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hace 3 horas

“El guion es el enemigo de la sinceridad”: Rachid Hami

Rachid Hami es el invitado de honor al Festival de Cine Francés que en este momento se desarrolla en Medellín y que irá hasta el próximo 22 de octubre.

Rachid Hami grabando una de las escenas de “La melodía”. / Cortesía

Cuando Rachid Hami comenzó a actuar en 2003, no se sintió bien. En la primera escena que grabó de La escurridiza, o cómo esquivar el amor (2003), se quedó parado frente a la cámara con los ojos en blanco y queriendo que la tierra se abriera. La primera vez que fue a cine, Hami no se veía como el actor en el que en ese momento estaba a punto de convertirse. Cuando volvió a abrir los ojos y la cámara seguía ahí, apuntándole con fuerza, supo que no había vuelta atrás: ese era el momento de asesinar el miedo.

Durante varios años Hami siguió actuando en películas francesas de renombre, como L'insurgée (2009), Les deux amis (2015). Sin embargo, la desazón a la hora de actuar nunca desapareció. “Sé que como actor no tenía mucho talento”, dice Hami.

En 2012 conoció un proyecto educativo que se realiza en los barrios marginales de París. Un grupo de músicos experimentales visitan algunas escuelas y dictan clases de música a los jóvenes en mayor riesgo de delincuencia. En Colombia, la Red de Escuelas de Música de Medellín hace el mismo trabajo en las comunas. Esa experiencia dejó rastro en la memoria de Hami. Poco tiempo después de haber ido a un par de colegios donde se dictaban las clases, el francés comenzó a escribir La melodía. Su ópera prima.

“Cuando conocí la historia de esos chicos que estaban aprendiendo a tocar música clásica, en un contexto tan difícil como en el que vivían, supe que debía escribirlo, dirigirlo. Para mí, las historias comunes y simples son las que deben copar las carteleras de cine”, cuenta Hami, quien este año es el invitado de honor del Festival de Cine Francés.

Rachid Hami se metió de lleno en el proyecto de dirigir una película. Por primera vez en muchos años, se sintió completamente cómodo y a gusto con su trabajo: una especie de oficial al frente de una historia que no resolvía cómo contar.

“Durante el proceso de escritura del guion confirmé que hago cine porque a través de él me he encontrado a mí mismo: un montón de miedos, de insatisfacciones que cuando estoy detrás de la pantalla se esfuman”. Rachid Hami renunció a la actuación para dedicarse a la dirección. “Como actor no tenía mucho talento que digamos, pero como director he encontrado mi estilo. ¿Cuál es? Bueno, no me interesa contar grandes épicas, grandes batallas o historias fantásticas. Lo que quiero es llevar al espectador una historia común, que se puede encontrar en cualquier parte, pero que se olvidan por el afán de la cotidianidad”.

En La melodía, Simon, un violinista profesional, se dedica a dictarle clases de música clásica a un grupo de chicos parisinos. Entre todos reinan la indisciplina y el descontento por asistir al curso, sin embargo, Arnold, que fue el único que asistió a la clase por su propia voluntad, comienza a mostrar avances: el violín se adapta a su cuerpo y sus dedos comienzan a aplicarles la fuerza necesaria a las cuerdas. El grupo lo sigue. Simón abandona su propio sueño por continuar con el de los alumnos.

“El guion es una base, pero siempre tratamos de que las escenas sean nuevas, pensadas en el momento. El guion es el enemigo de la sinceridad. Lo mejor que me dejó ser actor es que sé qué papel debo desarrollar como director. Sé qué decirles a los actores, cuál es la mejor forma de abordarlos”.

Rachid Hami tardó cinco años en ver La melodía en una sala de cine. “Casi me desmayo cuando la vi por primera vez. Pero estoy seguro de que para este momento de mi vida es la mejor película que pude haber sacado”.

La película no desafía ningún convencionalismo en el cine, pero sí deja entrever a un director dispuesto a contar las historias que se quedan detrás de los mostradores.

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