El foreign film

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Sentado en su sofá ocre, rodeado de familia y amigos, Song Kang-ho pega su mirada al televisor. En la pantalla, las nominaciones a los premios Óscar para este 2020. Café en mano, ya en sus cincuentas.

Quizás pasan por su mente momentos de su carrera, habiendo compilado un portentoso resume en el cine coreano. Quizás piensa en su más reciente papel, Parásito, dirigida por su colaborador frecuente Bong Joon-ho (Rompenieves, Okja), permitiéndose soñar quizás esta vez suceda lo impensado, nunca habiendo sido una película coreana nominada a la categoría internacional. Y sin embargo, el presentador la nombra, no solo en esta, sino como aspirante a mejor película. El cuarto explota en celebración. Song alza su mano izquierda triunfal, en un gesto que recuerda a un hombre más joven, ahogando un aullido de emoción en la garganta. Parásito es solo la undécima película internacional en ser nominada en ambas: esa y la máxima categoría de los Óscar, y sin embargo, ninguna la ha ganado.

En las ocho décadas que separan la primera producción internacional nominada a mejor largometraje (La gran ilusión, 1938) y la más reciente (Roma, 2018), el cine extranjero se ha tallado un lugar bajo la estampilla de cine arte, premiado en festivales como Cannes o Berlín. Y sin embargo su reconocimiento en la ceremonia más popular del medio aún es infrecuente. Históricamente tiene mas éxito lo internacional en documental (34 nominaciones, dos victorias) o en áreas menos visibles (78 nominadas en guion, cinco victorias) que bajo mejor película. Y el único director en ganar la estatuilla con una producción internacional, de 30 nominados, es Alfonso Cuarón por Roma; aunque Bong podría este año también. Resulta poco tratándose en total de más de 450 nominaciones por categoría, y la misma existencia de la sección internacional (introducida en 1956, otorgada a La Strada) demuestra una reticencia a juzgar todo con la misma métrica. Incluso si inicialmente surge como movida inclusiva.

Cabe preguntar, entonces, qué define a una película como “internacional.” ¿Es Cartas a Iwo Jima (2006, Clint Eastwood), categorizada por la academia como tal, japonesa, solo por ser en el idioma? ¿Es aquello producido fuera de Hollywood “internacional” por default? Vivir en una época global, de incrementada colaboración entre industrias, hace las líneas más borrosas, y esta casilla, útil décadas atrás con la ceremonia vista solo en Estados Unidos, ahora más que exhibir lo extranjero lo desincentiva. Pero es tal vez la barrera de los subtítulos la más difícil de sobrepasar, teniendo Bong y Cuarón que haber hecho cine en inglés y entrar a la pop culture americana antes de lograrlo con producciones en su idioma.

Puede que este no sea el año de Parásito —Roma, con 10 nominaciones, se acercó más a romper la barrera—, incluso si es un avance. Pero hasta volverse esto lo común y no la excepción, la ceremonia se mantendrá anticuada. La estatuilla, un capricho local.

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