello fue promotor de varias entidades y espacios culturales y académicos dedicados a la investigación y el reconocimiento de las dinámicas sociales, políticas y económicas del Caribe. Así, por ejemplo, en 1997 fundó el Observatorio del Caribe Colombiano, un centro dedicado a las ciencias sociales y económicas que promulga entre sus principios una visión humanista que promueve el cuidado, preservación y promoción de la cultura caribeña. Abello también ejerció labores en la Universidad Tecnológica de Bolívar como decano de la facultad de Economía. A su vez, fue director del Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Abello falleció lejos de La casa grande que relató Cepeda Samudio, lejos de las ceibas que narró Burgos Cantor, de los fuertes vientos que configuraban santuarios y relatos en Santa Marta, su tierra natal. Falleció sin olvidar las pesadumbres de las ciénagas, un Domingo de Ramos, cercano a los días en los que fallecieron Úrsula Iguarán y el mismo García Márquez.

De su vida, traducida a legado, nos quedan los libros custodios del Caribe, de su historia, de su gente, de sus tradiciones. De Alberto Abello queda una fortaleza de la cultura caribeña, de sus secretos más intrínsecos y sus manifestaciones más arraigadas. Su jerga costera y sus gestos apaciguados quedan sellados en la memoria de quienes alguna vez compartimos, así sea por unos minutos, un mismo espacio y un mismo propósito con él.

Alberto Abello abogó por el estudio y la divulgación de una cultura incluyente que agregara las voces de todos. Luchó por resaltar la importancia del Caribe en la constitución de la idiosincrasia nacional. Desde sus estudios de Economía en la Universidad Externado de Colombia, encaminó sus investigaciones y curiosidades a esa región, que resguarda las raíces más entrañables de nuestra identidad y ha contado a lo largo de los años con algunos de los acontecimientos y plumas más trágicos y sublimes de nuestro tiempo.