El compás poético de Samarys Polo

La autora guarda en su voz el cálido sonido de la cumbia. Su modo de hablar tiene la gracia, la alegría y el color del Caribe, al que pertenece y de la poesía que escribe, entona y declama.

Samarys Polo trabaja en la publicación de su nuevo libro “El país de las ventanas”.Marco Cárdenas

“El sol está perfumado, / sus rayos ya los peinó; / míralo, lunita linda / que de ti se enamoró. Kuchiklín Kuchiklán. Hoy luna quiere al mar. / El sol a la luna / y la luna al mar. / Pero qué enredo grave / se ha formado por aquí: / El mar quiere a la arena / y la arena al alcatraz; / el alcatraz ama a la perla / y la perla a su mamá. Kuchiklín Kuchiklán”. Estos versos, ubicados en el libro que lleva por nombre la expresión final de estos poemas, y que fue publicado en su segunda versión por Panamericana, son los que van dictando estos títulos, son los que van adjudicando un ritmo, una lectura sonora que atrae a los niños a la poesía y a la idea del arte como ese espacio de libertad que la autora fue descubriendo desde su infancia. En su memoria está intacta la imagen de Ciénaga, de su tierra rodeada por agua, de los juegos en chalupa, de las competencias y las travesuras en ríos, lagunas y mares. Desde Lyon, lugar en el que vive actualmente con su familia, sigue añorando su tierra, sigue defendiendo las reminiscencias del paisaje acorralado por el agua y custodiado por las montañas. Y su escritura, tan fluida y pura como aquellos escenarios naturales que parecen espejos mágicos, es, también, un producto, un fruto de su tierra natal y de los pensamientos que nunca dejó de anotar en las libretas que guardaba en su maleta cuando se dirigía al colegio de La Presentación y Santa Teresa en Ciénaga.

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Polo ha sido docente y bajo ese rol ha entendido que promover la lectura y la capacidad crítica no puede matar el espíritu libre. Ella reconoce que algo en la educación ha estado mal: “Hay que tener cuidado y no intentar meterle pedagogía a todo. Cuando en el colegio vemos la poesía y la literatura solamente con una función pedagógica resulta un fracaso. Yo pienso que la literatura y la poesía deben ser un reto, deben ser disfrutados, como un recreo del alma. Nos aburre porque lo asociamos todo a lo que exige el profesor, a una nota. Eso es muy peligroso porque se pierde el interés. Yo pienso que ambos elementos deben ser gozados, para que cuando el niño salga del colegio no solamente dejen los libros para ese lugar sino para usarlos afuera. En su vida común y corriente puede acceder a la poesía. Estamos matando eso. Cuántos jóvenes no detestan los libros porque nos estamos equivocando y el sistema está fallando ahí. Si hay que tener una lectura crítica, pero eso no puede dejar de ser un goce. Es un espacio de libertad y ese espacio no nos lo podemos arrebatar. No podemos permitir que les sea arrebatado a los jóvenes”.

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En Francia, lejos del trópico y del jolgorio, Samarys Polo se ha reencontrado con las tamboras, con las expresiones peculiares que hacen parte de la cultura popular del Caribe. Se alegra cuando siente a Colombia, cuando la puede reivindicar de estigmas.

Actualmente, además de trabajar en un libro de poesía en francés que va acompañado por las imágenes del fotógrafo francés Julien Dablanc, Polo se dedica a tejer un nuevo tiempo junto a su hija de cuatro años. El tiempo de la lectura compartida todas las noches antes de dormir, un domingo después de desayunar o en una tarde antes de la siesta, es un tiempo sagrado para ambas, es un espacio para revolucionar la educación y cultivar el arte como la mejor de las costumbres y como una alternativa para vencer la tendencia al olvido de la palabra.

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Andrés Osorio Guillott

Cultura

El compás poético de Samarys Polo

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